sábado 31 de mayo de 2008

Viento sur. Miguel Ibáñez

El resplandor. José Luis Mazarío

Programa para hoy:
concierto en sur mayor,
por la orquesta de viento y confusión.
Ejecutantes: sillas de terraza,
toldos, macetas,
ventanas, y tal vez
un poema de amor
escrito a mano en una hoja de rayas
-como en los viejos tiempos-
que bailará por toda la ciudad
la danza de las cartas estrujadas.

viernes 30 de mayo de 2008

Listeners. Robert Nye

Fotografía de Gonzalo Montero


Escucha el silencio en el cristal
contra la atenta lluvia.
Todo duerme en la casa silenciosa
despiertos la lluvia y el cristal
esperando toda la noche un ruido
que nadie producirá.

Todo duerme en la casa silenciosa.
Despiertos la lluvia y el cristal
escuchan el silencio en el cristal
contra la lluvia atenta toda la noche
esperando un ruido
cuyo silencio no pueden romper.


Traducción de Imanol Gómez

miércoles 28 de mayo de 2008

El maíz. Mónica Fernández-Aceytuno


Cultivando sobre la nada. Fotografía de Jandro López


La poesía, como ya sabéis, está unida al verso en santo matrimonio, pero de vez en cuando le gusta echar una canita al aire y se lía con la novela, el cuento o el periodismo. Un ejemplo son los artículos de Mónica Fernández-Aceytuno, algunos de ellos verdaderos poemas en prosa, como este que publicó en el diario ABC el 26 de mayo.


Pero antes un comentario breve y melancólico: ya no se ven campos de maíz como los que había cuando éramos pequeños. En el campo ya no hay donde esconderse.




EL MAÍZ




Ha llovido tanto en los últimos días que aún no se ha podido echar el maíz porque la tierra es barro.


Si bien al principio las primeras hojas del maizal aparecen tímidas y silenciosas sobre los terrones, es un cultivo que se ve y se oye crecer, pues según van espigando las hojas acaban por rozar unas con otras y así que sopla un poco el viento, todo el maizal murmura. Hasta hace poco, se quitaban estas hojas a las puertas de las casas y la mazorca se echaba en un montón que era dorado, rojo si era maíz reina. Y esas hojas, al secarse, se volvían crujientes y amarillentas y repetían el sonido del maizal, pero más ronco, como la voz cuando envejece, y con ellas se hacían colchones también ruidosos y murmuradores. Las mazorcas, llenaban los hórreos y se iban moliendo para hacer harina, que era entonces el pienso del ganado. Ahora lo trituran todo junto, y es una pena porque los hórreos ya no se abren para enseñar su mercancía dorada sino que se han llenado de cachivaches que es el destino de todo lo que ha dejado de servir para lo que era.


Aún así, siempre cae algún grano que los ratones roen de manera muy curiosa, pues se comen sólo la parte más blanda de la semilla, y dejan los granos de maíz con forma de media luna. También el jabalí entra de noche en los maizales y lo tumba como si empujara a un árbol para alcanzar las mazorcas, y al día siguiente aparece una parte del maizal aplastada, despeinada como los campos de centeno cuando llueve.


Los campesinos, para ahuyentarlos, dejan un perro atado, para que ladre; o una radio, para que vocee.


Campesino, jabalí, ratón, y semilla, están esperando hoy a que escampe.

martes 27 de mayo de 2008

En medio del camino. Miguel Ibáñez

El jardín de Pontoise. Camille Pissarro



No sé cómo se llaman esas flores.

Me basta con saber

que las recordaré

después de que se hayan marchitado.

lunes 26 de mayo de 2008

Una lectura protestante de Expiación, de Ian McEwan

El martirio de Santa Cecilia. Stefano Maderno

Hace unos días he terminado de leer Expiación, del inglés Ian McEwan. Se trata de uno de los más conocidos novelistas de la generación de Martin Amis, Julian Barnes, etc.
No os voy a contar ahora la novela ni voy a hacer una reseña crítica (afortunadamente ando escaso de tiempo estos días, y eso no es malo, porque ya se sabe que el ocio es el padre de todos los vicios, incluido el de la pedantería)
Sólo quería comentar un aspecto que me ha llamado la atención. Uno de los personajes centrales de la novela comete, siendo aún muy joven, apenas una niña, una mala acción.
Sin ser plenamente consciente de ello, acusa falsamente a otro personaje de violación, y esa acusación acarreará graves consecuencias, no sólo para el acusado, sino también para otros personajes.
Años más tarde, la niña que levantó falso testimonio ha crecido y se ha dado cuenta de lo grave que fue su comportamiento. Entonces se condena a sí misma a expiar el daño causado, y para ello se castiga renunciando a su carrera y a su vida de clase acomodada, desempeñando un trabajo humilde y sacrificado, convirtiéndose en una persona abnegada, ascética, alguien que ya sólo va a vivir para los demás.
¿Pero ha borrado así su falta? Lo sabrán quienes hayan leído la novela, y a quienes no la hayan leído no se la voy a fastidiar aquí. Pero sí llego aquí a algo que fue el principio mismo de la rebelión de Lutero y que desde entonces es el principio básico del protestantismo, aunque los protestantes lo traicionemos una y otra vez: me refiero a la justificación por la fe, "sin las obras de la ley".
Los seres humanos luchamos siempre contra el sentimiento de culpa (antiguamente por ser pecador, hoy en día por ser gordo, pobre, feo..., es decir, por ser pecador una vez más, esta vez contra los mandamientos de la sociedad neopagana en la que vivimos)
Para quitarnos de encima ese sentimiento de culpa recurrimos a dos medios de defensa: la negación pura y simple o la expiación, el sacrificio, el castigo... La negación produce sinvergüenzas y el castigo fabrica acomplejados. Acomplejados orgullosos de sí mismos, eso sí, puesto que no le deben nada a nadie: si tuvieran que rendirle cuentas a Dios le tratarían más o menos de igual a igual, puesto que ellos ya han cumplido su parte: ya se han sacrificado bastante.
Ese proceso psicológico por el que alguien se entrega a sí mismo a las llamas del martirio para mantener intacto su orgullo es el que retrata McEwan con una inmensa capacidad de análisis de caracteres, la de los grandes novelistas.
Y ese proceso es el que podemos extender, más allá de un personaje concreto, a una variedad infinita de personas y situaciones, a nosotros mismos también. Si en la época de Lutero había que revelarse contra un Dios terrible que exigía abstinencias, peregrinaciones y renuncias de todo tipo; en la nuestra el mensaje de la justificación por la fe sigue siendo igual de válido: los dioses de nuestra época no son menos crueles.
Por eso me parece que el contenido central del protestantismo sigue estando vigente. Nuestra relación con el otro -ese Otro misterioso e inefable al que llamamos Dios, y el otro no menos misterioso que es nuestro prójimo- está condenada de entrada si la planteamos sobre la petición de cuentas, la exigencia de ofrendas y sacrificios o la búsqueda de una sabiduría o una santidad que nos lleven por la senda del orgullo espiritual.
Se trata más bien de aceptar al otro tal como es, puesto que el Otro ya nos ha aceptado a nosotros tal como somos.

domingo 25 de mayo de 2008

Song of the forth magus. Robert Nye

Sainte famille. Lydia Markiewicz


Con aire marfileño tiro en la Nochebuena
a la vieja luna del pelo
y la arrastro por la nieve virginal.
La oscuridad, fría como el calvario.
Desnudas las estrellas contra la negra red
del cielo arácnidas reptan.
Duerme mi niño junto a María mientras puedas,
cabalga en la gloria, en sueños, a lomos de un burro:
El mañana exigirá otra historia.

Traducción de Imanol Gómez

sábado 24 de mayo de 2008

Santanderinos. Miguel Ibáñez

La movida. Guillermo Grandal


En los días de luz entre borrascas
nos sentamos al sol en las terrazas,
pedimos el vermú y los calamares
con descaro burlón y bullanguero,
como niños que gritan y provocan
a las nubes y al viento del oeste
para salir corriendo cuando vengan,
y así entre esas carreras y esos juegos
van pasando las sombras del invierno,
van pasando los meses y los años,
va llegando la muerte, y la esperamos
sabiendo que al final nos va a pillar
y que en el fondo ya iba siendo hora,
y tampoco es que pase nada grave:
ni siquiera morirse es de morirse.

viernes 23 de mayo de 2008

Fotografías de Carlota Fuentevilla
























Publicábamos hace poco unos poemas muy interesantes de Carlota Fuentevilla. No menos interesantes son las fotografías que ponemos hoy, como podéis ver, y es que Carlota hace de todo.

jueves 22 de mayo de 2008

No second sight. Robert Nye

Abismo. Susana Bonet


No tengo el don de la clarividencia, ni el arte
de buscar en tus ojos para encontrar allí mi corazón,
ni sinceridad para incendiar, a pesar
de que aún amo alimentar el fuego
del que una sombra soy
con algunas mentiras aprendidas
en la escuela de la noche
donde a primera vista aprendí a amarte.



Traducción de Imanol Gómez

miércoles 21 de mayo de 2008

El humo de mi alivio. Carlota Fuentevilla


Carlota Fuentevilla nació en Santander en 1988, pero ha residido en Torrelavega. Estudió el Bachillerato Artístico en el Instituto de Educación Secundaria Manuel Gutiérrez Aragón de Viérnoles. En ese centro tuvo como profesor a Juan Carlos Fernández Izquierdo, quien le descubrió el mundo de la fotografía. Al acabar el Bachillerato se trasladó a Granada para cursar los estudios de Bellas Artes. Es en esa ciudad en la que ha quedado finalista del premio de poesía para jóvenes creadores que convoca y publica la Editorial Alea Blanca, con el libro titulado El humo de mi alivio. Con una mirada curiosa y reflexiva dirigida alrededor, con una energía propia de su juventud, la poesía y la fotografía centran su interés.



IV

Esto es la ruina del silencio a destiempo.
Esto es la resurrección del sonido adormecido.


V

Hay cosas que no debemos saber,
y que yo no sé,
y que tú no sabes.
Hay una sola forma de ser sabios.
A veces, nada más que intuiciones
y el corazón dando vueltas,
trastornado.


VIII

Fue.
El estómago destrozado,
el diafragma roto.
Pensando…
Llegó.
El mismo pelo.
El mismo modo de andar.
Nada…
Sin luz.


X

Hay un castigo infinito
en este caer de párpados,
comunión de pestañas y sombra.
Y en un instante,
el reflejo del rayo virgen,
(ahora muerto)
en mis ojos ya cerrados.


XII

Como cosa única, homogénea y vibrante,
la materia que nos une.
Y sube en ella despacio, trazando bucles,
distraído en una danza indefinida por el frío,
el humo de mi alivio.


XVI

Frío de perderte.
Manta.
Abrigo de hacerlo

martes 20 de mayo de 2008

Viento del nordeste. Miguel Ibáñez

Fotografía de Jorn Olsen


Las sábanas tendidas
hacen de espanta-nubes:
con grandes sacudidas y aspavientos
asustan a los nimbos y los cúmulos
para que no desciendan
a comerse la luz que hemos sembrado.

lunes 19 de mayo de 2008

La peluca de las cosas. Lo ignorado. Alberto Santamaría

Entrada. Amadeo de Souza-Cardoso


Alberto Santamaría es uno de los poetas más interesantes de la actualidad. Le pedí un poema para el blog y ha tenido la gentileza de enviarme este inédito en el que lo cotidiano adquiere un aura misteriosa, los objetos banales se transforman en símbolos y la narración y la meditación fluyen juntas, sin que se estorben la una a la otra.
Gracias, Alberto.



Pero lo ignorado también existe en sus pequeños actos. Se trata
de no volver con las manos vacías, por eso traemos vino
y algo de queso para la cena; miramos el rastrillo
que junto a la puerta tienta nuestros dedos, la barba del cartero
que se espesa casi blanca a la altura de la barbilla; medimos nuestra distancia
hasta el cubo lleno de leche
sobre el que un hongo de humo asciende —niebla
que atrae al alto hocico del invierno—. Nos llevamos el vaso a la boca
que luego volveremos a colocar sobre la mesa
con la marca lechosa del sorbo en su filo. Es algo más
que la aparente variación de un músculo. En los márgenes
siempre hay vida, como ves. ¿Quién guardará entonces nuestro secreto
ahora que hemos perdido los billetes de vuelta?
Nada en este lugar nos es familiar. Ni la luz que exagera
sus límites, ni el timbre metálico del carnicero
que afila sus cuchillos alejado ya de su presa. Nada. (No te preocupes,
estás a salvo,
la ola de secuestros no te afectará a ti que comercias
con pequeñas lagartijas de cobre. Pero ¿quién es toda esta gente
que respira dentro de un enorme signo de interrogación?)

—Oye, preguntas mientras descifras el número exacto de tu asiento,
¿sabríamos vivir en una ciudad tan común como esta?

domingo 18 de mayo de 2008

Relatos de pueblo con picota: memoria viva. Luis Alberto Salcines


Escribe Eutiquio Cabrerizo en su primera estampa, En septiembre las palomas, a modo de declaración de principios: “Los que hemos aprendido a vivir lejos de los lugares donde disfrutamos de la inocencia conservamos la memoria preñada de olores, de sabores, de sonidos y paisajes que quedaron sembrados para siempre en nuestra cabeza. El olor de los árboles cuando nos bañábamos en el río a la sombra de las choperas. El sabor de la fruta de los huertos que cogíamos todavía un poco agria y comíamos casi de la rama. El sonido brillante y claro que esparcía el campanario de la iglesia los domingos por la mañana y nos despertaba emociones de fiesta.”
Continúa: “Y cuando necesitamos coger aire para reconfortarnos en el desarraigo nos dejamos arrastrar por la tolvanera de todos los recuerdos y volvemos al sitio donde nacimos buscando las huellas sagradas que ha ido respetando el tiempo”.
Estos dos párrafos expresan el espíritu de la prosa escrita por Eutiquio Cabrerizo y con ellos comienza también el último relato, Entramorríos, como una forma de cerrar el círculo.
El libro lo constituyen una serie de evocaciones del autor de su pueblo de infancia. En ellas Eutiquio rememora en relatos de apenas dos o tres páginas imágenes de su infancia, olores, personajes singulares, costumbres, fiestas, refranes… De las costumbres vinculadas a las estaciones del año y las tareas agrícolas correspondientes. Habla de la emigración española a centro Europa o a la capital para conseguir un trabajo de portero (Desarraigo), de misteriosas leyendas (la búsqueda de un supuesto tesoro en Las huellas de un tesoro) y tradiciones transmitidas oralmente (las marzas en La ronda de los mozos), del miedo de los pueblos a las incursiones de los lobos en sus rebaños y las múltiples leyendas sobre ellos, del niño que tiene que irse al colegio de la capital, de sus añoranzas del pueblo en él y, de sus regresos en las vacaciones infinitas del verano ansioso por conocer todo lo que ha sucedido en el pueblo durante su ausencia.
Habla de las gamberradas propias de la juventud y de los juegos: “Los juegos tenían nombres que no existen en los diccionarios, y despertaban en nosotros el embrujo mágico de los buenos ratos vividos otras tardes jugando y riendo sentados en corro alrededor de la lumbre mientras escuchábamos el viento que aullaba en la chimenea y sabíamos que fuera seguía lloviendo o nevando”.
Una cierta nostalgia macera sus relatos, que se teñirá de miedo en algún caso concreto, por ejemplo ese miedo atávico de los niños a los traslados de domicilio de sus padres, de ciudad: “El día que los padres dijeron a su hijo que iban a irse a vivir a Madrid a trabajar en la portería de una casa de gente muy rica que les habían buscado unos parientes en vez de alegrarse se entristeció pensando que allí no conocería a nadie para jugar a la tuta, cambiar los papeles repetidos o ir a los plantíos a matar pájaros”.
O cuando le llevan al nuevo colegio de la ciudad: nuevos amigos, la experiencia de ir en tren por vez primera: “La locomotora es como una trilladora con las tripas llenas de carbones encendidos que va resoplando humo por la chimenea y arrastra más de veinte vagones si hace falta”.
El tren como modernidad no conocida, pero asimismo, la decadencia de los pueblos cuando el tren deja de ser rentable y ya no presta servicio.
Muchas de las páginas del libro están inspiradas en la oralidad transmitida En ella cumplen un papel fundamental los ancianos, que son los que dan las consejas. En el libro de Eutiquio esa función la realizan los abuelos, que son los que dan ternura y cariño incondicional a la vez que cuentan las historias que luego él ha desarrollado (La cocina).
“Ya no quedan en los pueblos contadores de historias como ella, y cada vez hay menos gente que se reúna alrededor de la lumbre para hablar del pasado o de las cosechas, o entretener a los más pequeños de la casa jugando a aquellos juegos entrañables a los que ya nadie volverá a jugar”.
Y siempre con mucho humor y aludiendo a la fina ironía pero noble de las gentes de los pueblos, a su picaresca burlona, en determinadas ocasiones, relacionada con la dignidad ofendida, relacionada con la supervivencia otras (A última hora).
Uno de los logros de Eutiquio es el cómo cuenta las cosas. Parece que las leyendas e historias que nos va narrando se las estamos oyendo en la cocina de la vieja casa familiar un atardecer de invierno al calor de la lumbre. Transmiten el espíritu de las consejas que él mismo, todos, hemos oído desde siempre a nuestros mayores. En su novela La charca de los enebrales, su protagonista recuerda cuando de pequeño el tío Virgilio le contaba historias: “En ningún libro encontré la emoción que sentí cuando él me contó por primera vez aquellas historias alrededor de la lumbre”.
Quiero decir que hay preocupación porque el texto esté bien escrito, por hacer literatura, pero al mismo tiempo, pon conseguir esa sencillez que remite a la oralidad, al tiempo sin tiempo. Al tiempo de conversaciones familiares y entre amigos sin la televisión que nos robe la comunicación íntima. Lo cual contribuye al placer de la lectura., al disfrute de un libro que cuando uno acaba de leerle parece que pide más.
“Extremando infinitamente la elección de cada palabra para que cada una de ellas dijese con precisión lo que deseaba decir exactamente, sin que ninguna traicionase su pensamiento y su intención de escribir” describe Eutiquio en Estelas de una diosa a su protagonista.
Las historias narradas corresponden a un pueblo castellano. Eutiqio nació en Fuentearmegil, un pueblo de Soria. Pero son historias universales. Pudieron haber sucedido en cualquier otro pueblo. Las identificamos como próximas, conocidas. Algunas en concreto, qué duda cabe, son comunes a los pueblos de los años sesenta de una España que quiere modernizarse pero que en el mundo rural están aún lejos de conseguirlo.
Y Eutiquio Cabrerizo recupera no sólo estampas de la memoria, también hay una recuperación del lenguaje, y ya sabemos la relación que tiene el lenguaje con la vida y el contexto social. Somos lenguaje. Escribía en La charca de los enebrales: “Por esa misma razón las palabras no son inocentes tampoco en sí mismas ni nosotros lo somos a la hora de elegirlas. Todas las palabras significan, y dicen mucho de lo que pensamos de las personas y de las cosas”.
Hay muchas palabras y denominaciones que son específicas de su territorio de infancia, palabras de un ámbito cultural concreto, palabras que no sé si aún se emplean, que probablemente desaparecerán porque remiten a unas formas de vida ya en desuso. “En poco tiempo se olvidaron también estas palabras y lo que significaban”, escribe Eutiquio. Cito algunas: zarragón, pingurucha, ubios, horcates, corroncho, cámbara, lebrillo, azumbre, támbaras… Son palabras que tienen un poder evocador, un sonido castellano especial. No sé si hubiese sido conveniente incluir un breve vocabulario al final del libro.
Tiene el libro un hilo de continuidad con su novela antes citada La charca de los enebrales. En ella Eutiquio nos cuenta la vida de un niño de un pueblo castellano que después de un intento en Madrid para mantener la visión, es enviado a un colegio para invidentes que él sitúa cerca de Torrelavega. La vida rural que el protagonista recuerda, las estampas que su memoria guarda de la infancia en la aldea, la experiencia intensa sentida al conocer Madrid, la gran ciudad …están descritas con sencillez y emoción, como sucede con los relatos que integran Cuentos de un pueblo con picota.
Por cierto, obra con la que obtuvo el Premio Tiflos de Novela para escritores ciegos convocado por la ONCE en 1999. Les digo el jurado: José Hierro, Luis Mateo Díez, Benítez Reyes, García Montero, Almudena Grandes y Ana Roseti entre otros. Un jurado de lujo, evidentemente.
Por último reseñar que me ha llamado la atención que no haya ninguna referencia a sucesos o personajes del pueblo relacionados con la guerra civil, de un bando o de otro, algo habitual en los pueblos que guardan rencores o silencios alusivos sobre un periodo al que no pueden renunciar aunque quieran.
Un libro, en resumen, lleno de riqueza sensorial y de lirismo en sus descripciones, de memoria y de vida, de homenaje a nuestros anónimos pueblos castellanos y sus gentes, resistiendo unos y siendo granero de España, emigrando para crear riqueza en las grandes ciudades del norte o en Madrid otros. Un libro lleno de sentimiento y melancolía. Un libro necesario.
Las ilustraciones de Cruz López más las fotos en blanco y negro, nos aproximan más intensamente a través de las escenas populares y los paisajes que recrean a la intimidad y ternura que describe Eutiquio.
“Cada pueblo tiene su historia, y cada historia tiene detrás las gentes que las vivieron, que las siguen viviendo cada día y hacen que continúe siendo posible la vida y el progreso”, escribe Eutiquio Cabrerizo. Unas estampas de esa historia, llenas de melancolía y belleza, de hondo sentimiento y de buena literatura nos las ha transmitido su autor en este libro.

sábado 17 de mayo de 2008

An end. Robert Nye

Abstracto 1. Nguyen Lam


Cielo, si mi corazón vacío un día
olvida bajo tu mejilla palpitar
-asunto que me trae de cabeza-
no te regocijes ni con mi muerte
ni con mi nuevo lecho espartano,
sino di: al fin encontró la manera
de perder el corazón y sujetar la lengua.



Traducción de Imanol Gómez

viernes 16 de mayo de 2008

Las montañas, los valles solitarios. Miguel Ibáñez

Tombstone. Jacob Lawrence



Mientras voy conduciendo,
la luz de la mañana
se me echa encima como ave rapaz,
y la gasolinera y los semáforos,
los cubos de basura y los camiones,
los anuncios de tráfico, las vallas,
la carretera, el fondo del paisaje,
los bosques, las montañas,
los pájaros, las nubes
arden con la belleza y la violencia
de la resurrección.

jueves 15 de mayo de 2008

Manuel Arce. ochenta años de intensidad vital. Luis Alberto Salcines


RODANDO, de hombre en hombre,
sin saber cómo, he caído,
cayendo
en medio del mundo mismo

Manuel Arce



Hace unas semanas cumplía sus primeros ochenta años el escritor Manuel Arce. Coincidió la fecha con su estancia en Madrid y en esa ciudad, en la que pasa temporadas en las que aprovecha para ver exposiciones y saludar a amigos, celebró con su familia el feliz aniversario.

Manuel Arce nació en San Roque del Acebal en 1928, pequeño pueblo del oriente de Asturias próximo a Llanes. El paisaje de su infancia estaría presente luego en sus tres primeras novelas, Testamento en la Montaña, Pintado sobre el vacío y La tentación de vivir, como lo estaría más adelante la ciudad de Santander. Escribía en una ocasión refiriéndose a su paisaje de infancia:

“El punto crucial de esta geografía íntima lo constituye, por supuesto, el paisaje de San Roque del Acebal (en cuya estación de ferrocarril nací) y, por extensión, lo que yo llamo sus alrededores. O sea: desde el antiguo Molino del Río Purón, en el oriente, hasta la zona occidental de Posada. Éste es, por lo general, el escenario geográfico en cuya orografía y paisaje he situado la peripecia literaria de mis personajes. Debo confesar que también era éste el territorio de mis correrías infantiles y de mis primeras romerías. A nadie puede sorprender, por lo tanto, que éste fuese el paisaje primero de mis primeras obras literarias. No un paisaje inventado, sino un paisaje vivido. Y, dentro de la narración, un paisaje revivido. Recuperado por la memoria para alimentar la nostalgia del recuerdo”

A los ocho años se traslada a vivir a Santander, territorio literario de sus novelas posteriores. Desde muy joven comienza a escribir. Conoce a Julio Maruri, quien lee sus versos y le descubre la Generación del 27. A través del poeta de Las aves y los niños entraría a formar parte del grupo Proel a partir de 1945. Sería el miembro más joven.

En 1948 crea y dirige la revista y colección de libros La isla de los ratones, en la que publicarían las voces poéticas más importantes del siglo veinte español más algunas de la lírica universal.

En 1952 abre en la calle San José, con una exposición del pintor Benjamín Palencia, la galería Sur, en la que expondrían los artistas españoles más destacados de aquellos años. Allí se vieron las obras informalistas de los grupos El Paso, Dau al Set, la renovación figurativa que aportaron las Escuelas de Vallecas y de Madrid y, por supuesto, muchos artistas cántabros del momento, desde la generación de los sesenta hasta los que fueron creciendo con la galería. Algunos de ellos mostrando sus obras por primera vez. Así durante cuarenta y dos años. Para muchos espectadores la galería Sur significó la oportunidad de acercarse al arte contemporáneo, una ventana de aire fresco en medio del adocenado arte académico.

De la importancia de su trayectoria como galerista y como editor dan cumplida cuenta los libros Poesía española del medio siglo (La isla de los ratones) en 1991 y Sur. Un escenario para la Memoria, en 1998, editado el primero por Caja Cantabria y el segundo por el Museo de Bellas Artes de Santander, en los que se evocan algunos de los momentos más significativos de ambos proyectos, sorprendiéndole al lector que no tuvo ocasión de conocerlos, la cantidad y prestigio de los creadores, tanto poetas como artistas plásticos, así como la belleza de las cuidadas ediciones. Ambos libros fueron publicados paralelamente a las exposiciones que mostraban una parte del material que conserva Arce.

Sus primeros poemas aparecen en la revista leonesa Espadaña, publicando su primer libro a los veinte años en la Imprenta de los Hermanos Bedia. Sería el primer título que saliese del histórico taller. Entre sus libros más importantes se deben citar Sonetos de vida y propia muerte (1949), Llamada (1949), Carta de paz para un hombre extranjero (1951), Sombra de un amor (1952) y Biografía de un desconocido (1954).

¿Cómo era la poesía que escribía Manuel Arce en esos años? Él mismo la comenta: “Hacía una poesía un tanto contestataria. La llamada poesía social. Que era social, pero no política exactamente. Una poesía que luego fue tan vituperada. Era una poesía que hoy llamarían “de la experiencia”. Cosa que no deja de ser una etiqueta más. Porque de la experiencia del hombre nace toda obra de arte. De la experiencia, supongo, nace todo lo que se escribe”

En todos ellos el hombre es el protagonista de su poesía en la cuál se refleja el sentimiento que le provoca la mirada que dirige a una sociedad dura y en ocasiones sin esperanza. Para el también poeta Juan Antonio González Fuentes, una poesía “en la que la esperanza y la preocupación de carácter existencial por el ser humano, como individuo y como sujeto colectivo de la historia, son los asuntos principales, siendo además tratados estos asuntos casi siempre de forma analítica y huyendo de un lirismo que podríamos calificar de subjetivo”. El amor y la soledad están presentes asimismo en su obra.

En un momento determinado deja de escribir poesía y se introduce en el ámbito de la narrativa. “Hay una primera época en la que se solapan en mí las dos cosas. Sin dejar de escribir poesía empiezo a escribir novela”, señala Arce. Como recuerda que fue Miguel Delibes, que entonces veraneaba en Suances, quien le animó a escribir: “En una ocasión quiso saber si yo había vivido aquellas fatídicas noches del Febrero del 41. Y le conté nuestra experiencia familiar. Al terminar me dijo: Manolo, tú eres un narrador nato y lo que tienes que hacer es escribir novela con este tema. Te será facilísimo. Escribí tres o cuatro capítulos. Aquello me pareció tan anodino que destruí lo escrito. Sin embargo dentro de mí había quedado algo que me impulsaba a escribir en prosa. Y me puse a trabajar en un argumento que me rondaba la imaginación desde hacía tiempo. Escribí una novela titulada Cuatro palmos de tierra. Una novela que sigue inédita en una estantería del cuarto trastero y que nunca he vuelto a leer, pero que dio motivo a que escribiera otra cosa muy distinta, Testamento en la Montaña”.

Como novelista ha publicado Testamento en la Montaña (1956), con el que obtuvo el premio Concha Espina en Torrelavega, Pintado sobre el vacío (1958), La tentación de vivir (1961), Anzuelos para la lubina (1962), Oficio de muchachos (1963) y El precio de la derrota (1970), abordando temas difíciles para aquellos años como el suicidio, la fe y las dudas religiosas, la clandestinidad y las luchas políticas, y siempre con una preocupación por los temas sociales. Alguna de sus novelas ha sido llevada al cine, como Oficio de muchachos, si bien hay que decir que con no mucho acierto: mejor leer la novela.

Para abundar más en su actividad cultural, podemos citar su presencia como miembro de los jurados de diferentes premios poéticos de nuestra comunidad (José Hierro y Alegría del Ayuntamiento de Santander, Gerardo Diego de la Consejería de Cultura, entre otros): a él se debe la creación de los premios del Consejo Social de la Universidad para estudiantes cántabros creados durante su etapa de presidente de esta institución y que darían lugar a la colección del mismo nombre. Precisamente él fue el primer presidente del Consejo Social.

Este apretado recorrido biográfico, parece que es el balance de la intensa vida literaria de un autor al que se quiere hacer un homenaje por su brillante trayectoria. Y puede dar la impresión de que la persona homenajeada esté retirada en su casa mirando al mar, en al caso de Arce mirando la bahía santanderina, y evocando melancólicamente imágenes de su pasado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Manuel Arce cumple calendarios pero sigue mostrándose activo.

Más allá de recrearse en lo ya realizado, en los dos últimos años ha publicado dos nuevos trabajos. Por un lado, la novela El latido de la memoria, ambientada durante la guerra civil en Santander, y con la que obtuvo el premio Alarcos en Oviedo, donde reflexiona sobre el dolor, los odios y las venganzas en unas situaciones que nunca tenían que haber ocurrido.

Por otro lado, la antología Poesía del medio siglo en Cantabria: 1950-2000, un estudio de la lírica de nuestra comunidad que inicia con Gerardo Diego y llega hasta Miguel Sacristán como poeta más joven.

A estas publicaciones hay que añadir La isla de los ratones (hojas de poesía), la edición facsimilar que Visor Libros ha hecho de la revista. Un hermoso volumen de ochocientas páginas para bibliófilos y amantes de la poesía con el que se recupera la memoria de una de las aventuras editoriales más importante del siglo pasado en lengua castellana (1948-1955).

Pero el rayo creativo de Manuel Arce no cesa. Ahora está entregado en cuerpo y alma a una actividad que muchos amigos le han sugerido hace mucho tiempo basándose en dos de sus cualidades, la memoria y la antes mencionada capacidad narrativa (Manolo es de las personas que mejor saben contar historias que yo haya conocido): la redacción de sus memorias.

A partir de los cientos de cartas y fotografías que conserva y manteniendo entrevistas con algunos de los protagonistas del tiempo vivido y recuperado, está escribiendo páginas de un periodo de la cultura de Cantabria y de su propia vida, que serán muy útiles para los historiadores para conocer ese tiempo. Estoy seguro que en más de un momento se habrá emocionado, incluso alguna lágrima se le habrá escapado al surgir escenas y situaciones ya olvidadas que vuelven con toda la carga de lo intensamente vivido.

Y coincidiendo casi con su cumpleaños un verdadero regalo. La antología poética que le publica Icaria preparada por Juan Antonio González Fuentes, conocedor como pocos de su obra. Icaria, dirigida por el cántabro Jesús Ortiz Pérez del Molino, ya había editado una antología de Alejandro Gago, asimismo de González Fuentes, y el último libro de Fernando Gómez Aguilera.
La antología de Arce es una oportunidad de conocer en profundidad su obra poética, porque hasta ahora era casi inencontrable. Estoy seguro de que para más de uno será un verdadero descubrimiento.

Manolo, felicidades por las páginas de vida que sigues escribiendo.

miércoles 14 de mayo de 2008

Candles. Robert Nye

Escultura de Georges Grimal


Imanol Gómez me manda unas traducciones inéditas de Robert Nye, un poeta y narrador inglés que ha sido para mí un auténtico descubrimiento. Las iré publicando espaciadamente y espero que los visitantes de La Grúa disfruten también con ellas. Y por supuesto, felicito a Imanol por las traducciones y se las agradezco.


CANDLES

Vemos dos velas juntas derretirse
en su última hora preguntándonos si
cera y mecha se retuercen
de odio, codicia o incluso amor.
Un fuego así ilumina el pensamiento
mas un sabor a sebo deja.
Grasiento y ahumado el corazón insaciable
mantiene aún su brillo intacto;
un cristal duplicando cada llama brillante
procura más luz mas no exacta
a esta cuyo aroma sostiene
en las velas nuestra incandescencia.

martes 13 de mayo de 2008

Presentación de Sonetos del útero, de Óscar Curieses


Elena Galiano nos remite la siguiente nota:


El próximo sábado, 17 de mayo, a las siete de la tarde, se presentará en la Librería Gil de la Plaza de Pombo de Santander, el libro Sonetos del útero del poeta madrileño Óscar Curieses. Este autor ha colaborado recientemente con el primer número de la publicación digital Maisontine, revista de Arte y Cultura, que dirigen Elena Camacho, Marina Gurruchaga y Elena Galiano.

Nos gustaría mucho que pudieras acercarte al acto y compartieras ese momento con nosotros. Óscar nos leerá algunos de sus poemas y podremos charlar con él de poesía. Sabemos que estos no son quizá los mejores tiempos para la lírica, pero quisiéramos poder ser muchos el sábado y arropar a Óscar, que no tienen demasiados conocidos en Santander. Esto es lo que te podemos decir de él y de su libro:

Óscar Curieses nace en Madrid en 1972. Es Licenciado en Teoría de Literatura y Literatura Comparada, y Máster en Estudios Literarios (UCM). Obtuvo su DEA en Literatura y Artes Plásticas en esa misma universidad y próximamente leerá su tesis doctoral titulada Paul Auster y el cine: palabras de la imagen. En la actualidad trabaja como docente universitario para la Fundación IES (Chicago) con sede en Madrid y es el coordinador de los Talleres de Poesía de la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid. Es director de la editorial independiente Augur Libros que publicará sus primeros títulos en otoño de 2008. Su poesía aparece publicada en distintas revistas españolas y ha sido traducida al francés (revista Le Fram nº17). Parte de su obra se recogió en la antología Todo es poesía menos la poesía, 22 poetas desde Madrid (Eneida, 2004) y ha publicado hasta la fecha Sonetos del útero (Bartleby Editores, 2007). Asimismo es autor del libro inédito Soles de estiércol. Además, ha participado en varios espectáculos multidisciplinares como Biolencias, Cuerma y En el bosque del Quijote, estrenados en distintas salas de la Comunidad de Madrid.

En palabras de J.L. Gómez Toré, autor de la reseña de la edición de Bartleby Poesía, "Los Sonetos del útero nos ofrecen una experiencia del lenguaje como materia, pero también una vivencia del cuerpo como memoria y como lenguaje. La materia (como la propia poesía) se revela a un tiempo matriz y abismo, lugar de las metamorfosis donde se hermanan destrucción y creación. El diálogo que el autor establece con la tradición poética radicaliza la disolución del soneto ya presente en autores como Cummings o Neruda. Sonetos sin rima, sonetos que se deshacen para convertirse incluso en poemas en prosa, sonetos truncados por al propia voz que los teje, los Sonetos del útero nacen de una mirada que sabe que la poesía no es un discurso cerrado sobre sí mismo, sino ese lugar abierto que antecede a todo lenguaje".

Sonetos del útero ha sido presentado ya en Madrid, Barcelona y Murcia. Pueden leerse poemas y reseñas de Óscar Curieses en su propio su blog (http://www.cuerma.blogspot.com/) y también en el número 1 de Maisontine (http://www.maisontine.es/)

Presentación de El hombre divergente, de Marc. R. Soto


OS ESPERAMOS A LAS 20h. EN LA LIBRERÍA GIL DE HERNÁN CORTÉS


Presentación de El hombre divergente en Santander


El escritor Marc R. Soto presentará el próximo jueves, 15 de mayo, en Santander su nuevo libro, El hombre divergente, publicado recientemente por la editorial Grupo Ajec dentro de su colección Albemouth. El acto contará con la presencia de Carmen Pila, presidenta de la Sociedad Cántabra del Fantástico.
Marc R. Soto (Santander, 1976) está considerado como una de las promesas de la literatura de terror en España. Sus relatos, siempre apegados a una realidad cotidiana y perfectamente reconocible, han aparecido en la revista estadounidense Ellery Queen's Mistery Magazine, así como en antologías compartidas como Paura, Visiones, Artífex o Los nuevos de Alfaguara. Es autor de una antología de cuentos, Los muertos no caminan, y ganador de premios como el José Hierro, el premio Lituma o el Jóvenes Talentos Booket.
En este nuevo libro, Marc R. Soto nos ofrece una docena de relatos que, junto con la novela breve Mosquitos, se complementan entre sí para formar una sola historia, la historia de El hombre divergente.


MÁS INFORMACIÓN: http://www.marcrsoto.es/

lunes 12 de mayo de 2008

Microrrelato: La lluvia futura. Miguel Ibáñez

Fotograma de Stalker. Andrei Tarkovski


Un pájaro cruza la ventana.
Después otro.
Después otro, y otro más.
Y más…
Llega a hacerse monótono.
El hombre aparta su vista de la ventana y vuelve a posarla en la pantalla del Sistema Post-informático de Tratamiento de Datos.
Pero siente una punzada de melancolía: a veces echa de menos los tiempos antiguos, cuando llovía agua.

domingo 11 de mayo de 2008

La puerta de Volterra. Marina Gurruchaga

Paisaje en oscuridad. Vincent Van Gogh


El viernes se presentó en la librería Gil La puerta de Volterra, una recopilación de poemas de Marina Gurruchaga. A su labor como traductora de Hilde Domin me remitía hace poco, y habría que añadir al menos su traducción de cuatro poemas de Stefan George en la revista Ultramar (número 6-7). Sin duda, merecería la pena que alguna editorial seria se interesara por esas traducciones de poetas tan interesantes como poco difundidos en lengua española.


Pero hoy es la propia obra poética de Marina Gurruchaga la que nos ocupa. El libro tiene una buena introducción de Elena Galiano que le servirá de guía al lector, de manera que yo me limitaré a añadir aquí unas breves impresiones, al hilo de una primera lectura.


Tengo la opinión -simple y algo patética, como todas las opiniones lanzadas al aire de un blog o de una tertulia literaria- de que el simbolismo marcó definitivamente el rumbo de la poesía contemporánea, de manera que todas las corrientes de la poesía moderna se pueden reducir a dos: la que convierte el símbolo en el centro del texto (vanguardias, hermetismo...) y la que reacciona contra esa centralidad de lo simbólico intentando recuperar el lenguaje "natural", inmediatamente comunicativo (poesía social, poesía de la experiencia...)


Las dos tendencias se remiten al simbolismo de manera inevitable y casi trágica, ya sea para afirmarlo o para negarlo, para profundizar en sus caminos o para plantarse junto a la señal de Dirección obligatoria y gritar: de aquí no pasamos.


Pues bien, Marina escoge de manera definitiva y valiente la primera opción. Habla mediante la sugestión y la alusión, mediante el símbolo y la metáfora; pero lo que hace -y eso la distingue de tantos metaforizadores de oficio- es insertar su propio estilo en una tradición cultural. Me refiero a la tradición cristiana.


De esa tradición hereda una actitud en primer lugar: la que al menos desde Orígenes interpreta el mundo como un texto, legible a la luz del texto sagrado. Al ser iluminadas las cosas del mundo por esa luz adquieren un sentido nuevo, espiritual, y ese sentido espiritual es el que Marina indaga con su poesía.


En segundo lugar hereda un marco narrativo en el que sitúa su propia simbología. El lenguaje a veces difícil de Marina Gurruchaga no responde al capricho del poeta, sino a la necesidad de hablar de lo que está más allá de las palabras. Pero ese "más allá" no es el resultado de una mera especulación personal, sino la otra cara de la realidad, una realidad objetiva en la que el tiempo, la muerte y Dios son cauces, señales que delimitan ese marco narrativo -el de la caída y la redención- por el que fluye de manera natural el lenguaje poético. Ese cauce ayuda a objetivar el contenido de una poesía menos polisémica de lo que parece a simple vista.


En fin, ya hablaré con más detalle, y de forma menos atropellada, de la poesía de Marina. Hoy tan sólo me queda añadir un poema del libro, uno de los que más me han gustado porque aúna la riqueza simbólica de la que he hablado con una sencillez expresiva verdaderamente bella.




Han caído ya

Todas las manzanas.

Se han precipitado desde la bóveda azul y oro

De la tarde de diciembre.

Su gruesos cuerpos, tras de un instante

De júbilo en el fragor del viento,

Estallan sobre la blanda madre,

Sobre la tierra que ya no las conoce,

Ruedan entre la hierba humedecida,

Se preparan para la muerte que comienza.

Hay humo en el jardín,

Humo del tiempo que siempre se repite

Pues que pasa.

Ahora los manzanos se van ennegreciendo,

Sus ramas inmóviles como estandartes

De la noche, pacientemente otean

Sobre el muro las señales queridas.



sábado 10 de mayo de 2008

Principio y magnitud. Imanol Gómez

La mañana en el puerto. Claudio de Lorena


Los cuatro poemas que publicamos hoy pertenecen al libro Miradas de plomo, de Imanol Gómez.
Imanol es un poeta reflexivo que se sitúa a medio camino entre la poesía y la filosofía, o más bien adopta un punto de vista amplio que le permite utilizar el lenguaje poético para expresar un pensamiento hondo y elaborado, en el que siempre están presentes las cuestiones esenciales.
Aquí hemos publicado otros textos suyos -se puede acceder a ellos desde la sección de etiquetas- y esperamos seguir haciéndolo en el futuro: siempre es un honor contar con colaboradores así.
También se pueden leer en la red artículos suyos de crítica literaria. Entre ellos recomiendo, por lo que me atre el tema, La bohemia española, un trabajo interesante sobre los poetas bohemios de la época modernista.

Principio y magnitud

In my beginning is my end.
En mi principio está mi fin.
(T.S.Eliot, East Coker, I, The Waste Land)

I

En el principio acariciaba ya
con su destructora insinuación
fijeza en la pose, mano desmedida
los ribetes de un futuro estigma,
de una pasión menguada,
de un calendario obsoleto.
En el principio era ya la muerte
que descansaba,
sabia,
henchida.

II
Un sapo es un círculo, un sol hacia dentro.
(L .M .Panero)

En el principio era ya el pájaro
quien en las horas muertas
- las más productivas-
silbaba tonos pretéritos,
sones ancestrales
de la soledad del sapo
sollozando en su charca,
donde cree atisbar el futuro,
y en sus ojos
los húmedos crímenes del mundo.

III
En el principio era la materia
- oscuro asunto de filósofos-
lo desconocido,
y era el viento,
era la piedra que lo llamaba
con el agua y sus veneros,
el susurro mineral de la arcilla
y la madera
desde la que el hombre,
inventando el eco de un aullido,
se fue haciendo humano
para dar respuesta al
olvido de su origen
origen de su olvido.

En mi fin está mi principio.
In my end is my beginning.
(T .S .Eliot, East Coker, V, The Waste Land)

IV
Los hijos, según los padres
recrean el infinito.
Los padres, según los hijos
representan la cordura,
la presencia de lo finito.
Los padres y los hijos
infinitud de lo finito.

viernes 9 de mayo de 2008

Rumor oculto. Pablo García Baena

Paisaje impresionista. Cesáreo Bernaldo de Quirós.

Quiero que sea mi verso
como luna de abril,
como las rosas blancas,
como las hojas nuevas.
Que mi cítara suene
como el agua en la yedra,
que mi canto sea nada
para que lo sea todo
y que a mis versos caigan
heridas las estrellas.

jueves 8 de mayo de 2008

La llamada a la puerta. Dino Buzzati

La puerta. Fotografía de Francisco de Asís Giménez Rocamora

Se puede resumir una vida en muy pocas líneas, pero hay que tener mucho arte y "mu jondo" para que el relato no sea, precisamente, un simple resumen.
El maestro Buzzati lo consigue con un texto que es casi un poema: está entre el poema y el relato y tiene probablemente lo mejor de ambos géneros. La música y la narración suelen salir de paseo cada una por su lado, pero a veces coinciden y del encuentro nacen obras de arte como esta.


Toc, toc, ¿quién será? ¿Abuelito con los regalos de Navidad?


Toc, toc, ¿quién será? ¿Giorgio? ¡Dios mío, si en casa se dan cuenta!


Toc, toc, ¿quién será? Apuesto a que es él. Con los años no se le pasan las ganas de gastar bromas, a mi Giorgio.


Toc, toc, ¿quién será? ¿Tonino que vuelve a estas horas? ¡Oh, esos dichosos hijos!


Toc, toc. Debe de ser el viento. ¿O los espíritus? ¿O los recuerdos? ¿Quién podría venir a buscarme?


Toc, toc toc.


Toc, toc.


Toc.

miércoles 7 de mayo de 2008

El reloj de arena. José Alberto García Avilés