martes 29 de abril de 2008

Arte poética. Carlos Pujol

Silence. Odilon Redon

Hablábamos hace poco de la palabra y del valor de la palabra. En este poema, Carlos Pujol nos recuerda una verdad evidente, pero muchas veces olvidada, como suele suceder con las verdades evidentes: la palabra también habla cuando calla. Pero la condición es que hable "con silencios que la voz reconoce como suyos".

Podemos abusar del texto y llevarlo más allá de la poética a la que se refiere. Y decir que alcanzamos la intimidad con otra persona cuando esa otra persona no se siente incómoda con nuestros silencios, sino que los reconoce, los hace también suyos y se siente también, en cierta forma, la dueña de ellos.


La perfección tal vez, o el simulacro

que sirve de consuelo por su ausencia,

no depende jamás del añadir

tal o cual adjetivo,

seguramente todos extravían,

sino de la cordura de no usar

las palabras sobrantes. Casi todas.

Aludiendo a razones

desconocidas, pero imprescindibles,

un poema se teje con silencios

que la voz reconoce como suyos.

Para poder contar lo que sabemos

acerca del amor, de cómo pasa

el tiempo por las vidas.

5 comentarios:

Bucólicor dijo...

"De cómo pasa el tiempo por las vidas". No sólo el silencio, el tiempo es un referente fundamental en la creación de Pujol. Tiene el poeta una novela que me gustó mucho hace unos veinte años: "La sombra del tiempo" ambientada en Roma. No la he vuelto a leer, pero recuerdo que me trasladó a una Roma envolvente de finales del dieciocho. En cuanto al silencio Pujol me acerca a Valente en poesía y a la hermenéutica de A. Ortíz-Osés, en cuanto el sentido consentido del silencio. No sé.

Miguel Ibáñez dijo...

La palabra, el silencio, el tiempo...La pregunta por el sentido de la vida es en el fondo una cuestión musical: saber "oír", creo que eso es lo primero.

Jesús Carmona dijo...

Muchas gracias por dar a Ars Poliphonica eco en esta “Grúa de piedra”. Así es, estaremos en Comillas, mañana a las 20h 45m, en la Iglesia de San Cristóbal, lugar hermoso para desarrollar un concierto.

Y el sábado 3, a las 21h, en otro espacio, creo que este del todo imponente, Santa María de Laredo, adonde ir a escuchar música puede resultar una experiencia esclarecedora sobre las grandes cuestiones que la poesía, la hermenéutica o la misma música remueven en el ser humano: el tiempo, el silencio, la esencialidad de la palabra, ... cuestiones de las que habéis hablado con tanta propiedad en los últimos días por aquí ...

Gracias de nuevo.

Jesús Carmona dijo...

El comentario anterior creo que se entiende mal en esta sección “Arte poética. Carlos Puyol”; era, evidentemente, para agradecer la aparición de la noticia sobre nuestros conciertos en “La grúa”, algo más arriba ...

Pero ya que estoy aquí de nuevo, como por azar, no me resisto a dejar un brevísimo comentario a este pequeño diálogo en el que van surgiendo conceptos clave que sólo pueden que interesarnos: “oír”, finaliza Miguel, en realidad empezando.

“Oír/río” es una obra de José Iges, músico electroacústico, que se deja navegar por esa audición-realidad. No se del todo por qué esta referencia me lleva a un libro de Saúl Yurkievich, “Retener sin detener”, del que me resultaba sobre todo sorprendente su título, pero también su pretensión de reflejar radicalmente el aspecto discursivo de nuestra experiencias.

Entre las indagaciones lectoras que me gustaría proponerme está el tratamiento categórico de la noción de silencio que se está convirtiendo en uno de los motores, silenciosos (aquí toca reirse), de cierta estética contemporánea. En música ni las introspecciones de Chion, Schaeffer o, en nuestro contexto hispano, Gcía. Bacca parecen afrontar del todo ese punto. Está la experiencia de Cage y su abordaje teórico quizás se sitúa todavía del lado de la creación.

¿Alguien me puede dar alguna indicación hermenéutica más concreta ...? Desde luego, ahora A. Ortiz – Oses, tintinea directo hacia mi oído interno y tal y cual ... ¿Por dónde empezar ...?

Miguel Ibáñez dijo...

¿Gadamer? Pero ya lo conocerás. Copio unas palabras suyas: "Igual que los mensajes confidenciales se transmiten en voz baja, para que no lleguen a oídos de quien no debe, lo mismo ocurre con el lenguaje del poeta. Comunica algo al que tiene oídos para oír y se acerca a él. El poeta susurra algo al oído y y el lector, que es todo oídos, termina por asentir: ha entendido."
No tiene mucho que ver, en realidad, con lo que estamos hablando, pero me gusta. De todas formas, mi hermeneuta de guardia es Paul Ricoeur.