La Alianza Evangélica Española ha protestado por el funeral católico que se va a oficiar por las víctimas del accidente de aviación. Supongo que tienen razón: en un estado laico no debería haber religiones oficiales, o si acaso todas deberían tener un reconocimiento oficial. Pero sea como sea yo prefiero traer aquí testimonios como el del padre Ángel Camino Lamelas, agustino, que hoy escribe este artículo en El Diario Montañés.
Se podrá disentir de la teología católica en algún punto o en muchos, se puede no estar de acuerdo con su concepto de funeral por los muertos, con el Purgatorio, con lo que se quiera, pero a ver quién se atreve a decir que Dios no estuvo también allí, con este cura y con los familiares de las víctimas:
Todos los veranos acudo a Santander. Es una cita más que obligada por raíces, por familia y por todo el entorno natural. Varias veces me he asomado a las páginas de este periódico para transmitir mis vivencias, la mayoría de ellas muy alegres. Hoy lo hago de nuevo pero por un motivo bien distinto. El accidente aéreo del pasado 20 de agosto en Barajas-Madrid con 154 fallecidos y una veintena de heridos lo he vivido en primera persona como respuesta a la petición de ayuda que hizo el Arzobispado de Madrid a los sacerdotes. Yo era uno de ellos pues como agustino me encuentro de Párroco en Santa Ana y la Esperanza del Barrio de Moratalaz. Igual que en el 11-M acudí de inmediato como tantas otras personas y organismos de todos conocidos. También los sacerdotes. Después de seis días al lado de las familias de las víctimas me parece oportuno compartir con otros muchos la experiencia vivida y así conocer otra cara más oculta.
Prefiero hacerlo desde la cercanía y la sucesión natural de los días. Me hice presente los dos primeros, 20 y 21, en el IFEMA y los cuatro siguientes, 22, 23, 24 y 25 en el Hotel Auditórium.
El 21 celebramos la Eucaristía a las 11,30 de la mañana en una sala de IFEMA. La presidió Don César Franco, Obispo Auxiliar de Madrid y Don Francisco Cases, Obispo de Canarias con unos 20 sacerdotes. El Sr. Cardenal Don Antonio Maria Rouco Varela nos llamó minutos antes de la celebración desde Alemania para asegurarnos su unidad más estrecha. Participaron unos 150 familiares de las víctimas. Don César transmitió un mensaje muy profundo de esperanza cristiana junto con los sentimientos que el mismo Jesús tuvo frente a la muerte de sus amigos y otras descritas en el Evangelio. Ya me sorprendió allí mismo, a menos de 24 horas, la entereza, resignación y fortaleza cristiana de muchos de los presentes.
Justo cuando terminó la Misa, y no pudiéndose celebrar otra por motivos de organización, llegó una familia de 15 miembros que habían perdido a cinco (la hija, el yerno y los 3 nietos). Querían tener "el consuelo de Dios" en palabras textuales de la madre; el contacto con "algo sagrado". Me hice cargo de esta familia, buscamos un lugar y tuvimos una celebración de la Palabra con lecturas de la Biblia, oraciones y peticiones. Quedaron muy reconfortados. A esta familia les reencontré después de cuatro días con la "satisfacción" de haber identificado a los cinco. ¿Qué lección!: tuvieron tiempo para llamar desde el avión que les trasladaba a Canarias con sus difuntos para agradecer nuestra cercanía y cuanto habíamos rezado por ellos en esos días.
El 22 ya fui directamente al Hotel Auditórium. El largo pasillo estaba repleto de familiares. Imposible saludar a todos. He avanzado lentamente saludando a cada grupo familiar, en general numeroso, y sentándome con ellos el tiempo que fuera necesario aún en detrimento del resto. Este ha sido un capítulo precioso donde yo mismo he sido el primer edificado. No pretendo relatar todos los casos. Sí algunos brevemente. Un padre de familia me dice: "tengo 3 hijos; dos varones en Madrid y la chica de 34 años en Canarias. Cuando he salido de Canarias hacia Madrid no sabía cómo estaba mi hija, si viva o muerta. Puedo decirle P. Ángel que las dos horas del viaje las he hecho en la más profunda unión con Dios, pidiendo que si es su Voluntad la encontrara viva; ni siquiera me di cuenta de la persona que iba a mi lado. Nada más llegar a Barajas me comunican que me hija había partido definitivamente. Se la he ofrecido al Señor. Es muy doloroso pero por algo Dios permite las cosas". Con un apretón de manos nos hemos despedido hasta el invierno; se quiere trasladar a Madrid y verme a la Parroquia. Creo que han identificado a su hija. No volví a encontrarme con él.
Un matrimonio me comenta "queremos recordar a nuestro hijo como el hombre para los demás. Vivía pendiente de todos, especialmente de los más pobres. A finales de junio nos dice: madre cuando puedas ponme una manta en la cama. Había cogido la suya para dársela a unos inmigrantes llegados al pueblo en la más absoluta pobreza". La madre se desahoga hablando de su hijo. Cuando vuelvo al día siguiente la encuentro en el pasillo y exclama delante de todos "¿el Padre Ángel!" y me da un abrazo. Se acerca la hija y me dice "no sabe cuánto le ha ayudado a mi madre la conversación que tuvo con usted ayer; estaba deseando verle de nuevo y pensó que ya no vendría". Hemos prolongado nuestro encuentro un buen rato.
Sentados en un grupo, una madre que había perdido al hijo, la nuera y la nieta me dice, "Padre: Dios es injusto, se ha portado muy mal, nos ha olvidado". No me ha parecido oportuno darle una respuesta en ese momento; sólo la he escuchado en profundo silencio haciendo mío su dolor. La conversación ha continuado. A los pocos minutos retoma la palabra la madre y me dice: "Padre, no se crea todo lo que he dicho antes. Soy creyente. Perdone. Creo en Dios. Me cuesta mucho aceptarlo y por tercera vez "creo en Dios".
No todos eran creyentes pero ninguno ha rechazado el saludo. A varios con un apretón de manos les decía "la Iglesia en España reza por vosotros". Algunos estaban como aturdidos pero acogían esos gestos y palabras con sorpresa y agradecimiento.
Con varias familias simplemente me he sentado y les he escuchado sus relatos; en algunos casos ha sido acompañar en silencio sus inconsolables lágrimas. La impotencia humana era superada con la lógica de la oración y visión cristiana de la vida. Luego cuántas historias personales e incluso confidenciales. Había tiempo para todo.
Pasados tres días he encontrado a la familia del primer día. ¿Cuánto lo han agradecido! De los cuatro han identificado a la madre. Queda el esposo y los dos hijos. Me dice el padre: "les incineramos en Madrid. Si puede acompáñenos en ese momento". Sin lugar a dudas.
He visto mucho dolor pero no desesperación. He visto a las familias muy unidas. Casi todas las familias formaban una piña: esposos, padres, abuelos, suegros, hermanos, cuñados, tíos, primos, amigos... Se ve que en España el valor de la familia todavía es algo sagrado.
Estos días muchas familias me han dado un verdadero ejemplo. Siempre que pase por ese punto lo recordaré como un lugar donde Dios ha estado presente. Ha sido muy emocionante. Ha sido llevar a las familias la presencia de Jesús. Jesús que se acercaba a los enfermos. Jesús en vida no curó todos los enfermos ni resucitó a todos los muertos pero Jesús estaba al lado del dolor.
Luego llegando a la Parroquia y, celebrando la Eucaristía de mañana y tarde, comentaba la experiencia diaria a los parroquianos y rezábamos juntos con mucha fe por todos los afectados. Esta oración se sigue repitiendo todos los días hasta que se identifique la última víctima porque hay mucho dolor en las familias y les queremos apoyar con la oración. La red de oraciones creadas en Madrid y en toda España es una realidad. Cuando he despedido a una familia entrañable por su entereza, me parecían actualísimas y como referidas a ellas las lecturas del día. Decía San Pablo a los Tesalonicenses:
"Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente y vuestro amor sigue aumentando".
"Nos mostramos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las luchas que sostenéis".
¿Casualidad? En absoluto. Sí; podemos estar orgullosos de estos hermanos nuestros. Un Guardia Civil me llegó a comentar: "Padre cuánta gente buena hay aquí". Le contesté: ¿ya lo creo! Yo lo había experimentado; el bien existe y no hace ruido; algunos son héroes. Descansen en paz las víctimas. Recobren la salud los heridos. Los familiares experimenten el consuelo que solo Dios puede dar y quede grabado el testimonio elocuente y ejemplar que nos han ofrecido. Esto sí que ha sido una lección.
Ángel Camino Lamelas es agustino, prior y párroco de la Parroquia de Santa Ana y la Esperanza (Moratalaz-Madrid)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada