sábado 26 de abril de 2008

Honestidad. Miguel Ibáñez

Riachuelo con árboles. Antonio Hernando Sombria


Definitivamente,
es el tono menor
lo que más te conviene:
tus palabras, tu vida,
tus ideas, tu espíritu
son más propios de un operetista
juguetón y coqueto
que de Bach o Beethoven.
¿Por qué entonces te empeñas
en parecer más hondo,
si eres como esos ríos
de tu tierra, riachuelos
que dan saltos de circo,
se desbordan, decrecen,
y vuelven a saltar,
y mucho maravillan
y mucho decepcionan?
Quien quiera sumergirse
de cabeza en tu alma
se quedará clavado
como un turista ingenuo
en el barro, en las piedras.

4 comentarios:

Bucólicor dijo...

Es el retrato de tantos y tantos que si miraran en su interior verían el interior de los otros. Algo así como trasparencias del sentido.

Miguel Ibáñez dijo...

Sociedad transparente, gente de cristal, licenciados Vidriera: el ideal totalitario.

Anónimo dijo...

A mi modo de ver, el barro, las piedras, son dos verdades sencillas que pueden construir un alma grande. Me gustan los reflejos de la luz en las vidrieras centenarias de alguna catedral, pero sigue siendo la luz la que hace posible tanta grandiosidad.

Miguel Ibáñez dijo...

Eectivamente, con el barro y las piedras se pueden construir obras bellas, y con "nuestro" barro y "nuestras" piedras también, pero tú lo has dicho: la condición es la luz.