El historiador francés Sylvain Gouguenheim ha publicado un libro en el que pone en cuestión la supuesta superioridad de la cultura árabe durante la Edad Media. Naturalmente, a los nuevos inquisidores les ha faltado tiempo para organizar una campaña contra él en la que vale todo, incluido el ataque personal, la consabida sarta de adjetivos –islamófobo, reaccionario, etc.- y la petición más o menos explícita de que el disidente sea reeducado en algún lugar de aquellos que a Benet le parecían buenos para Solzhenitsyn.
En Forum Libertas aparece un resumen del libro:
¿Fue relevante el Islam para conservar y transmitir la cultura griega a los medievales?
El medievalista Sylvain Gouguenheim dice que no. Occidente mantuvo sus raíces griegas, ampliadas desde el cristianismo oriental.
El Islam no salvó a Aristóteles. Los musulmanes medievales de Damasco, Bagdad o Córdoba no salvaron la filosofía griega y la conservaron para dársela a Occidente e iniciar un renacimiento cultural.
Según el último libro del medievalista Sylvain Gouguenheim, profesor de historia medieval de la Escuela Normal Superior de Lyon, el papel islámico en la protección del legado griego no fue decisivo. Occidente, por ejemplo, siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.
Sylvain Gouguenheim quiere romper la idea, común en el imaginario colectivo, de una "era oscura" en que Europa Occidental olvidó la lengua griega y se volcó exclusivamente en el latín. Para ello, en su nuevo libro "Aristote au Mont Saint-Michel", recuerda algunos épocas duras para Occidente pero en las que no se cortó con el legado griego:
- del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
- entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
- en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
- Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
- desde Carlomagno (con Alcuino y su "renacimiento carolingio") hasta el s.XIII, hubo en Europa varios "renacimientos parciales" cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico
Gouguenheim defiende que los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel (en su roca hermosamente rodeada de mar cuando sube la marea) tuvieron un papel primordial. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que en el Toledo andalusí se vertieran esas mismas obras, Más aún, las traducciones de Toledo no venían del griego, como las de Mont-Sant-Michel, sino de versiones árabes. Para destacar el trabajo de los monjes de Mont-Sant-Michel les dedica el título de su libro.
Gouguenheim entiende que los cristianos europeos activamente buscaban en tierras del Islam textos griegos para completar los que ya tenían, y que por lo tanto no sería correcto imaginar un Occidente apoltronado recibiendo de mala gana traducciones griegas a través del árabe.
El medievalista recuerda que sabios musulmanes como el turco Al-Farabi, el persa Avicena o el cordobés Averroes no leyeron a Aristóteles en su griego original sino sólo mediante traducciones al árabe ¡realizadas por cristianos de lengua y rito arameo o siríaco!
Uno de estos traductores cristianos que dominaban el griego y el árabe fue, por ejemplo, el médico Hunayn ibn Ishaq (809-873), cristiano nestoriano en la corte de Bagdad. Muchos le llamaron el “príncipe de los traductores”. En Occidente fue conocido como Johannitius. Fue responsable de traducir del griego al árabe más de 200 obras, especialmente de Galeno, Hipócrates y Platón. De Aristóteles, por ejemplo, pasó al árabe las Categorías, la Física y la Magna Moralia. De Platón, la República y el Timeo. De Dioscórides su Materia Medica. Buena parte del léxico médico en lengua árabe viene del trabajo de este traductor cristiano.
También se recuerda a Hunayn ibn Ishaq por su integridad ética. Se negó a envenenar pacientes a pesar de las presiones del califa Al-Muttawakkil, que lo puso a prueba, primero con sobornos y luego con prisión. Finalmente, le recompensó con honores y riquezas cuando comprobó su honestidad.
Gouguenheim llama la atención sobre la limitada influencia que el pensamiento griego tuvo sobre la cultura islámica. No provocó nada parecido al Renacimiento. El Islam en general no se dejó helenizar en nada, aunque incorporara la palabra "falsafá" al árabe para referirse a la filosofía.
El análisis de Sylvain Gouguenheim ha impactado a la prensa francesa. En Le Monde escriben: “Contrariamente a lo que se repite en un ‘crescendo’ desde los años 60, la cultura europea, en su historia y en su desarrollo, no debería gran cosa al islam. En todo caso, nada esencial”.
En Le Figaro dicen: “Felicitamos al Señor Gouguenheim por no haber temido recordarnos que hubo un crisol cristiano medieval, fruto de las herencias de Atenas y de Jerusalén”, mientras que “el islam apenas presentó su conocimiento a los occidentales”.
Es un medievalista con enfoques originales que en 1999 publicó Les fausses terreurs de l'an mil ("Los falsos terrores del año mil"), negando que en esa época los medievales vivieran congelados por el miedo al fin del mundo. En 2008 también ha publicado Les Chevaliers teutoniques, sobre esta orden de caballería.
En Forum Libertas aparece un resumen del libro:
¿Fue relevante el Islam para conservar y transmitir la cultura griega a los medievales?
El medievalista Sylvain Gouguenheim dice que no. Occidente mantuvo sus raíces griegas, ampliadas desde el cristianismo oriental.
El Islam no salvó a Aristóteles. Los musulmanes medievales de Damasco, Bagdad o Córdoba no salvaron la filosofía griega y la conservaron para dársela a Occidente e iniciar un renacimiento cultural.
Según el último libro del medievalista Sylvain Gouguenheim, profesor de historia medieval de la Escuela Normal Superior de Lyon, el papel islámico en la protección del legado griego no fue decisivo. Occidente, por ejemplo, siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.
Sylvain Gouguenheim quiere romper la idea, común en el imaginario colectivo, de una "era oscura" en que Europa Occidental olvidó la lengua griega y se volcó exclusivamente en el latín. Para ello, en su nuevo libro "Aristote au Mont Saint-Michel", recuerda algunos épocas duras para Occidente pero en las que no se cortó con el legado griego:
- del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
- entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
- en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
- Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
- desde Carlomagno (con Alcuino y su "renacimiento carolingio") hasta el s.XIII, hubo en Europa varios "renacimientos parciales" cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico
Gouguenheim defiende que los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel (en su roca hermosamente rodeada de mar cuando sube la marea) tuvieron un papel primordial. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que en el Toledo andalusí se vertieran esas mismas obras, Más aún, las traducciones de Toledo no venían del griego, como las de Mont-Sant-Michel, sino de versiones árabes. Para destacar el trabajo de los monjes de Mont-Sant-Michel les dedica el título de su libro.
Gouguenheim entiende que los cristianos europeos activamente buscaban en tierras del Islam textos griegos para completar los que ya tenían, y que por lo tanto no sería correcto imaginar un Occidente apoltronado recibiendo de mala gana traducciones griegas a través del árabe.
El medievalista recuerda que sabios musulmanes como el turco Al-Farabi, el persa Avicena o el cordobés Averroes no leyeron a Aristóteles en su griego original sino sólo mediante traducciones al árabe ¡realizadas por cristianos de lengua y rito arameo o siríaco!
Uno de estos traductores cristianos que dominaban el griego y el árabe fue, por ejemplo, el médico Hunayn ibn Ishaq (809-873), cristiano nestoriano en la corte de Bagdad. Muchos le llamaron el “príncipe de los traductores”. En Occidente fue conocido como Johannitius. Fue responsable de traducir del griego al árabe más de 200 obras, especialmente de Galeno, Hipócrates y Platón. De Aristóteles, por ejemplo, pasó al árabe las Categorías, la Física y la Magna Moralia. De Platón, la República y el Timeo. De Dioscórides su Materia Medica. Buena parte del léxico médico en lengua árabe viene del trabajo de este traductor cristiano.
También se recuerda a Hunayn ibn Ishaq por su integridad ética. Se negó a envenenar pacientes a pesar de las presiones del califa Al-Muttawakkil, que lo puso a prueba, primero con sobornos y luego con prisión. Finalmente, le recompensó con honores y riquezas cuando comprobó su honestidad.
Gouguenheim llama la atención sobre la limitada influencia que el pensamiento griego tuvo sobre la cultura islámica. No provocó nada parecido al Renacimiento. El Islam en general no se dejó helenizar en nada, aunque incorporara la palabra "falsafá" al árabe para referirse a la filosofía.
El análisis de Sylvain Gouguenheim ha impactado a la prensa francesa. En Le Monde escriben: “Contrariamente a lo que se repite en un ‘crescendo’ desde los años 60, la cultura europea, en su historia y en su desarrollo, no debería gran cosa al islam. En todo caso, nada esencial”.
En Le Figaro dicen: “Felicitamos al Señor Gouguenheim por no haber temido recordarnos que hubo un crisol cristiano medieval, fruto de las herencias de Atenas y de Jerusalén”, mientras que “el islam apenas presentó su conocimiento a los occidentales”.
Es un medievalista con enfoques originales que en 1999 publicó Les fausses terreurs de l'an mil ("Los falsos terrores del año mil"), negando que en esa época los medievales vivieran congelados por el miedo al fin del mundo. En 2008 también ha publicado Les Chevaliers teutoniques, sobre esta orden de caballería.
En Le Figaro aparece un artículo titulado Un historien à abattre en el que se describe la caza del disidente. Muy instructivo.


9 comentarios:
Hace ya tiempo, aunque el libro fuera ligero y puede que un punto frívolo, Thomas Cahill editó "Cómo los irlandeses salvaron la civilización", donde recordaba la formación de la tradición monástica irlandesa (finalmente desaparecida por el empuje de la benedictina) y toda la labor de recristianización, fundación de monasterios y, atención, copia y difusión de los textos clásicos por Europa.
Tampoco los multiculturalistas pusieron (¿pusimos?) el grito en el cielo. porque creo que está bastante claro que los textos clásicos se conservaron gracias a muchos esfuerzos. Bizancio, que mantuvo hasta el final de la Edad Media la tradición grecolatina, Occidente, que recuperó en los scriptoria de los monasterios tantas obras, y, también, la colaboración de pensadores judíos e islámicos.
De todas formas, tan absurdo me parece atacar a Gouguenheim por defender los valores y méritos de Mont Saint Michel como negar aquéllo que de positivo pudo haber en otras edades medias.
Eso sí, igual que participaron unos y otros en la salvación, no olvidemos que uno de los incendios de la Biblioteca de Alejandría fue dirigido por Alí, yerno de Mahoma, y otro por San Cirilo, obispo de la ciudad. Iguales (al menos parecidos) también para quemar y destruir sabiduría.
Gracias por tu comentario inteligente y civilizado, como no podía ser de otra forma. Y sí, tú y yo partimos de que quemar bibliotecas está feo, pero ya sabes que no todo el mundo, a la izquierda o a la derecha, piensa lo mismo.
Por otra parte, sería de fanáticos negar que la civilización cristiana ha tenido también su parte de barbarie y, precisamente, fanatismo. Lo único que intento hacer es corregir, mínima y modestamente, cierto unilateralismo actual políticamente correcto que tiende a ver en el Islam medieval algo así como "el buen civilizado", la versión aristotélica del "buen salvaje" rousseauniano. Frente a él, el cristiano medieval sería ignorante, sucio, cruel...
Como ya sabes, mi concepto del cristianismo parte precisamente de una crítica del cristianismo medieval, que estoy lejos de idealizar, y estoy seguro de que coincidimos en gran parte a la hora de hacer ese balance crítico. Pero de lo que sí se trata, y en esto creo que también coincidiremos, es de que no nos vendan motos y de que la alternativa al oscurantismo de un tipo no sea otro tipo de oscurantismo.
Creo que estamos en esta cuestión totalmente de acuerdo. En realidad intervine porque no estoy de acuerdo con esa consideración del Islam como la de Papá Civilización ni con la de Buen Salvaje. Pero tampoco con la que pretende que los musulmanes tienen cuernos, tridente y rabo. A Occidente le costó mucho llegar a su estado de civilización, y no creo que tengamos autoridad alguna para exigir a los demás que se salten pasos que tanto sufrimiento y tiempo costaron acá. Ayudar y cooperar, dialogar, sí, pero desde valores más o menos claros.
Y es que supongo que no te llevarás una sorpresa pero yo soy terriblemente occidental y hasta un punto por demás eurocentrista.
Hola, Miguel! Soy una de las Maisontineras, concretamente Gurruchaga. Te felicito por incluír la reseña del libro de Gouguenheim en "la Grúa". Sin embargo, sospecho que su interpretación tardará varios decenios en llegar a los libros de texto de Secundaria. Por cierto, ¿para cuándo algo de poesía tuya en "Maisontine"? Buen verano y saludos a Leticia
Hola Marina, qué alegría tener noticias tuyas. Y también me alegra que compartas conmigo cierta visión esencialmente cristiana y civilizada de la historia. De los libros de texto, sobre todo los de historia, ni hablemos: parecen escritos por un comisario político. Estoy muy perezoso para la poesía últimamente, pero tengo alguna cosa que se podrá publicar, digo yo, sin que los lectores salgáis espantados. ¿Y tú qué tal vas? ¿Escribes? Ya sabes que siempre puedes mandar algo, pero no quiero pisarle la exclusiva a Maisontine. Un saludo y a ver si antes de que empiece el curso podemos encontrar un rato para tomar un café (aunque tal vez tengamos más tiempo libre cuando empiece el curso...)
Yo ta sabes que vivo en los mundos de Yupi y no me entero de nada, pero eso al margen, sí que me parece un poco tremendista tu respuesta a Marina. Por un lado, no creo que esté ausente de los textos la responsabilidad del monacato en general como conservador y transmisor principal de la cultura durante la Edad Media.
Por otro lado, ahora con más carga cínica, los textos y todo lo demás que nos rodea siempre los han escrito los comisarios políticos. Unas veces unos, otras veces otros y de vez en cuando, ahora, comisarios políticos de orígenes diversos. Quedan los departamentos, para elegir con qué jabón se lava la cabeza a los chavales en ese centro concreto, y después los profesores responsables en el aula para eliminar tanta burbuja y poner un poco de suciedad crítica en el jabonoso páramo. ;)
Eso sí, donde ni textos, ni departamentos, ni profesores, ni familias se preocupen de lo que dicten los comisarios ... prefiero no pensarlo.
Rukaegos: a ti y a mí siempre nos fusilará alguien, por uno u otro motivo, así que dejando aparte las opciones políticas e ideológicas de cada uno, compartimos lo esencial, aunque sea por instinto de supervivencia: el deseo de un mundo sin comisarios políticos, sin inquisidores, sin delatores paranoicos, sin intelectuales paranoicos, sin gobernantes paranoicos...
Y como hay que ser autocrítico, si soy yo el que cae en la paranoia te autorizo a que me des un tirón de orejas.
Jajaja, un día vamos a tener q tomarnos un café y departir en vivo y no en versión 2.0 jajaja. Ando yo lo suficientemente paranoico como para no poder tirar de las orejas a nadie.
Por cierto, abriré más cibercharlas en lo de la Iglesia Luterana y los nazis, pero chapeau, adelanto.
Un último asunto: ¿tienes el libro sobre la historia de la Iglesia Evangélica en Santander que escribió Matilde Camus? Si no lo tienes y te interesa, avisa.
Pues a ver si un día armamos una polémica en el Siboney como es debido, en plan Senado romano ("¿hasta cuándo, Rukaegos, abusarás de nuestra paciencia...?")
Ya tengo el libro, gracias, es más, tenía dos ejemplares y uno lo llevé al instituto, donde me temo que lo habrán éxiliado en algún rincón de la biblioteca.
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