martes 8 de abril de 2008

Travesías. Miguel Ibáñez

Rue des Ursins. Paris. Fotografía de Eugène Atget

Hay calles que parecen siempre ajenas.
Las dejamos a un lado cuando vamos
o venimos del tedio cotidiano,
urgidos por llegar con prontitud
a algún otro lugar, también tedioso,
o a alguna cita tan, tan importante…
Las dejamos a un lado porque son
oscuras, desviadas, sucias, tristes,
y apenas atisbamos al pasar
un balcón oxidado, unos geranios,
una luz moribunda en un cuartucho.
Pero a veces se queda ese recuerdo
durante todo el día en la memoria,
escondido en el fondo, y a la espera
de maullar como un gato cruel e irónico:
-Si pudieras viajar dentro de ti,
tu ciudad interior ¿cómo sería?
¿Cuál sería el aspecto de tus calles?