Paisaje con ventana. Ezequiel BarakatMe siento en la terraza de un bar frente a la playa. La ciudad está a mi espalda, pero veo sus edificios reflejados en una cristalera. Es un día luminoso y diáfano, puedo ver hasta los pájaros que sobrevuelan las azoteas, las antenas de televisión, las ventanas, una persona -¿es hombre o mujer?- que saca la cabeza, medio cuerpo, una pierna, se detiene un momento como si quisiera aumentar la intriga, después empieza a sacar la otra pierna, creo que va a tirarse, estoy a punto de presenciar un suicidio, pero tal vez sean mi imaginación o mi estado de ánimo lo que me hace tomar por suicida a un empleado de la limpieza, me parece verlo empezar a caer cuando el camarero me hace volver la cabeza, y su amable interés por lo que deseo tomar es de una banalidad casi tranquilizadora.
Cuando vuelvo a mirar la cristalera, de nuevo los pájaros, las antenas de televisión, las ventanas, nada más, nadie más.
Cuando vuelvo a mirar la cristalera, de nuevo los pájaros, las antenas de televisión, las ventanas, nada más, nadie más.

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