viernes 25 de abril de 2008

Penélope. Imanol Gómez

Penélope. Estatua del Vaticano



Hilo a hilo teje en la rueca del destino

el poema que no ha de ser escrito.

Letra a letra se funde con el polvo

y en la noche milenaria desteje

sus arrugas en la génesis de una palabra

para iluminar la página que se repite

al calor de una quimera.

3 comentarios:

Miguel Ibáñez dijo...

Me gusta en el fondo y en la forma. La forma tiende a lo esencial, y el fondo habla de un tema que me atrae particularmente: el de los límites de la palabra, la confrontación entre lo dicho y lo no dicho.

Bucólicor dijo...

El destino deja que el poema vaya desbrozando un sendero que , muchas veces, termina en precipicio. Por eso la escritura es -no siempre, claro- un salto hacia la nada, hacia el silencio. Pero ahí está el riesgo.

Anónimo dijo...

Pues a mí también me gusta mucho, Imanol. Es sobrecogedor en su esencialidad.
Besos,
Leticia