Orestes llegó con su señora al hospital. Había insistido en conducir él, aunque aún estaba convaleciente de la operación de cataratas. En la habitación 411 encontraron a Belén con Jorge y la criatura. Orestes le dio dos besos a su hija y estrechó la mano de su yerno, como tantas otras veces. Su mujer cogió al bebé en brazos –estaba despierta- y empezó su letanía de elogios. Casi inconscientemente, Orestes se palpó el estómago, la papada, y la piel seca de sus brazos. Volvió a apreciar con meticulosidad su deterioro. No apartaba la vista de la niña, aunque sin atreverse a mirarla con fijeza. El rumor de las conversaciones en la sala le pareció cada vez más distante, lejano. Poco a poco, Orestes fue escrutando a la niña con disimulada ansiedad. Los ojos legañosos, la boca babeante, las manitas, la pura inocencia conformaba la imagen simétrica e invertida de su tiempo. El tiempo que a partir de ahora ella consumía era el mismo que a él se le iba robando, escatimando, al dictado de una ley inapelable. Advirtió la crudeza de aquel reloj de arena. El diente que le saldrá es el que yo perderé; el centímetro que aumenta, el que empequeñezco; las luces que adquiere, las que en mí se extinguen; y cada año que cumpla, se me sustraerá a mí. La niña rompió a llorar y Orestes sintió un escalofrío. Había empezado la definitiva cuenta atrás.
José Alberto García Avilés (Granada, 1965), periodista y doctor en comunicación, ha trabajado como redactor de informativos de televisión y en la actualidad es profesor de Periodismo en Elche. Ha vivido largas temporadas en Dublín, Nueva York y Kuala Lumpur. Es autor de Dos minutos: Microrrelatos, que acaba de publicarse en la colección Dos veces cuento que dirige Jose Luis González. Sus historias han aparecido en las revistas Quimera, Batarro, Atzavares, Ciudadela y Nuestro Tiempo, así como en la antología Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera (2005).


2 comentarios:
Me ha encantado este relato. Al leerlo, experimento una emoción universal: el hecho de que cada nueva vida nos empuja, de algún modo, hacia el final de la nuestra. Está muy bien contado, felicito al autor y espero poder leer su libro. Gracias.
Gracias a ti por leer La Grúa. Voy poniendo aquí las cosas que me parecen interesantes, y es siempre una alegría comprobar que este blog le sea útil a algún lector.
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