Se dice que las ratas abandonan el barco que va a naufragar, cuando aún está amarrado en el muelle. Cómo se enteran de lo que va a suceder, eso no lo sabe nadie, pero sin duda tienen un instinto especial para relacionar presagios: el ruido un poco forzado de las máquinas, cierta vibración insólita del casco, el olor a tormenta, el discurso inquietante de una ratita que nunca había dado motivos de locura antes de esa fecha pero que de pronto se ha puesto a decir incoherencias, desatinos, necedades, y cuando algo suena, aunque sea vagamente, a profecía, es mejor no quedarse a comprobar nada.
miércoles 30 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada