lunes 4 de agosto de 2008

Tres cuentos de Alexandr Solzhenitsyn


El gran escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn ha muerto. Recuerdo el impacto que fue la lectura de Archipiélago Gulag cuando aún pensábamos que los campos de exterminio nazis eran intrínsecamente perversos mientras que los soviéticos no eran más que accidentes en el camino. Recuerdo también su famosa intervención en TVE, en el programa de Íñigo, y la reacción sectaria de la intelectualidad española, entre otras la de Juan Benet, aquel notable ingeniero.

Como homenaje al maestro pongo tres breves relatos de su libro Cuentos en miniatura.

La fogata y las hormigas

Arrojé al fuego un pequeño tronco podrido sin darme cuenta de que en su interior había un hormiguero.
El tronco empezó a quemarse; las hormigas se arrojaron afuera desesperadas, y comenzaron a correr en todas direcciones. Corrían hacia arriba y abajo y se contraían quemadas por el fuego. Cogí el tronco y lo hice rodar hacia un costado. Ahora innumerables hormigas escapaban de la muerte, corriendo por la arena, entre las agujas de los pinos.
Pero, cosa extraña, no se alejaban del fuego.
Apenas respuestas de su terror, regresaban, giraban un momento alrededor, y luego una fuerza misteriosa las llevaba de nuevo allí, hacia la patria abandonada. Muchas de ellas escalaban de nuevo el tronco ardiente y lo recorrían sin cesar hasta que encontraban la muerte.


Sharik

En nuestro patio un chico tiene encadenado a su perrito, Sharik. Lo tiene así desde que era un cachorrito. Una vez fui a llevarle huesos de caldo humeantes y aromáticos, pero justo en ese momento el chico soltó al pobrecito.
La nieve en el patio es copiosa y blanca. Sharik, lleno de júbilo, da vueltas por el patio, salta como una liebre, el hocico lleno de nieve, corre por todos los rincones, del uno al otro, del uno al otro... Se me aproxima, todo velludo, salta alrededor de mí, huele los huesos y vuelve a correr como diciendo...
"No necesito yo sus huesos...sólo dénme la libertad"

El tronco de olmo

Estábamos serrando leña, cogimos un leño de olmo y dimos un grito: desde que cortamos el tronco el año pasado, y lo arrastramos con el tractor, y lo serramos en trozos, y todos ellos los echábamos a la barca y al carro, y los apilábamos en un montón, y los echábamos por tierra, el leño de olmo ¡no se rindió!
Kabzpi desde su interior es un fresco brote, un futuro olmo entero o una rama espesa y rumorosa.
Ahora, ya hemos colocado el leño sobre el caballete, como sobre un cadalso, pero no nos atrevemos a hendirle la sierra en el cuello. ¿Cómo serrrarlo? ¡Si también él quiere vivir! Hay que ver como quiere vivir. ¡Más que nosotros!

2 comentarios:

Black Strawberry dijo...

Hola Miguel. Mi nombre es Isabel Ibáñez, soy mexicana, de la ciudad de México. Llegué a tu blog por mera casualidad y me sorprendió mucho ver que tenemos el mismo apellido. Aquí en México, por lo menos, no hay muchos Ibáñez y menos que les guste la literatura. Yo estudié Filosofía, pero la literatura también me fascina. Ha sido un placer encontrar tu blog. Yo no he leído nada de Alexandr Solzhenitsyn, pero con lo de su muerte reciente estaba buscando algo para conocerlo y así llegué a tu blog. Los cuentos son hermosos.
Saludos, te dejo mi mail:
isabelibanez24@gmail.com
Un gusto...

Miguel Ibáñez dijo...

Hola Isabel. Encantado de que mi blog haya podido serte útil. Aquí el apellido Ibáñez es relativamente común (no es de los más vistos pero tampoco es demasiado singular)y en concreto hubo unos cuantos Ibáñez que salieron desde esta región del norte de España a México, en tiempos en que la corriente migratoria era la inversa de ahora: los españoles iban a ganarse la vida o a sobrevivir a la dictadura a América.
Te escribiré a tu mail.
Un abrazo desde este lado del Atlántico.