martes 22 de abril de 2008

El viento en la puerta VIII. Jesús Carmona

Kauterskill Clove, 1862. Sanford Robinson Gifford


El sol: una apariencia de sol, un sol recortado, luchando todo el día contra la bruma que oculta la bahía (una bahía ciega y sin sonido). Por la tarde de febrero hasta el viento parece fantasmal, invitado de una ceremonia donde sólo habrá muerte, donde sólo hay soledad.


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La niebla oculta la bahía; y sin embargo una fulguración blanquecina, gris, nos hace mirarla, desnudamente, imantados. Detrás, un movimiento brusco, distraído, de la ciudad mecánica. Y al siguiente golpe de vista, alguien ha barrido la niebla, la apartó con su mano, o sopló, poderosamente, hasta dejar vencer la luz.


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Si las palabras consiguen componer un acento para nuestra vida, entonces las cosas, las mismas cosas vivirán y revivificarán nuestro aliento: “pozo”, el “pozo” de “Platero” escrito amorosamente en la pizarra del colegio ...


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El mundo abre los ojos, quiere expresarse como una breve máxima, quiere mostrarnos un principio de aceptación de la belleza, también de la condición terrible del medio en el que nos movemos.

Somos criaturas que si estamos a disposición de Él, podemos acceder al regalo de la verdad, de la certeza, de la paz.


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Los pensamientos “teresianos” abren esta libreta, la recorren, la enhebran; se dan de manera natural, fácil, inesperada. Escribir es teresiano de por sí, vivir, amar. Esa es la grandeza, a la vez inscrita en nuestra ínfima medida.



(febrero, marzo, abril; 2007)

2 comentarios:

Miguel Ibáñez dijo...

"Escribir es teresiano de por sí". Genial. Y con chulería además.

Jesús Carmona dijo...

No está nada mal, parece relacionado con el aire, con la gracia, eso de la chulería ... Quizás un sucedáneo de “la elegancia misma” que veía Fray Luis en la escritura de Teresa de Ávila ...