Ángel Camino Lamelas es agustino, prior y párroco de la Parroquia de Santa Ana y la Esperanza (Moratalaz-Madrid)
domingo 31 de agosto de 2008
También la Iglesia estuvo allí. Ángel Camino Lamelas
Ángel Camino Lamelas es agustino, prior y párroco de la Parroquia de Santa Ana y la Esperanza (Moratalaz-Madrid)
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:17
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Camino Lamelas
sábado 30 de agosto de 2008
La judeofobia de los modernos. Pierre-André Taguieff
http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/antisemitismo.htm
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
10:44
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Taguieff
Un puro errar: el blog de Vicente Gutiérrez
El poeta y profesor de Matemáticas Vicente Gutiérrez ha abierto un blog de nombre evocador: Un puro errar. Os invito a echarle un vistazo, o muchos.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
10:27
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Gutiérrez
viernes 29 de agosto de 2008
Un día de campo. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:45
3
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
jueves 28 de agosto de 2008
El otro 68
En mayo se cumplieron cuarenta años de unas algaradas estudiantiles en París en las que hubo varios heridos y unos cuantos Renault volcados. Las consecuencias intelectuales de aquello fueron terribles, eso sí: Foucault, Deleuze, Guattari et alii. En las calles de París, los hijos de la burguesía francesa, que en su tiempo se había acomodado a Hitler con una facilidad desacomplejada y carente de prejuicios, le llamaban fascista ¡a De Gaulle!
El verdadero peligro totalitario estaba en otra parte, aunque entonces fuera de mal gusto apuntar hacia allí. En agosto de ese mismo año las tropas del Pacto de Varsovia entraban en Checoslovaquia para acabar con el "socialismo de rostro humano" de Dubcek.
En estos dos vídeos se puede ver un documental sobre aquello. Está en checo, pero las imágenes dicen bastante por sí solas: la entrada de los rusos de noche es impresionante, las caras incrédulas y preocupadas de los checos no necesitan comentario, ni los nervios de la multitud ante los primeros disparos...
Y entre las palabras aisladas que sí se entienden, una expresión: David y Goliat.
David y Goliat, sí, mientras Sartre repartía panfletos maoístas.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
12:00
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Praga 1968
Se creían. Jesús Carmona
Violencia 2. Plinio VillagránSe creían
que como se dejan las cosas encima
y no se quitan,
también se podía dejar una estrella
a helarse. Una estrella sin sangre,
un espejo con tempestad … Pero
la mano siempre marca su lugar,
hasta en el gesto al aire, como
el signo en la piedra que cuesta tanto …
Y desde hacía mucho, el sueño
estaba levantado y dando vueltas
por la casa … Y no se oía
arrastrarse a la serpiente por el patio.
Mas cuando habló, fue y dijo:
“… su aspecto no era terrorífico
ni brutal; tenía muchos hematomas.”
Pero esa, no era todavía la verdad.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
10:17
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Carmona
miércoles 27 de agosto de 2008
Escribe tu propio best-seller
Junto a la parada del 27 aparece asesinado John Jones –un ex-banquero– con un extraño símbolo escrito con tiza en su oreja. Para el profesor Antonio Gala no hay duda: La Cuadrilla de los Guardianes del Osobuco, que se enfrenta a la humanidad desde los tiempos de Chindasvinto, ha regresado. Acompañado de Assel, una joven doctora, y Steve, un concejal jefe del distrito, Gala comienza una carrera contra el reloj mediante una búsqueda desesperada en las cataratas del Niágara, para aclarar el misterio de Camelot. Necesitará todo su conocimiento para descifrar las claves ocultas que La Cuadrilla de los Guardianes del Osobuco ha dejado a través de los siglos en unos manuscritos que hay en Corrobárceno y en una gasolinera de León, y todo su coraje para vencer al despiadado asesino, ya que el tiempo se agota y la credibilidad de la Champions League está en peligro.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:22
3
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Brown Dan
martes 26 de agosto de 2008
Catching leaves. Robert Nye
de árboles que no sabía nombrar.
El hombre que eres debe intentar discernir
el serbal del fresno, y correr a su vez
para atrapar cada llama caída
en espera de la celebridad.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
22:21
1 comentarios
Enlaces a esta entrada
domingo 24 de agosto de 2008
Mientras él te mire, tú eres la Virgen María. Gudrun Eva Mínervudottir
Fragmento del libro de relatos Mientras él te mire, tú eres la Virgen María, de la escritora islandesa Gudrun Eva Mínervudottir.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:12
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Mínervudottir
sábado 23 de agosto de 2008
Merab Mamardashvili, sobre rusos y georgianos
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
12:37
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Mamardashvili
viernes 22 de agosto de 2008
Una mujer bajo un paraguas negro
Si escribiera un diario, hoy habría anotado:
Desde la barandilla, a la altura de los jardines donde estuvo la antigua iglesia de san Roque, veo en la playa a una mujer embarazada que pasea bajo la lluvia. Se protege con un paraguas negro y grande. Las olas a sus pies. No hay nadie más.
Supongo que en la misma fecha habrán pasado más cosas en el mundo: guerras, crisis, declaraciones solemnes, huelgas, conflictos, discursos, manifestaciones.
Pero no me interesan las anécdotas.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
14:31
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
Concierto de Ars Poliphonica
En la iglesia de los Padres Jesuitas (Santander), el 24 de agosto, a las 21h, el conjunto Ars Poliphonica, dirigido por Jesús Carmona, dará un concierto con obras de Vytaustas Mishkinis, Felix Mendelssohn, Claudin de Sermisy, John Dunstable, J. Lennon – P. McCartney (arr: D.Runswick), Billy Joel. (arr: Kirby Shaw, Roger Emerson), Tomás Luis de Victoria, Josquin Desprez y Eric Whitacre.
Os animamos a asistir.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:22
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ars Poliphonica
El idioma español nació en Cantabria, según el profesor Kaplan
Una vez más, La Grúa estaba allí. Así es como han recibido nuestros pueblos y ciudades a los investigadores de la Universidad de Tennesee que han traído la buena nueva de que el idioma español o castellano nació en Cantabria.
En primer plano se puede ver a nuestras autoridades, gozosamente mezcladas con el pueblo, pero no identificamos a cada quién: esa labor se la dejamos a nuestros lectores, que para eso son lectores nuestros y por lo tanto gente culta y avispada.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
10:55
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
jueves 21 de agosto de 2008
Jesús Pardo: el autor frente al espejo. Luis Alberto Salcines
No es el memorialismo un género literario muy frecuente en la literatura española como lo es en la anglosajona, por ejemplo. De vez en cuando algún autor llama la atención con su libro más por las anécdotas o chacarrillos que cuenta que por el verdadero sentido que debe tener un libro de memorias.
Realmente es un género difícil y comprometido. Hay que haber vivido mucho, ser observador, saber trascender la anécdota personal, tener memoria y, sobre todo, saber contar, saber narrar. Cualquiera te dice que su vida sí que es para escribir una novela. Luego te das cuenta que lo que te cuenta es una sucesión de anécdotas, fechas, encuentros, sin saber interpretarlos, sin contextualizarlos. Válidos, como mucho, para consultar datos o fechas. Todo lo contrario que encontrará el lector en las memorias de Pardo.
En España fueron muy bien recibidas las de Carlos Barral, Cuando las horas veloces, las de Juan Goitysolo, Coto vedado, Recuerdos y olvidos de Francisco Ayala, las de Adolfo Marsillach, Tan lejos, tan cerca, Mi último suspiro de Luis Buñuel y Pretérito imperfecto de Castilla del Pino, por citar títulos y autores tan diferentes entre sí. Algunas han sido impulsadas por el Premio Comillas de la editorial Tusquets.
Hay que decir en primer lugar que son memorias de memoria, como indica el título del segundo tomo, es decir, están escritas sin consultar ningún dato. Por eso afirma: “En una historia como ésta, la verdad no es más que lo que llega al filtro de la inteligencia desde la cámara frigorífica de la memoria. Y es seguro que llegará tullida, deformada incluso, y que sus detalles serán menos fiables que el testimonio apoyado en documentación fidedigna, pero siempre tendrá más exactitud mágica, de esa que sobrevive a la exactitud histórica y cronológica, y aun a la matemática, porque se nutre del poso que dejó el suceso en la mente de su protagonista, antagonista, comparsa o claque, en el instante de ocurrir”.
En cualquier caso, las evocaciones desde la memoria, no son reconstrucciones: “Cualquier intento de reconstrucción del pasado falla siempre en lo esencial: color, sabor, olor, y sólo salva, con un poco de suerte, parte de la cáscara. Tanto más desesperante es esto cuanto más salta lo perdido a la vista del frustrado reconstructor”.
Autorretrato sin retoques, primer volumen de las memorias, “Iba a titularse Razón sin razón de vida; es decir, la búsqueda de razones para algo que, como la vida humana, no las tiene” explica en el prólogo.
La portada del libro ya define en cierto modo al autor que se convierte en personaje central de las memorias. Aparece Jesús Pardo con un maletín en una mano, unas bolsas en la otra y debajo del brazo unos libros. No se sabe muy bien si vuelve de un viaje o está a punto de partir. Al llegar a su mayoría de edad la vida de Jesús Pardo va ser un continuo viaje entre Madrid y Londres principalmente, pero también a otras ciudades europeas, debido a su actividad profesional como corresponsal, con fugaces viajes a Santander. “La rana viajera” se autodenomina en un momento dado.
Están divididas en cuatro partes. La primera es su etapa en el Sardinero, desde 1927 a 1944. La segunda sus cuatro años en Santander, entre 1944 y 1948. La tercera tiene lugar en Madrid a partir de 1948, cuando con veintiún años cobra su herencia y se va a esa ciudad hasta 1952, fecha en la que se traslada a Londres como corresponsal. De 1952 a 1974, fecha en la que vuelve a España, es abordado en la última parte del libro.
De 1927 a 1944 vivió en el Sardinero. Era un mundo propio, una isla. No tenía nada que ver con Santander para Pardo. Se hacía una vida aparte. Él viviría en Villa San José con su tía Curra y su tío Marcelino, sin recibir visitas y con el depósito de una inmensa biblioteca que devoraba y que alimentaba sus ansias de ser escritor. Sus padres le dejaron allí con dos años: “Ambos pasaron por mí como luz por el cristal”. De hecho se refiere a ellos por sus nombres, Josefa y Adolfo, como unos miembros más de la familia, no como sus padres, quizás desde una cierta lejanía o falta de sentimentalidad. Pero fueron “Tía Curra y su casa los que me hicieron ser lo que soy”. “El Sardinero es mi única patria, hasta el punto de que no me siento español, ni menos cántabro, santanderino o montañés, sino sardinerino o pejino. El olor, el color, la humedad del Sardinero siguen siendo sangre y espina dorsal de mi mente, y cualesquiera otros estímulos que les fueron sucediendo en mi experiencia salieron perdedores en esa competencia”.
De 1944 a 1948 vivió en casa de su tío Rafael en Daoíz y Velarde. Se trataba de esperar a cumplir los veintiún años y cobrar la herencia de su tía Curra. Después levantaría el vuelo. La personalidad de Jesús Pardo vendría determinada por dos tipos de familias y dos clases sociales totalmente distintas, la burguesa decadente de su padre, representada por villa San José, y la socialista por parte de su madre en la calle Daoíz y Velarde.
Es demoledor en la descripción de la decadencia de la burguesía santanderina, del provincianismo del Santander de los años cuarenta así como hace referencia a la mediocridad intelectual de la ciudad.
Como lo es describiendo en la tercera parte el ambiente “cutrísimo” de Madrid cuando llega en 1948 al que se fue acostumbrando. En esa ciudad iría adelgazando la herencia recibida con un ritmo de vida que comienza directamente residiendo en el hotel Ritz para ir buscando posteriormente a medida que se agotaba el dinero, barojianas pensiones. Trabajaría en los sindicatos, a los que dedica un capítulo, de traductor e intérprete, lo que le permite conocer por dentro las alcantarillas del Régimen. Nos habla de la censura, autocensura y propaganda utilizando a confidentes y periodistas, de la hipocresía generalizada tanto en política como en religión, del miedo y la lucha por medrar desde la sumisión ideológica y el adulamiento; de su jerarquía, intrigas, corrupción y burocracia con nombres propios; la represión moral de la Iglesia, especialmente por ensotanados castradores del erotismo y la sexualidad.
A los ambientes culturales, a sus tertulias, les dedica varios capítulos: la decadencia del café Gijón y la anoréxica economía de sus contertulios, a los que cita, de los que hace semblanzas y opina sobre su obra, en espera de un aplazado éxito literario que les redimiese de su precariedad pese a su mediocridad intelectual generalizada. Con una de ellas, el movimiento de la Juventud Creadora, que publicaba Garcilaso, dirigida por García Nieto, entró en contacto de un modo periférico, como lo hizo con Proel diría Jesús Pardo. Siempre ha sido muy resistente a formar parte de grupo alguno.
Es nombrado corresponsal en Londres de Pueblo en 1952 y más tarde de Madrid, cargo que ejercería durante veinte años. En esa ciudad fue, afirma, “donde me sentí plenamente yo”. Allí se relaciona con los ingleses para conocerles frente al resto de los españoles que se relacionaban más entre sí.
La diplomacia y los corresponsales españoles en Londres, entre fiestas, intrigas y con la oreja puesta en dirección a Madrid en espera de consignas y ascensos, cortando y pegando diríamos hoy con el lenguaje del ordenador, son objeto de sus críticas, la sumisión esperada, la censura.
Durante un tiempo, de 1967 a 1972, estuvo de corresponsal de Madrid por varios países de Europa del Este; al cierre del periódico lo sería para la agencia EFE con base en Ginebra: Varsovia, Praga, Moscú, Budapest, Sofía, Berlín, Belfast, Israel, Nueva York (1971), Atenas, El Cairo… fueron algunas de las ciudades de las que volvía con más libros y más botellas, para, como él dice con uno de sus habituales juegos de palabras, “beber más libros y leer más vino”.
El nombramiento de corresponsal de Madrid coincidió con lo que denomina “el mayor error de mi vida”: casarse con Pauline Margaret Knibbs, con la que tendría un hijo y una hija. La convivencia con Pauline se fue deteriorando progresivamente. Hacia 1970 la relación era pura rutina. Dedica abundantes páginas a la anulación de su matrimonio, utilizándolo como metáfora de la corrupción moral de un régimen y de una institución, la Iglesia. Lectura obligada para conocer la doble moral y simulación de aquellos años.
Memorias de memoria se inicia con su vuelta a Madrid de Londres en 1974. “Mis trampolines vitales son el Sardinero y Londres, con Madrid de indudable parada y fonda. Pero Madrid, al menos, existe: Santander no”.
Trabajará en la agencia EFE primero como corresponsal en París, Ginebra y Londres para luego volver a Madrid. La agencia era el hilo transmisor de tejemanejes políticos del régimen. Censura, propaganda, sueldos por silencios e incondicionales adhesiones, gañanes, trepas… Personajes que describe en crueles o burlescos retratos que acaban aludiendo a su muerte, por lo general en la miseria o la soledad. Años en el Valle de los Caídos, como llamaba a su despacho; de casa al café Gijón y el Roma, donde conoce a nuevos poetas: Antonio Hernández, Claudio Rodríguez entre ellos. Acopio de libros en Neblí, alguna casa de citas y el alcohol.
En el 74 tienen lugar en su vida dos importantes acontecimientos. Por un lado conoce a Paloma, quien será su segunda esposa. Por otro lado a Juan Tomás de Salas, que le llevará al Grupo 16, buque escuela hacia la democracia. Nuevos aires, jóvenes periodistas que empezaban a irritar al Régimen, aunque él sintiéndose cómplice, no hasta el punto “de compartir también los peligros: llegado el momento de la verdad, aquella no sería mi guerra” afirma. Durante algún tiempo trabaja simultáneamente en EFE y en Cambio 16.
Al morir Franco pide la excedencia en EFE y le nombran director de la revista Historia 16, para volver luego a Cambio 16 al sentir que no puede desarrollar su proyecto de cómo llevar la revista y dejarse llevar por la indolencia. Le nombran corresponsal volante en países del Este y Sudamérica, hasta que decide hablar con Luis María Ansón que le readmite en EFE y le envía de corresponsal a Copenhague donde estaría ocho meses. En el último capítulo comentará los diez últimos años en la agencia EFE preposfranquista, “basurero de la prensa española”, “el periodo más humillante de toda mi vida”. El día que cumple los sesenta años, fue a EFE a pedir la jubilación anticipada.
Quien quiera hacer un estudio del periodismo español durante la transición, deberá acudir a las memorias de Jesús Pardo sin duda alguna y si no quiere cometer algún olvido. Sobre todo en cuanto a valoración profesional, ideológica y humana de los periodistas que tuvieron un grado de protagonismo, a veces más virtual que real, en ella.
Sobre su valoración de la profesión de periodista y su posible influencia como narrador, escribe: “Puedo anotar con impávida gratitud lo mucho que debo a ese oficio. El desdén por la retórica, la necesidad de ir al grano”. Y en otro momento: “El blanco de mi vida era escribir cosas serias en serio, y el periodismo, entre tanto, me servía para ir tirando con ayuda de la pluma”. Por eso considera que “La literatura ha sido la única actividad en la que he sido enteramente honesto”. “La verdad es que nunca conseguí interesarme por ninguno de mis trabajos periodísticos desde la desaparición del diario Madrid. Sólo con el primer esbozo de mi primera novela seria: Ahora es preciso morir, trabajé apasionadamente en algo que para mí no era trabajo. Con paradojas como ésta se levantan catedrales”. Se me ocurre la posibilidad de publicar una antología de sus artículos periodísticos.
La coincidencia de tres hechos va a determinar su entrega de verdad a la literatura, su gran vocación, su gran pasión. Al conocer a Paloma deja la poligamia por la monogamia, “no por virtud moral o autodisciplina erótica, sino por evidente conveniencia. Y le llevará a afirmar: “Ahora sí que vas a escribir”. Por otro lado abandona el alcohol. “Yo bebía entonces de forma realmente desbocada” y el médico le asegura una muerte inmediata a poco alcohol más que ingiera. Automáticamente deja de beber. La esofagitis le hace pensar: “Mi vida comenzaba ahora su fase de escritor con mando en plaza”. Y ello coincide “al tiempo que una escurialense muerte resurrectora iba a liberarnos a todos de cuarenta años de puro paleolítico bajo las uñas sucias de una iglesia carroñera y los colmillos cariados de un ejército envilecido”.
Capítulo especial que dedica a reflexionar sobre su obra narrativa, breve pero imprescindible para sus fieles lectores por las claves que aporta. Lo titula Ahora es preciso seguir y arranca fechando el comienzo de la escritura de su primera novela, en 1979 en Copenhague, casi con cincuenta años, “uno de los momentos más solemnes y cargado de sentido de toda mi vida, y aún me agita cuando lo evoco”. Por fin era escritor.
Ya a los seis años había escrito una de piratas. Y más tarde otras incompletas que tiró a la papelera. Incluso ofrece novelas a las editoriales que aún no ha escrito. “Acabé por pensar que el tapón que me impedía empezar a escribir eran mis recuerdos de infancia del Sardinero. Como si mi tía Curra estuviese montando guardia a la puerta de mis sensaciones mentales y físicas de entonces con una goma de borrar”.
Escribe un borrador de Ahora es preciso morir de cien folios que reescribe más tarde. “Para Gimferrer, que la editó, era la primera novela de nuestra literatura en la que se trataba a ambos bandos de la guerra civil española como pura, simple historia, y en esto acertaba plenamente: rojo por parte de madre y faccioso por la del padre, con parientes asesinados a ambos lados de la alambrada, perdido a manos de los rojos el dinero que iba a hacer de mí un pequeño rentista santanderino de por vida, y a las de los blancos mi sosiego mental y entrepernil, yo despreciaba por igual a ambos inciviles bandos civiles” afirma.
Su familia la recibió como una ofensa porque “me autodesnudaba con la misma saña con la que les desnudaba a ellos”, impidiendo que se presentase en Santander. Él dejó de ir por la ciudad durante un tiempo.
Con cincuenta y tres años, Jesús Pardo formaba parte en España de la narrativa de los ochenta junto a los jóvenes autores que se incorporaban en esos años.
Su siguiente novela es Ramas secas del pasado, de 1984, que para su autor pasó sin pena ni gloria, “como un manchón mate y oscuro” después del fogonazo deslumbrante de la primera. Para Pardo, “no me parece bien rematada, aunque da una versión original y bastante exacta, que puede cobrar importancia, de la bohemia literaria madrileña y de las covachuelas del franquismo entre mis veintiuno y veinticuatro años”.
Su tercera novela fue Cantidades discretas, publicada en 1987, “la primera novela netamente inglesa que publica en España un escritor español”. En ella tuvo un papel esencial su mujer Paloma, que la resumió, sintetizo hasta el número de páginas con que se editó, dado que a Jesús se le atascó el final: “Mi idea era que ni empezase ni terminara, como suele ocurrir en la vida real, sobre todo por lo que a terminar se refiere, y al final me encontré con una maraña de cabos sueltos que no supe rematar”.
Su cuarta novela de la tetralogía autobiográfica fue Eclipses, escrita “deprisa y corriendo” y publicada en 1993. Novela “divertida y rara y, en bastante medida, evocativamente exacta, pero no está a la altura de Ahora es preciso morir y Cantidades discretas. Aquellas dos probablemente resistan el tiempo, y me parecen a la altura de lo mejor que se ha escrito en mi tiempo en novela española, de modo que no tengo razón para sentirme derrotado, aunque, si lo que yo proyectaba era una tetralogía, y las circunstancias, a contrapelo de mis deseos, me la han reducido a simple duología, tampoco puedo, honradamente, declararme victorioso”. De nuevo se muestra autocrítico.
Otras novelas, entre la tercera y la cuarta, Operación Barbarrosa, Las últimas horas de Pincher Trumbo, Yo, Marco Ulpio Trajano, Bucarest y Conversaciones en Transilvania, a la que dedica un capítulo. Son libros, escribe, que “Ninguno de ellos me interesa profundamente, sin que eso quiera decir que los considere malos”.
“El remate de mi tetralogía son mis dos tomos de memorias. Ahora es preciso morir abrió en mí, sin yo pensarlo o planificarlo en modo alguno, la espita de la mitomanía autobiográfica, que sólo ahora, terminado el segundo tomo de mi autobiografía, comienza a dar claros síntomas de agotamiento”. Por eso finaliza diciendo: “Mi único objetivo vital es que mi paso por la literatura española, sobre todo en el género memorístico, dé a ésta un aire nuevo, por mínimo que sea, de veracidad y autenticidad. En conseguir esto está en juego toda mi vida, y de ello depende para mí lo que yo entiendo por éxito o fracaso”.
Reflexiones sobre la guerra civil española (“Con la victoria de los nacionales yo perdí la guerra sin remedio, como la perdieron todos los que no querían vivir entre censuras, rosarios de la aurora y desfiles de la victoria”), las mujeres (“Lo que ponemos en las mujeres, como lo que ellas dejan en nosotros, es nuestro: no las necesitamos para revivirlo”), sus creencias religiosas (“Para mí, la necesidad de Dios está en la evidencia de que entre dos incompatibilidades como la nada y el todo ha de haber por fuerza una fuerza-puente, la cual no requiere de mi creencia en ella: otra cosa es que el Papa y sus secuaces no puedan vivir sin la urgente aportación de mi diezmo y mi primicia para seguir la representación”), la muerte (“También yo acabé convencido de que ni los muertos lo están del todo ni vivos del todo los vivos. La muerte se me transformó en otra forma de vida, y llegó a parecerme lógico oír y hasta decir cosas como: Fulanito está muerto, porque, aunque no se puede estar sin ser, los muertos, para mí, sobre todo si eran de buena familia, no podían dejar de ser”).. .
Todo lo que cuenta está plagado de anécdotas que al lector le parecen increíbles, riéndose con ellas. Incluso a Paloma, su mujer, le parecían fruto de su fantasía, pero pasa el tiempo y comprueba que sucedieron realmente.
El humor y la ironía empapan las páginas de sus memorias. Para Jesús Pardo “El humor es secreción de la inteligencia, algo consustancial a la mente”. En los retratos, en las descripciones de espacios físicos: paisajes y escenarios de su vida: el Sardinero, Madrid, Londres…; Villa San José donde transcurren sus primeros años, las sórdidas y barojianas pensiones en las que vivió… anécdotas que cuenta… En muchas ocasiones un humor duro, cruel podríamos decir. Y un humor negro dado que la muerte es una de las omnipresencias en las memorias. Refiriéndose a su conocimiento de los idiomas, trece, nos dice: “Conseguiré, si no otra cosa, que mis gusanos sean los más políglotas del cementerio”.
Los retratos, breves, precisos, con un aparente tono de objetividad, tienen en algunas ocasiones una componente burlesca apoyándose en su ingenio literario. El autor probablemente diga que los personajes eran así como él los describe. También puede decir que así los veía él. En muchos de ellos acaba refiriéndose a la última vez que les vio y su muerte en el olvido, la soledad o el merecido silencio. Un ejemplo: “Uno de los ceros derechistas más a la izquierda que he visto en mi vida”
Frases duras, lapidarias: le dice a su padre, enfermo: “si tú ya no te vas a poner bueno”; le pregunta a su tía Curra si su tío tardará en morirse para heredar el piso que la había prometido… Sin citar las auténticas trastadas y engaños, de verdadero pícaro, como pedir dinero prestado en nombre de su tía y empeñar unas esmeraldas de la madre de ésta para adquirir las obras completas de Galdós y Dostoievski u otros libros en la librería de viejo de Padilla. Cuando afirma: “Nunca sentí culpabilidad alguna por robos y tormentos a tía Curra, a quien consideraba como algo tan mío que incluso su cuerpo y mente me pertenecían”. Al final, su tía Curra diría de él: “Con Jesús no es una cruz sino un castigo de Dios y un martirio”.
Pero asimismo recordando determinados comportamientos: como cuando abofetea a su madre a la que supone responsable de haberle calentado las sábanas un día verano.
Está claro que no busca la complicidad del lector, no ofrece autojustificaciones, se muestra tal y cómo se recuerda que fue.
Tampoco se ha refugiado en la impunidad que le daría citar sólo a personas muertas que no pueden corregirle o discrepar. Se refiere valientemente también a personas que están vivas cuando se publican sus memorias y que no les va a gustar probablemente lo que lean sobre ellas.
Por eso el lector a veces se siente identificado con sus reflexiones, pero otras las rechaza y Pardo le parece especialmente antipático. Él no pretende ni lo uno ni lo otro. Sólo contar lo que recuerda como lo recuerda.
Abundan las palabras y frases en latín, en inglés y francés principalmente. También numerosas citas, como lo hace regularmente en su conversación habitual ayudado de su prodigiosa memoria. Pero nunca dan la impresión de ser utilizadas pedantemente al recurrir a ellas oportunamente. Dante es de los más citados, autor de culto para él.
Le gustan mucho los juegos de palabras, las redundancias, la ruptura de frases echas, coloquiales, las perífrasis, las paradojas. Una sintaxis muy libre que obliga a una lectura muy atenta y a implicarse al lector, con párrafos en ocasiones muy largos, sin un punto.
Un rico y cuidado vocabulario, muy personal, se combina con uno más coloquial y cotidiano, popular que incluye frases hechas. Pero al mismo tiempo creando neologismos, palabras nuevas o no utilizables derivadas del español.
El tiempo ha ido pasando. Al final, “de aquel Sardinero quedan piedras, pavimentos y hasta árboles, de Tía Curra algún hueso a medio fosilizar, pero de aquel pequeño y turbado Jesús Pardo no quedaba ya ni un átomo”. Y en sus dos tomos de memorias nos va mostrando la evolución de ese personaje que crea y es él mismo. Un poco como la mano de Escher que dibuja una mano que a su vez dibuja a la primera.
La imagen que trasciende de su persona: alguien apasionado, que apuró la vida cuanto pudo. Nervioso, inquieto… Inteligente y culto, muy exigente con los demás pero también consigo mismo. Suele, dice él, “menospreciar”, no despreciar, a los que cree mediocres y con mal gusto. Maniático en algunos aspectos: la confección de listas de las cosas que debe hacer, de amigos a visitar, de amores; la acumulación de comida que al final tiene que tirar por caducada y que remiten a una persona desordenada en lo doméstico. A la vez, un exquisito que aprovechaba los momentos económicos felices para comer bien y estar en buenos hoteles, en realidad, como él mismo reconoce: “residuales resabios altoburgueses” que no desaparecieron con los años. Discutidor, incluso con Paloma, su mujer, siempre ha tenido miedo de su espontaneidad a irse de le lengua: Londres, agencia EFE… Pero, sobre todo, una amante de la literatura y del oficio de escritor a quienes ha entregado buena parte de su vida, especialmente los últimos años.
¿Cuánto de ficción hay en las memorias y cuánto de autobiografía en las novelas? Queda por analizar para quien haga el necesario estudio de la obra de unos de los autores en lengua española más importantes de la segunda mitad del siglo veinte y, afortunadamente, aún en ejercicio.
Se pregunta en un poema: “¿Qué será de mi pasado / cuando mi memoria muera?, / ¿se volverá pura nada / tras no ser nada conmigo?”. No será así, quedarán, sin duda alguna, sus páginas como memorialista por su sinceridad, su brillantez literaria, su audacia y su profundidad reflexiva. Añadidas a su narrativa y su obra en verso (hace unas semanas ha aparecido en Huerga & Fierro Gradus ad Mortem IV-V-VI, una suerte de diario poético en el que abunda en sus grandes temas: el paso del tiempo, la muerte y lo religioso) le harán ocupar un lugar muy destacado en la literatura en española del cambio de siglo.
En cualquier caso, un autor que merecería un reconocimiento institucional de su comunidad de nacimiento por su reconocida trayectoria literaria.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:13
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
miércoles 20 de agosto de 2008
Residuos de la grandeza. Valentí Puig
LOS ídolos más modernos son los que se desploman con aquella prontitud de lo que arde fácilmente o se evapora sin dejar rastro alguno de nobleza. Al otro lado del río, donde hubo templos y palacios, para sucesivas promociones escolares la mitología greco-latina y el legado cultural del cristianismo ya no existen. Visitar un gran museo sin saber quién es Prometeo o qué fue la torre de Babel tiene algo de recorrido con antifaz virtual en un mundo sin referencias ni claves de civilización. Cuando a Goethe le preguntan a qué escritor le hubiese gustado conocer, no duda en decir: «Virgilio». Dante también recurrió a Virgilio como guía para transitar el infierno. Virgilio, el poeta que funda Europa. Hijo de alfarero y apicultor, su madre le da a luz en una zanja, y dice Jean Giono que se sabe también que era una tarde de bruma ligeramente holandesa y que a través de la niebla los rayos del sol agrandaban desmesuradamente la sombra de los grandes bueyes con cuernos en forma de lira. Un efecto equivalente aparece en la densidad transparente, en la serenidad turbadora de «Las hilanderas».
¿Quién leerá hoy a Virgilio, a Dante o Goethe? Incluso los críticos literarios más peripuestos se concentran en la lectura del siglo XX, a ser posible entre Paul Auster y Tabucchi. Por una parte, padecemos un proceso acelerado de vulgarización, entre la «play station» y la violencia tribal. Por otro, lo menos deleznable es una nostalgia por ideales y causas impolutas que no se han vivido y que se intuyen solo parcialmente. De ahí, y de tantos cabos por atar que deja la secularización, el afán de una religiosidad sin nombre. El mal hecho es irreversible salvo por reacción individual ante el naufragio y su consecuencia más manifiesta es la relativización de lo que era la literatura como un «continuum» de la experiencia humana, de la vida simbólica del hombre. Eso incide en el sistema de valores, erosiona. Afecta a la trama que sustancia gran parte de lo que entendemos como Occidente. Va incluso más allá de relativismo cultural. Niega la palabra misma, y como Foucault, también la existencia del ser humano. Es difícil entender a Dante si negamos la distinción entre el bien y el mal. De poco sirve leer a Shakespeare si no aceptamos la noción de naturaleza humana. Nada aprenderemos de Cervantes si reducimos la imaginación a psicopatología. Si la guerra es una entelequia políticamente incorrecta, ¿cómo interpretar una literatura y un arte sin guerra cuando ahí están Tolstoi o «La rendición de Breda»?
Lo políticamente correcto ha instituido una cultura de la sospecha que afecta a las novelas que comienzan por el principio y acaban por el final, la melodía en la música, la armonía en la arquitectura, la figuración en la pintura. Lo políticamente correcto es la trasgresión: el arte oficial es la vanguardia. Paradigma de la trasgresión que debe ser prioritaria en todo arte, el urinario de Marcel Duchamp primero apareció como una broma surrealista al exponerlo en 1917 con el título «Fuente»; así estuvo ascendiendo a los museos y fue parte de un absolutismo de la ideología estética, al margen de que Duchamp fuera un hombre con humor y buen jugador de ajedrez. En 2004, era seleccionada como «la obra de arte más importante del arte moderno». Ya llevaba tiempo consagrada: en 1999, un pintor que, como gesto de réplica, usó del urinario de Duchamp según función original, fue penalizado y tuvo que pagar una multa por daños y perjuicios. Décadas después, todo encaja en el vértigo. Duchamp asume la trasgresión cuando lee a Max Stirner, el más inteligente y menos destructivo de los anarco-pensadores, pero capaz de negar cualquier forma de esencia personal. Bagatelas tales como el espíritu o la belleza quedan rotas y cubiertas por las arenas del desierto, como la escultura de aquel Ozymandias rey de reyes que el poeta evoca y dice: «Y en torno a la ruina del colosal naufragio, sin límites, se extiende la arena lisa y sola que en el principio era». En el pensamiento de Foucault, lector de Stirner, las olas borran de la arena todo vestigio de la identidad del ser humano. Como humor, el dadaísmo y el surrealismo ya no divierten a nadie. Más bien enojan.
En oposición a la tradición permanente han predominado oficialmente las tradiciones de la novedad. Por eso el elitismo es un deber. Sin ambición las culturas no existen. Dicho de otro modo, se disuelven a partir de un cierto grado de autosatisfacción. Cada cultura tiene sus propias estrategias simbólicas, procesos de sedimentación y también de fragmentación o de fosilización. Es así que lo post-moderno ha fosilizado con tanta diligencia. Tendremos que recuperar la idea de que la cultura es la fuerza de continuidad en la biografía colectiva de una comunidad humana y a la vez un acto de individualidad. La libre circulación de las élites es imprescindible para una sociedad cohesiva y emprendedora, con voluntad de excelencia intelectual. Todo consiste en que, intelectualmente, libertad, responsabilidad y verdad recuperen sus vínculos. Cuesta siglos la sedimentación de instituciones que encaucen el conflicto en términos de escenario jurídico; en cuestión de segundos caen las torres gemelas de Manhattan.
Más allá el nihilismo perpetúa un mundo tóxico y residual, el gran virus que pudiera colapsar la red de redes de la experiencia colectiva, las vastas panorámicas de la acción humana. La energía prometeica sigue a disposición del mal. Implantamos ingenierías sociales que truncan la libertad, versiones del hombre nuevo que del absoluto ideológico han pasado a ser objetivo de las últimas instrumentaciones genéticas. Esa dimensión oscura coexiste con la capacidad para hacer el bien, con la pasión por la belleza, con el ansia de lucidez moral. La memoria es otro deber ineludible porque, como depósito de la experiencia y del caudal de la Historia, nos protege de la abstracción y de la radicalidad trasgresora. Algo elemental e intransferible está siendo corrompido todos los días, en el hemiciclo de un parlamento, en los laboratorios, en las páginas editoriales, en las aulas. Dice Tér_se Delpech en «El retorno a la barbarie en el siglo XXI» que lo más singular de nuestra época es, por un lado, la convicción de que el mal está instalado en el corazón de la Historia y, por otro, el frenético rechazo de esa constatación. Aún así, quedan resquicios para la grandeza y la gloria.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
10:47
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Puig
martes 19 de agosto de 2008
El viaje del elefante. José Saramago
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
13:50
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Saramago
Principios del protestantismo
"Sólo a Dios la gloria"
Los protestantes afirman que fuera de Dios nada es sagrado, divino, o absoluto. El talante de las Iglesias de la Reforma, principalmente las que se sitúan en el protestantismo histórico, se opone ante todo sistema, partido, valor, ideología o empresa humana que pretenda tener un carácter absoluto, intocable, o universal. Porque Dios es un Dios de libertad que llama al ser humano a responderle libremente, el protestantismo es favorable a un sistema social que respete la pluralidad y la libertad de conciencia.
"Sólo la Gracia"
El protestantismo afirma que el valor de una persona no depende de sus cualidades ni de sus méritos, ni de su estatus social, sino del amor gratuito que Dios da, y en el cual cada ser humano encuentra su verdadera dignidad. El ser humano, pues, no debe buscar su salvación intentando agradar a Dios. Este se da a conocer en su amor infinito, sin precio, e incondicional. Es este amor que hace que la persona, a su vez, pueda vivir con sus semejantes relaciones desinteresadas de solidaridad, caracterizadas por la gratuidad.
"Sólo la fe"
La fe nace como respuesta del ser humano suscitada en un encuentro personal con Dios. Este encuentro se produce en Jesucristo a través del mensaje de la Escritura contenido en la Biblia. La respuesta de fe puede darse repentinamente, pero también puede producirse en una trayectoria en la que se crucen dudas e interrogantes. La fe es ofrecida por Dios sin condiciones. Todo ser humano es llamado a recibirla en libertad. Así constituye la respuesta humana a la proclamación de amor hecha por Dios, a toda la humanidad, en Jesucristo.
"Sólo la Escritura"
Los cristianos protestantes no reconocen otra autoridad que la de la Biblia, también llamada Escritura. Sólo ella puede alimentar su fe; ella es la principal referencia en materia de reflexión teológica, ética, e institucional. A través de los testimonios humanos que la Biblia transmite, se deja oír y se discierne la Palabra de Dios. Los textos bíblicos indican principios generales a partir de los cuales cada protestante, en lo que a él concierne, y cada Iglesia, colectivamente, trazan el espacio de su fidelidad.
"La Iglesia ... siempre reformándose"
Las iglesias reúnen en una misma fe y esperanza a todos aquellos, hombres, mujeres, y niños, viven y crecen en el conocimiento del Dios de Jesucristo. Las instituciones eclesiásticas son realidades humanas. Están sujetas a error. Las Iglesias por lo tanto, deben ejercer constantemente una mirada crítica sobre su propio funcionamiento. A partir de los interrogantes que surgen de esta crítica, cada creyente en particular, y la Iglesia, colectivamente, toma su parte de responsabilidad en una voluntad de renovación y en fidelidad a la Escritura.
El sacerdocio universal.
Uno de los principios motores de la Reforma Protestante, el sacerdocio universal de los creyentes, reconoce, en el seno de la Iglesia, la igualdad de todos los bautizados, pastores o laicos. El pastor protestante, en la Iglesia, no tiene un estatuto aparte. En ella ejerce una función particular. Después de una formación teológica, y en un espíritu de unidad, asegura el ministerio de la predicación y de los sacramentos, la animación de las comunidades, el acompañamiento, y la atención a los fieles. De este principio se desprende la posibilidad de acceso de la mujer al ministerio pastoral.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
12:14
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Protestantismo
lunes 18 de agosto de 2008
Lectura poética de Elena Medel y Alberto Santamaría
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:29
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Medel, Santamaría
El blog de Zina Montenegro
La novena ola. Ivan Aivazovsky
El blog de Zina es el de una joven con cabeza y una surfista con cabeza. Echadle un vistazo y será una buena ocasión para liberarnos de prejuicios sobre los jóvenes y los surfistas. Además encontraréis enlaces a otros blogs interesantes.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:18
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Montenegro
domingo 17 de agosto de 2008
El tiempo. Jesús Carmona
como el que rompe un pájaro
antes de ponerlo a la mesa;
lo abres con tal fuerza
que parece que quiere revivir
de tanto color que da a tus ojos.
El corazón del tiempo, los hígados
del tiempo, la cabeza del tiempo
con su pelo quemado.
Todo lo que tirarías.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
09:40
4
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Carmona
sábado 16 de agosto de 2008
Relatos de Eduardo Berti
En un pequeño pueblo de Guatemala hay un extraño reloj de arena. No mide ni medio metro de altura y ocupa el centro de una plaza colonial, presidida por una iglesia del siglo XVIII. La alcaldía ha contratado a cuatro hombres para que mantengan aseado el reloj -atracción principal en cien kilómetros a la redonda- y para que lo den vuelta sin tardanza toda vez que se haya agotado. Esto último no es simple dado que la arena nunca cae a igual velocidad por el cuello: en ocasiones se toma diez minutos, en otras demora hasta cuatro o cinco horas, sin que haya entre cada vaciarse ninguna clase de secuencia lógica. Sin embargo, si se observa con cuidado, se verá que los guardianes siempre acaban dando vuelta la clepsidra veinticuatro veces por día, ni una más ni una menos, como si cada período establecido por la arena equivaliera, para el reloj misterioso, a cada una de las horas que conforman un día.
La última mujer
Ella sentía tanto pudor que evitaba desvestirse en su presencia. Un pudor desmedido, observó él. Un pudor que ocultaba, se diría, algún misterio. Por fin le dio la espalda, se quitó la blusa y volteó enseñándole unos senos puntiagudos, aunque cruzando los brazos a la altura del abdomen. "¿Ves?", le dijo sin mirarlo. "Ningún hombre vio antes esto", y le mostró en consecuencia su asombroso cuerpo sin ombligo.
"Cuando nací -contó-, no hizo falta cortar el cordón umbilical. Tiraron de él y mi ombligo se arrancó, limpio y entero, del vientre. Mi padre me puso Eva, como la primera mujer que, al nacer de la costilla de Adán, también carecía de un ombligo. Mi madre se sobresaltó y, en un arranque de superstición, exclamó que si la primera mujer había nacido sin ombligo, ahora yo podía muy bien ser la última. Los médicos rieron de buena gana;aun así, hasta que en el ala contraria no nació la siguiente niña, una incertidumbre (no sé si exagerada) reinó en aquel hospital".
El escuchó en silencio su relato y se rió de la misma forma que los médicos parteros. Luego recorrió con la lengua el vientre liso. Y la amó como si en efecto fuera la última mujer en la tierra.
Una voz distinta
Conocí a una mujer, la abuela de un amigo, que cada día se levantaba con una voz distinta. No se trataba de un desplazamiento gradual del timbre hacia un registro más grave, como suele ocurrirle a tanta gente, sino que cada mañana desde la oscuridad de su garganta parecía nacer una voz nueva, independiente de la voz anterior. Nada me asombró al frecuentarla como la coherencia de sus opiniones. A pesar de tan ancha variedad de voces, pocas personas he visto más consecuentes en materia de ideas.
El traductor apresurado
Un muy novato editor de París, que dirigía una colección que daba preponderancia a los libros clásicos (no por amor a las "obras inmortales", sino porque los literatos muertos no pretenden cobrar regalías), dio a traducir la novela Vathek , de William Beckford, sin saber que el inglés la había escrito originariamente en francés y que la versión que él tomaba como el texto madre no era otra cosa que la traducción del reverendo Samuel Henley. El traductor que recibió el encargo -un afable especialista en letras góticas- nada dijo del error;muy al contrario, fijó sus honorarios y apareció a los diez días en la casa editorial con la labor cumplida, vale decir, con una copia fiel, letra por letra, del original francés de Beckford. El editor se quedó atónito. Ya le habían dicho que este traductor era muy eficiente, pero tal celeridad le resultaba inconcebible.
Transcurrieron dos meses y el especialista en letras góticas recibió un llamado del editor. "La traducción está bastante bien pero me he permitido introducir algunos cambios para nada relevantes". Decidido estaba el traductor a confesarlo todo, a aclarar el malentendido, cuando escuchó que el otro le recomendaba: "No se apresure tanto la próxima vez. Es innecesario y se nota".
Por aproximación
Antes de cruzarme con algún conocido al que no he visto por años, los días previos empiezo a encontrarlo por aproximación. Esto significa que dos días antes me cruzo por azar con un extraño que me recuerda vagamente a este conocido, y horas más tarde, o un día después, vuelvo a cruzarme con otro extraño todavía más parecido a este amigo que anuncia así su reaparición. En ocasiones la aproximación es breve:una o dos caras similares y por fin el sujeto original. Pero en otras oportunidades la cadena se prolonga a tal punto que los eslabones finales, me refiero a los últimos transeúntes desconocidos, en la práctica resultan casi idénticos a aquel querido amigo. Varias veces he llegado a saludarme con uno de estos sosías. Otras he inferido que en verdad se trata de quien pienso, sólo que ya me ha olvidado o finge no reconocerme.
Caso del director
En Holanda, un director de cine fue inculpado de asesinar a ocho actores que, en los años precedentes, habían trabajado bajo su tutela. El motivo de los crímenes, según la policía de Amsterdam, es que el cineasta nunca pudo sobrellevar el hecho de que sus actores interviniesen en películas de otros. En un reportaje de hace ya dos décadas, el director se había manifestado en contra del star system . "Los actores de cine, excepto aquellos pocos que realmente saben caracterizarse, no deberían interpretar más que un personaje en la vida", dice aquella entrevista que fue de preciosa ayuda a la hora de las pesquisas.
Las manos al revés
Aseguran que a mediados del siglo XIX hubo en Irlanda un delicioso pianista que interpretaba de memoria y con enorme maestría el repertorio completo de Bach, aunque de un modo más que inusitado: cruzando sin cesar las manos, invirtiéndolas, tocando lo dispuesto para la izquierda con la mano derecha y viceversa. Ha sobrevivido el testimonio escrito de un pastor que alcanzó a verlo en escena, ya muy anciano: "¿Cómo puede brotar música tan dulce de este cuerpo que lucha por no anudarse, de estas manos que ignoro por qué razón insondable el Señor quiso poner al revés?"
Noticias antes de tiempo
Un influyente matutino de Bruselas publicó, a lo largo de tres meses y a ritmo de una por día, una serie de breves informaciones de índole local -siempre arrinconadas en la página ocho-, que al momento de la salida del diario aún no habían ocurrido pero que se cumplían inexorablemente a las seis de la tarde, para salir a la mañana siguiente en los otros periódicos de Bélgica. El fenómeno fue detectado por un ex maestro de escuela que presentó una demanda acusando al director del matutino de "promover hechos desgraciados y/o delictuosos". Para que estas noticias se realizasen había sido necesario -alegaba el demandante- que alguien allegado a la redacción cometiera el incendio, el secuestro, el robo o el crimen allí profetizados. Nada pudo probarse en tribunales. el director se negó con terquedad a revelar cómo obtenía dichas "primicias", amparándose en la "confidencialidad de sus fuentes". El juez fijó, no obstante, una multa abultada contra el matutino por haber divulgado "noticias antes de tiempo".
La repetición
Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he debido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido:mi nacimiento;aunque me parecer recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.
Una criatura del pasado
El bisabuelo de mi amiga T., al cumplir los noventa y cinco años, empezó a hablar únicamente en pretérito. Decía "fui al baño", se incorporaba e iba. Decía "me fui a dormir", se incorporaba e iba derecho a la cama. El anciano, afirma mi amiga, había cobrado entera conciencia de que no era sino "una criatura perteneciente al pasado".
Alguien igual
De nacer alguien igual a mí, le ocultaría mi existencia y mi experiencia. Sacaría provecho de la circunstancia de saber sólo yo su identidad, para que mi vida reiniciada en él por fin echase luz sobre mis actos.
Una máquina curiosa
En un film polaco de hace algunos años, el protagonista oye hablar de una máquina fantástica que, con sólo examinar una fotografía, determina si los individuos allí retratados están hoy vivos o muertos. Como la realidad imita al arte, un matrimonio de científicos suizos ha anunciado la invención de un artefacto de propiedades análogas: una máquina copiadora de fotos que, según cómo se emplea, aparta lo que ya no existe de lo presente. Así, de una foto tomada hace treinta años y en la que se ve un grupo de seis personas, el aparato proporciona dos fotos diferentes:una con quienes aún permanecen vivos, otra con los que están muertos. En ambos casos los ausentes han sido reemplazados por más paisaje de fondo, como si una grúa infalible los hubiese arrancado sin dejar rastros. Resultado de esta máquina curiosa, los muertos pueden congregarse sin perder la juventud mientras los vivos quedan abrazando por la espalda un espacio vacío:el aire que antes ocupaba un ser humano.
Un artista y su falsario
Un famoso pintor italiano consiguió el teléfono del falsificador que, a su entender, lo imitaba con más talento y le propuso montar una exposición a dúo, denominada Un artista y su falsario . "Por esta vez", escuchó el imitador, "queda usted libre de copiar al dedillo y debe, en cambio, inventar cuadros que a los ojos del público sean dignos de confrontación con los genuinos".
Temeroso de que la conversación fuera una trampa, que estuviera registrándose para ser empleada en su perjuicio, el falsario empezó por alegar que él jamás había copiado a nadie;pero tanto le atraía la perspectiva de codearse con un maestro, tanto le entusiasmaba poder crear con libertad, que al cabo de una consulta con su abogado aceptó el audaz convite, a condición de que sus cuadros no llevasen firma alguna porque -al decir del letrado- "cualquiera de las dos firmas posibles constituiría una suerte de admisión del delito". El pintor italiano aprobó al instante esta cláusula, hizo una oferta económica imposible de rechazar y le encargó once cuadros que correspondieran a su "etapa azul" o, si se prefiere, al estilo cultivado entre 1990 y 1996.
Cuando llegaron las once obras apócrifas, el pintor ya había terminado las once originales y descubrió con sorpresa que un cuadro del imitador era muy similar a una de sus obras. De cara a la exposición, el parecido no constituía un problema;por el contrario, el pintor hallaba en él un atractivo. Lo que en realidad lo alarmaba era la superioridad del cuadro espurio, a tal extremo que hasta parecía resolver con total autoridad los problemas que anunciaba, timorato, el original.
A la semana de inaugurada la muestra, el corresponsable anónimo concurrió a la galería. Lo hizo de incógnito, por consejo de su prudente abogado, y a punto estuvo de soltar un grito cuando vio, entre las once telas a la derecha ("los cuadros del falsario", rezaba un cartel), una que no era suya, y recíprocamente, entre las obras a la izquierda, aquella que suponía su mejor creación, coronada con la firma ostentosa del italiano.
Caso del niño y el mago
La policía de Montecarlo busca desde la semana pasada a un niño de cinco años, desaparecido en la fiesta de su propio cumpleaños. El mago que animaba la velada no pudo concluir su truco más famoso, que consiste en introducir a la gente en una jaula hermética para volverla invisible, porque falleció en pleno acto, culpa de un paro cardíaco. La joven que asistía al mago se declaró incompetente cuando la concurrencia, muy alarmada luego de comprobar que la jaula seguía vacía, le exigió la devolución pronta del niño.
Los sueños de mi hermano
Parece mentira, lo sé, pero hubo un tiempo en que mi hermano soñaba exactamente lo mismo que había vivido de día. Era como si alguien filmase su actividad diurna para proyectársela en las noches, inalterable, minuciosamente igual, hasta el detalle más nimio. En suma, mi hermano vivía cada jornada dos veces:una siendo el protagonista a conciencia y otra, por así decirlo, como espectador durmiente.
"Mis sueños son ecos perfectos", sostenía desconsolado. "Ecos que premian o castigan mis actos del día". Yo no podía coincidir con esta idea pero entendía, sin esfuerzo, su sentir: toda vez que mi hermano había tenido un día satisfactorio, se alegraba porque le esperaba un grato sueño;toda vez que había tenido un mal día, rezongaba: "Lo peor es que me toca revivirlo". A tal extremo esto era así que, después de una de esas "jornadas negras" que cualquiera desearía desterrar de su memoria, mi hermano resolvió pasar la noche en vela; pero de nada le sirvió el ardid porque al caer dormido a la noche siguiente soñó con los dos días consecutivos, incluido el intervalo del insomnio.
Alarmado por este mal, harto de no poder servirse de las noches para olvidarse de su existencia cotidiana, mi hermano consultó a psicólogos y médicos. Hasta corrimos a ver a una mentalista llegada de Nepal, quien nos contó que había tratado tiempo atrás un caso similar:el de cierta mujer obesa que irremediablemente soñaba con los días por venir.
Nadie aún puede explicarse cómo ni por qué, luego de muchos tratamientos inservibles, mi hermano comenzó a sanar solo en cuestión de pocos meses. Me atrevo a describir ese proceso como una "liberación gradual":por más que los actos del día seguían siendo el eje central de sus sueños, él se apartaba noche a noche un poco más de lo verídico. Primero alteraba minúsculos detalles;más adelante fue intercalando, entre los hechos reales, otros que eran lejanos o inexistentes.
Cinco semanas pasaron hasta que llegó su primer "sueño autónomo", que no guardaba ni la menor relación con lo vivido en la jornada precedente. Recién allí, entre gestos victoriosos, mi hermano se dio por curado. Pero a partir de la mañana siguiente ya no pudo relatarnos ningún sueño;amanecía ahora con la memoria en blanco;murmuraba que los sueños se escurrían entre sus dedos. Pronto lo oímos sentenciar: "Tanto alenté su autonomía y ahora, qué recompensa irónica, he acabado por perderlos".
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
21:25
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Berti
viernes 15 de agosto de 2008
Los paisajes urbanos de Mario Sironi












En los paisajes del pintor italiano Mario Sironi me parece descubrir una profunda sensación de irrealidad. Esas calles vacías podrían ser el escenario de un cuento de Dino Buzzati o de Roberto Arlt, por ejemplo.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
09:58
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Sironi
jueves 14 de agosto de 2008
Pedagogía posmoderna: escala en Hi- Fi
Todos los pedagogos que han pasado por la UIMP este verano recomiendan este vídeo a los profesores. En él podemos encontrar la foma ideal de presentar una clase, siempre que se hagan las convenientes adaptaciones a cada área o materia, y al mismo tiempo un resumen perfecto de la filosofía posmoderna sobre la educación.
Y como ya se acerca septiembre, lo colgamos aquí para colaborar con las autoridades.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:28
4
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Mochi
Derrota. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
07:23
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
miércoles 13 de agosto de 2008
El diario de George Orwel en la red
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
20:02
3
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Orwel
martes 12 de agosto de 2008
Venganza. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
06:33
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
lunes 11 de agosto de 2008
Loco. Guy de Maupassant
Maupassant es uno de mis autores favoritos. A menudo queda en segundo lugar entre los gigantes que lo rodearon -Flaubert, Zola...- pero ya quisiéramos en nuestra época tener tres o cuatro escritores "menores" como Maupassant en cada generación.
El cineasta italiano Giancarlo Giannini relata en este vídeo un cuento del gran escritor francés.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
14:08
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Maupassant
domingo 10 de agosto de 2008
La mariposa. Salvador Elizondo
http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/acervos/covarrubias/expediente.jsp?nombre=animales_dibujosLa mariposa es un animal instantáneo inventado por los chinos.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
13:36
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Elizondo
sábado 9 de agosto de 2008
Snobs. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:29
5
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
viernes 8 de agosto de 2008
Plonk et Replonk







Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:56
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Plonk et Replonk
jueves 7 de agosto de 2008
Una historia de miedo. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
13:37
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
miércoles 6 de agosto de 2008
On a leaf used as a book-mark. Robert Nye
Contra el inquebrantable fluir de la corriente,
obedece el deseo tácito del viento
de que así sea.
Así fui yo insulsamente instruido
sobre la superficie del gozo,
forzado a la contrariedad
día y noche.
Me tomaste en tu mano avariciosa,
me arrancaste del ardiente arroyo;
me secaste y curaste
en tu buen libro.
Ahora no más pecios, soy el marcador
que te recuerda cuanto has leído.
Yo, que fui mecido por el viento, libre
yazgo aquí, sin morir.
Traducción de Imanol Gómez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
11:42
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
martes 5 de agosto de 2008
Mutantes. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
09:57
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
lunes 4 de agosto de 2008
Tres cuentos de Alexandr Solzhenitsyn
Arrojé al fuego un pequeño tronco podrido sin darme cuenta de que en su interior había un hormiguero.
El tronco empezó a quemarse; las hormigas se arrojaron afuera desesperadas, y comenzaron a correr en todas direcciones. Corrían hacia arriba y abajo y se contraían quemadas por el fuego. Cogí el tronco y lo hice rodar hacia un costado. Ahora innumerables hormigas escapaban de la muerte, corriendo por la arena, entre las agujas de los pinos.
Pero, cosa extraña, no se alejaban del fuego.
Apenas respuestas de su terror, regresaban, giraban un momento alrededor, y luego una fuerza misteriosa las llevaba de nuevo allí, hacia la patria abandonada. Muchas de ellas escalaban de nuevo el tronco ardiente y lo recorrían sin cesar hasta que encontraban la muerte.
La nieve en el patio es copiosa y blanca. Sharik, lleno de júbilo, da vueltas por el patio, salta como una liebre, el hocico lleno de nieve, corre por todos los rincones, del uno al otro, del uno al otro... Se me aproxima, todo velludo, salta alrededor de mí, huele los huesos y vuelve a correr como diciendo...
"No necesito yo sus huesos...sólo dénme la libertad"
Kabzpi desde su interior es un fresco brote, un futuro olmo entero o una rama espesa y rumorosa.
Ahora, ya hemos colocado el leño sobre el caballete, como sobre un cadalso, pero no nos atrevemos a hendirle la sierra en el cuello. ¿Cómo serrrarlo? ¡Si también él quiere vivir! Hay que ver como quiere vivir. ¡Más que nosotros!
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
06:59
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Solzhenitsyn
domingo 3 de agosto de 2008
Monstruo. Ángel Olgoso
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
08:41
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Olgoso
sábado 2 de agosto de 2008
Añoranza. Miguel Ibáñez
Los inviernos de antes sí que eran tóxicos, le responde el cyborg que se sienta a su lado.
Después de un momento de silencio, los dos emiten un suspiro de nostalgia que les sale de lo más hondo de la cardioprótesis.
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
12:06
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez
viernes 1 de agosto de 2008
Inquietud. Miguel Ibáñez
Publicado por
Miguel Ibáñez
en
07:39
1 comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Ibáñez


























