martes 6 de mayo de 2008

Gripe. Miguel Ibáñez

La niña enferma. Edvard Munch



Tiene la enfermedad un tempo largo,
lento como una nube de verano,
que nos hace viajar
por apacibles ríos
y valles sosegados, a la sombra
de nuestra finitud,
como si la intuición
del declive y la muerte
orientara los pasos del viajero
y le infundiera un dulce desarraigo.
En la noche callada,
cuando sube la fiebre,
ya no vemos el mundo
con ojos deslumbrados por el tiempo
y por el espejismo de las cosas,
sino desde los altos bosques, desde
la cima iluminada
del desconocimiento de uno mismo.