domingo 26 de octubre de 2008

Lecturas Primero Bachillerato La discreta enamorada



LA DISCRETA ENAMORADA



de Lope de Vega





Versión
de Francisco Romero


BELISA.
viuda


FENISA,
su hija


El
CAPITÁN Bernardo


LUCINDO,
su hijo


HERNANDO,
criado


DORISTEO,
gentilhombre


GERARDA,
dama cortesana








PRIMERA
ESCENA. CALLE


Salen
BELISA y FENISA, tapadas


BELISA:
>Baja los ojos al suelo,


porque
sólo has de mirar


la tierra
que has de pisar.


FENISA:
¡Qué! ¿No he de mirar al cielo?


BELISA:
>No repliques bachillera. 5


FENISA:
Pues ¿no quieres que me asombre?


Crió
Dios derecho al hombre


porque el
cielo ver pudiera.


BELISA:
>Mirar al cielo podrás


con sólo
el entendimiento; 10


que un
honesto pensamiento


mira la
tierra no más.


>Cuando
quieras contemplar


en el
cielo, en tu aposento


con mucho
recogimiento, 15


tendrás,
Fenisa, lugar.


>Desde
allí contemplarás


de su
grandeza el proceso.


FENISA: No
soy monja, ni profeso


las
lecciones que me das. 20


BELISA: >Y
no recibas enojo;


que
doncellas y hermosuras


son como
las criaturas,


que suelen
morirse de ojo.


>Hay
mancebete en Madrid, 25


que si te
mira al soslayo,


hará
el efecto del rayo.


















































FENISA: El
efecto a mí, decid.


BELISA:
>Decía tu abuela honrada


que una
doncella altanera 30


era en la
calle una fiera


de
cazadores cercada.


FENISA:
>Pues ¿cuándo se ha de casar


una mujer
nunca vista?


BELISA:
Eso no ha de ser conquista; 35


que es
imposible acertar.


FENISA:
>Pues ¿qué ha de ser?


BELISA:
Buena fama


de virtud
y de nobleza.


FENISA:
Donde falta la riqueza


mucho la
hermosura llama; 40


>que ya
no quieren los hombres


sola
virtud.


BELISA:
Pues ¿qué?


FENISA:
Hacienda.


Salen
LUCINDO, GERARDA y HERNANDO. A un lado.


GERARDA:
¿Que soy tu querida prenda?


LUCINDO:
Así es razón que te nombres.


GERARDA:
>Galán de palabras vienes. 45


3


LUCINDO:
Ando al uso.


FENISA:
(Éste es Lucindo). Aparte


GERARDA:
Luego ¿préciaste de lindo?


LUCINDO:
¿De lindo? Donaire tienes.


>Préciome
de hombre.


FENISA:
(¡Ay de mí!


Locamente
imaginé 50


poner en
hombre la fe,


que con el
alma le di,


>no
habiendo nacido de él


la
pretensión de mi amor).


GERARDA:
Para un amante hablador 55


soy en las
tretas cruel.


>Todas
esas niñerías


de cuentas
y de espejuelos


para bobas
son anzuelos;


no conmigo
argenterías. 60


>Oro
macizo de amor


me han de
dar, no plomo, a mí.


FENISA:
(¿Que a quien no sabe de mí


amase con
tal rigor?


>Cómo
quema esta pasión.)


GERARDA:
¿Ve aquel mancebo que viene? 70


LUCINDO:
Sí veo.


GERARDA:
Pues aquél tiene


de mis
veras posesión.


>Cuánto
te dije es fingido;


cuánto
te quise es burlando.


Voyme; que
me está aguardando. 75


Sale
Doristeo y se pasa GERARDA con él


LUCINDO:
¿Qué haré?


HERNANDO:
Bajonazo ha sido.


LUCINDO:
>¿Quitaréle la mujer?


¿Acuchillaréle,
Hernando?


HERNANDO:
¿Quiéresla?


LUCINDO:
Estoyme abrasando.


HERNANDO:
Agua será menester. 80


DORISTEO:
>Como acompañarte vi


este galán
majadero,


preciado
de caballero,


notable
enojo sentí;


>mas en
ver que le has dejado, 85


brazos y
gracias te doy


[¡Qué
me mandas hacer hoy?]


GERARDA:
Ven conmigo.


DORISTEO:
¿Adónde?


GERARDA:
Al Prado.


Se
van GERARDA y DORISTEO


LUCINDO:
>¿Fuéronse?


HERNANDO:
Con mucha prisa.


4


No te
aflijas, que es martelo. 90


LUCINDO:
¿Quién es aquélla?


HERNANDO:
Recelo


que es la
vecina Fenisa.


FENISA:
>(¡A un hombre que no me ha visto,


ni se
acuerda si nací,


quiero
bien!)


LUCINDO:
Nunca la vi. 95


FENISA:
(¡Qué mal mi inquietud resisto!)


HERNANDO:
>Si vieses esta doncella,


te doy
palabra, señor,


que
olvides tu loco amor,


porque es
sabia, honesta y bella. 100


>Aunque
no sé qué he pensado


de tu
padre...


LUCINDO:
¿De mi padre?


HERNANDO:
Pero quizá con su madre


casarse
tiene pensado,


>y aun
es más puesto en razón. 105


LUCINDO:
¿Casarse mi padre agora?


HERNANDO:
Habla y mira a esta señora,


que es de
rara perfección.


LUCINDO:
>Llevóme el alma Gerarda,


celos me
tienen sin mí. 110


¿Qué
quieres que mire aquí?


HERNANDO:
Esta hermosura gallarda.


LUCINDO:
>No hay vista en hombre celoso;


todo le
parece mal.


FENISA:
(Ya he pensado traza igual 115


a mi
designio amoroso.)


BELISA:
>Vámonos, hija: que es hora


de
recogernos a casa.


HERNANDO:
Ya junto a nosotros pasa;


mira su
belleza agora. 120


Pasan
BELISA y FENISA y ésta deja caer el lienzo.


LUCINDO:
>Un ángel me ha parecido.


HERNANDO:
El lienzo se le cayó.


LUCINDO:
¡Quedo! Darésele yo.


Que
volváis el rostro os pido.


FENISA:
>¿Qué es, señor, lo que mandáis? 125


LUCINDO:
El lienzo se os cayó.


FENISA: ¿A
mí? Sospecho que no.


Pero
esperad.


Desenfáldase
toda y se descubre.


LUCINDO:
¿Qué buscáis?


FENISA:
>Si tengo en la manga el mío.


BELISA:
¿Qué es eso?


FENISA: En
ésta no está. 130


BELISA:
¿Qué es eso?


FENISA: El
lienzo me da.


BELISA:
Pues ¿es tuyo?


LUCINDO:
(Gentil brío).


5


FENISA:
>Eso es lo que ando mirando.


En ésta
no está tampoco.


HERNANDO:
(Volver puede un hombre loco 135


aquél
mirar suave y blando).


FENISA:
>Miraré las faldriqueras.


BELISA:
¡Acaba!


FENISA: Ya
me doy prisa.


No está
aquí.


BELISA:
Vamos, Fenisa.


FENISA: Ni
en estotra está.


BELISA:
¿Qué esperas? 140


FENISA:
>¿Tiene unas randas?


LUCINDO:
Sí, tiene.


FENISA: ¿Y
encaje?


LUCINDO:
¿No lo miráis?


BELISA:
Despacio en la calle estáis,


donde todo
el mundo viene.


FENISA:
>Pues ¿quiere vuesamerced 145


que lleve
lo que no es mío?


LUCINDO:
Señora, de vos le fío.


FENISA:
Hacéisme mucha merced.


BELISA:
>Señor, dejadnos pasar.


Poned el
lienzo en la pila 150


del agua
bendita.


FENISA:
(Afila


Amor, tu
flecha al tirar).


BELISA:
>Vamos.


FENISA: Ya
voy.


HERNANDO:
¿No es hermosa?


LUCINDO:
Celos, ¿por qué me cegáis?


FENISA:
¡Ah, señor!


LUCINDO:
¿Qué me mandáis? 155


FENISA:
Advertiros de una cosa.


>Si de
aqueste lienzo acaso


parece más
cierto dueño;


que mi
palabra os empeño


(Iba a
decir que me abraso). 160


>que no
sé cierto si es mío;


diréis
que vivo en la calle


de los
Jardines...


HERNANDO:
(¡Qué talle!


¡Qué
gracia! ¡Qué rico brío!)


FENISA:
>...enfrente del capitán 165


Bernardo
Lucindo.


LUCINDO:
El mismo


es mi
padre.


FENISA:
(¡Ay dulce abismo


donde
abrasándome están!)


BELISA:
>¿Estás loca?


FENISA: Ya
me voy;


que
aqueste hidalgo decía 170


que es mi
vecino.


BELISA:
¡Porfía!


6


Vamos.


FENISA:
(¡Qué perdida estoy!)


Vanse
las dos


HERNANDO:
>¿Qué te parece?


LUCINDO:
Que es bella,


cortés,
discreta y gallarda;


mas quiero
bien a Gerarda, 175


y vase el
alma tras ella.


>Celos
es suelo traidor,


resbaladizo,
de suerte


que hará
caer al más fuerte


en los
lodos del amor. 180


>Aunque
mi amor fuera poco,


que poco
debe de ser,


ver tan
libre una mujer


bastaba a
volverme loco.


HERNANDO:
>Ya te ha visto en los anzuelos; 185


y aunque
no puede sacarte,


alarga
cuerda, con darte


celos,
celos y más celos.


LUCINDO:
>¿Qué he de hacer?


HERNANDO:
Buscar, señor,


una bella
contracifra. 190


LUCINDO:
¿Luego el amor se descifra?


HERNANDO:
Sí.


LUCINDO:
¿Con qué?


HERNANDO:
Con otro amor.


LUCINDO:
>No tratemos de eso agora;


vamos a
ver en qué para.


HERNANDO:
¿Ves como es cosa muy clara 195


que con
celos te enamora?


>Son
como telas de araña,


pescan
moscas, débil gente;


mas no el
animal valiente,


que las
rompe y desmaraña. 200


SEGUNDA
ESCENA. CASA DE FENISA


Salen
BELISA y FENISA


FENISA:
>¿De qué te quejas de mí,


que
siempre me andas riñendo?


BELISA: De
tu libertad me ofendo.


FENISA:
¿Libertad?


BELISA:
Yo, ¿no lo vi?


FENISA:
>¿Qué mancebo me pasea 205


de estos
que van dando el talle?


¿Qué
guijas desde la calle


me arroja,
por que le vea?


>¿Qué
seña me has visto hacer


en la
iglesia? ¿Quién me sigue, 210


que a
estar celosa te obligue?


7


¿Qué
vieja me vino a ver?


>¿Qué
billetes me has hallado


con
palabras deshonestas?


¿Qué
pluma para respuestas, 215


qué
tintero me has quebrado?


BELISA:
>Querría que te guardases


de eso
mismo que me adviertes,


y que a
esas puertas más fuertes


nuevos
candados echases. 220


FENISA:
>¿Fuiste santa, por tu vida,


en tu
tierna edad?


BELISA:
Fui ejemplo


en casa,
en calle y en templo,


de una
mujer recogida.


>Los
ojos tuve con llave. 225


FENISA:
¿Cómo te casaste?


BELISA: El
cielo


vio mi
virtud y mi celo;


que el
cielo todo lo sabe.


FENISA:
>Mi tía me dijo a mí


que hacías
mil oraciones, 230


y andabas
por estaciones.


BELISA:
¿Yo para casarme?


FENISA:
Sí.


BELISA:
>Nunca tal imaginé.


Miente,
por tu vida y mía;


que antes
monja ser quería, 235


y sin
gusto me casé.


FENISA:
>Pues ¿cómo fuiste celosa


de mi
padre, que Dios haya?


BELISA:
Porque no había joya o saya,


plata en
casa, ni otra cosa, 240


>que no
diese a cierta dama,


hacía
aquel sentimiento


por
vosotras.


FENISA:
Golpes siento.


BELISA:
Mira, Fenisa, quién llama.


FENISA:
>Por entre la reja vi 245


el capitán
tu vecino.


BELISA: Ya
lo que quiere adivino.


FENISA:
¿Ya lo sabes? ¿Cómo ansí?


BELISA:
>Ha días que da en mirarme.


Creo que
me quiere bien; 250


yo le he
mostrado desdén,


y querrá
en bodas hablarme.


>Y por
tu vida, Fenisa,


que no me
estuviese mal;


que es un
hombre principal. 255


FENISA:
Perdona, madre, esta risa.


BELISA:
>¿De qué te ríes?


FENISA: De
ver


la
santidad que tendrías


cuando más
moza serías,


8


qué
ejemplo debió de ser. 260


BELISA:
>Loca, es un hombre muy rico,


y esta
casa está sin hombre;


seráte
padre en el nombre.


FENISA:
Que me escuches te suplico,


>¿es
para guardarme a mí? 265


BELISA: No
es otra mi prevención


que ver en
casa un varón


que te
guarde y honre a ti.


FENISA:
>Pues, cásame a mí primero,


y guárdeme
mi marido. 270


BELISA:
Cuando se hubiera ofrecido,


lo
hiciera, y hacerlo espero.


FENISA:
>Yo en los términos te arguyo.


BELISA:
Éste guardará tu honor.


FENISA;
¿No me guardara mejor 275


mi marido
que no el tuyo?


BELISA:
>Hijo tiene, y ser podría


concertar
esto también.


FENISA:
(¡Ay, mi Lucindo y mi bien!


¡Quién
viese tan dulce día!) 280


Entra
el CAPITÁN Bernardo.


CAPITAN:
>Como en salirse tardaban,


la
licencia no aguardé;


porque en
eso imaginé,


señoras,
que me la daban.


BELISA:
>Agravio se nos hiciera, 285


si vuestra
merced no entrara,


y en esta
casa mandara


como si en
la suya fuera.


Fenisa
le ofrece asiento aparte al capitán.


BELISA:
>¿Está bien puesta esta toca?


FENISA:
Nunca mejor te la vi. 290


BELISA:
¿Tengo alegre el rostro?


FENISA:
Sí.


BELISA:
¿Parécete que provoca...?


FENISA:
>Sí, madre.


BELISA: ¿A
qué?


FENISA: A
devoción.


BELISA:
¡Maldita seas, amén!


Nunca me
has querido bien. 295


Se
acerca Belisa al capitán.


Escucho
con atención.


CAPITAN:
>Como vecino sé lo que aquí pasa,


tras esto
sé de coro su nobleza,


como suele
informarse quien se casa;


y como la
virtud y la belleza 300


sean
despertadores del sentido,


aunque
duerme la edad con más pereza,


quitome el
sueño haberos conocido


y provocó
que mis alas danzaran.


Hoy me he
animado a daros un marido 305


9


Mucho los
viejos una casa amparan;


los mozos
son polilla de la hacienda,


que unos a
andar comienzan y otros paran.


Mi edad no
es bien vuestra virtud ofenda;


que estoy
muy ágil, fuerte, como y duermo, 310


y sé
a un caballo gobernar la rienda.


Yo pienso
que en mi vida he estado enfermo;


sólo
mano enemiga me ha sangrado,


y un
desafío público en Palermo.


Ese
hijuelo que tengo es bien criado, 315


mañana
le darán una bandera,


y un
hábito le tengo negociado.


No dará
pesadumbre.


FENISA:
(¡A Dios plugiera


que ya
estuviera en casa!)


CAPITAN:
Finalmente,


se irá
Lucindo por momentos fuera. 320


Suplícoos,
pues, Belisa, humildemente,


que me
deis a Fenisa, vuestra hija;


que yo
pienso dotarla honestamente,


para que
ella gobierne, mande y rija


la poca
hacienda que ganó mi espada, 325


si no es
que mi cansada edad la aflija;


que muy
presto verá que no es cansada.


BELISA:
>¡A mi hija, capitán,


me pide
vuestra merced!


CAPITAN: Y
tendré a mucha merced, 330


si esas
manos me la dan.


BELISA:
>Pensé que vuestro deseo


a quererme
se inclinaba.


CAPITAN:
No, Belisa.


BELISA:
Alegre estaba...


Y lo estoy
de lo que veo. 335


>Hija,
ya ves su intención.


FENISA:
(La fe que tuve en mi bien


me hizo
tener también


alegre mi
corazón.)


>Pensé
que fuérades vos 340


la novia
del capitán.


BELISA:
Lejos sus intentos van,


y estoy
confusa, por Dios.


>Fenisa,
aunque estoy corrida


de haber
pensado casarme, 345


no lo
estoy de imaginarme


de tu
verde edad vencida.


>Discreta
eres; procura


persuadirte
a lo que ves.


FENISA: Si
a tu edad vence interés, 350


a mi edad
vence hermosura.


>Desobedecerte
fuera


cosa
indigna a mi virtud;


pero
fáltame salud.


El término
considera, 355


10


>y
pídele por un mes,


mientras
se concierta todo.


BELISA: Yo
lo sabré hacer de modo,


que muchas
gracias me des.


Llégase
BELISA a hablar al CAPITÁN


FENISA:
>(Discreta he sido en decir 360


que este
casamiento aceto,


pues de mi
amor el efeto


puedo por
él conseguir,


>que si
luego le negara


y con
disgusto se fuera, 365


tarde a mi
Lucindo viera,


tarde a mi
Lucindo hablara.)


CAPITAN:
>El término acepto, y digo


que un mes
la quiero esperar.


Pero
déjamela hablar. 370


FENISA:
(¡Qué notable intento sigo!)


CAPITAN:
>Nunca de esa discreción


en Madrid
tan celebrada,


salió,
mi Fenisa amada,


más
cuerda resolución. 375


>Tu
virtud he confirmado;


que no
apetecer tu edad


muestra
bien la calidad


de ese
pensamiento honrado.


>Supliré
en regalo y galas 380


los
defectos de la edad.


FENISA:
Con tu honor y calidad,


señor,
mis años igualas.


>Deja
la humildad aquí,


pues ya
soy tuya. 385


CAPITAN:
¿"Soy tuya"


dijiste?


FENISA:
Sí. ¿Ya no es suya


quien se
ha de llamar de ti?


CAPITAN:
>¡Otro favor! ¡Pesia tal!


¡No
fuera en Flandes aquesto 390


para que
se echara el resto


con un
festín general!


FENISA:
>Suplícoos, por vida mía,


la corte
no alborotéis.


CAPITAN:
Haré lo que me mandéis, 395


dulce
esposa y prenda mía.


FENISA:
>Yo no sabía que era vuestro hijo


Lucindo,
un caballero que solía


entrar en
vuestra casa algunas veces.


Mi madre
me lo dijo cuando entrábades; 400


y pues es
vuestro hijo y vos mi esposo,


FENISA:
digo, señor, que importará atajarle


la loca
pretensión con que me sirve.


CAPITAN:
¿Mi hijo os sirve?


FENISA: Si
el servirme fuera


11


con la
cordura y cortesía lícita 405


no me
quejara con melindres vanos.


CAPITAN:
Pues ¿cómo os sirve?


FENISA:
Con papeles locos,


por manos
de terceros, que a mi casa


vienen con
mil achaques e invenciones.


CAPITAN:
Es loco el mozo; perdonadle, os ruego; 410


que yo
saldré fiador que no os enoje


de aquí
adelante.


FENISA:
Pues que ya es mi hijo,


os
suplico, señor, que cuerdamente


le digáis
que me quejo de este agravio.


CAPITAN:
Dejadme ese cuidado. El cielo os guarde. 415


BELISA:
Guárdate el cielo.


Se
va el CAPITÁN


BELISA:
Gran ventura ha sido,


Fenisa, la
que el cielo nos ha dado.


FENISA:
¿Estás contenta?


BELISA:
¿No lo ves?


FENISA:
Sospecho


que
disimulas el pesar que tienes.


BELISA:
¿Cómo?


FENISA:
Porque quisieras tú casarte. 420


TERCERA
ESCENA. CALLE


Entran
LUCINDO y HERNANDO


LUCINDO:
>¡Ay de mí, Hernando, que quiero


una mujer
diestra, astuta,


de amor
vano y lisonjero,


despejada
y resoluta,


y con una
alma de acero! 425


HERNANDO:
>Que el amor cause afición


está
muy puesto en razón;


pero que
el ser muy querido


descuido
engendre y olvido,


efectos
bastardos son. 430


Sale
DORISTEO de casa de GERARDA. Ella se asoma.


LUCINDO:
>Él sale, y ella se ha puesto


a la
ventana.


HERNANDO:
Querrá


verle
galán y dispuesto.


GERARDA:
(Lucindo en la calle está).


LUCINDO:
¡Tantas desdichas! ¿Qué es esto? 435


GERARDA:
>(Celoso está; es lo que espero


que por
desdenes y olvido



de lo que un hombre quiero.)


DORISTEO:
(Yo sé que es aborrecido.) Al ver a Lucindo.


HERNANDO
En la industria pone esmero. 440


GERARDA:
>(Mas para picarle más,


12


quiero
hablar con Doristeo,


a quien no
quise jamás;


que por
abreviar rodeo,


y por
saltar vuelvo atrás). 445


>¡Ah,
caballero!


LUCINDO:
¿Es a mí?


GERARDA:
No os llamo, señor, a vos.


DORISTEO:
¿Y a mí, señora?


GERARDA: A
vos, sí.


LUCINDO:
¿No ves aquello?


HERNANDO:
Por Dios,


que es
infamia estar aquí. 450


LUCINDO:
>Buscaremos invención


para que
entienda que vengo


aquí
con otra ocasión.


GERARDA:
Salir esta noche tengo;


acompañarme
es razón. 455


DORISTEO:
>¿Dónde iréis?


GERARDA:
Pienso que al Prado.


Venid por
mí.


DORISTEO:
Yo vendré.


Se
va Doristeo.


LUCINDO:
Ir al Prado han concertado.


HERNANDO:
Tú fueras mejor, a fe.


Tus mismos
celos te han dado. 460


LUCINDO:
>Pues ¡vive Dios, que he de darle


celos, por
ver si con celos


puedo a
quererme obligarle,


ya que no
quieren los cielos


que pueda
amando obligarle! 465


HERNANDO:
>¿Cómo se los piensas dar?


LUCINDO:
Quiero esta noche llevar


al Prado
alguna mujer,


adonde me
pueda ver


hablar,
requebrar y amar. 470


HERNANDO:
>Y ¿quién ha de ser?


LUCINDO:
No sé.


HERNANDO:
Hallarla será imposible.


LUCINDO:
No importa. Yo te pondré


un manto.


HERNANDO:
Doña Terrible


me podrás
llamar.


LUCINDO:
Sí, haré. 475


HERNANDO:
>¡Estás loco!


LUCINDO:
Pues, ¿qué importa?


HERNANDO:
¿No importa, si topo acaso


gente de
palabras corta?


LUCINDO:
Saldré yo muy presto al paso.


Hernando,
la voz reporta. 480


>Llega,
y habla esa mujer.


Pregunta
si vio unas damas.


HERNANDO:
Bien dices, déjame hacer.


Pues no
agradas, porque amas,


13


celos
serán menester. 485


>¡Ah,
mi señora Gerarda!


GERARDA:
¿Eres tú, Hernando?


HERNANDO:
Yo soy.


GERARDA:
Tengo qué hacer.


HERNANDO:
Oye, aguarda.


GERARDA:
¡Por ti en la ventana estoy!


HERNANDO:
Eres discreta y gallarda... 490


GERARDA:
>¿Qué quieres?


HERNANDO:
Saber querría


en qué
casas de éstas vive


cierta
doña Estefanía,


porque un
loco no me prive


de la
ración de este día; 495


>que me
la mandó seguir,


y la perdí
por mirarte.


GERARDA:
¡Oh, qué gracioso fingir!


Díle
a quien ha osado enviarte


que mucho
me hace reír. 500


>¿De
qué se finge valiente,


si está,
de verme, temblando?


Muestre el
pulso. ¿A ver la frente?


¡Jesús,
que se está abrasando!


¡Qué
temerario accidente! 505


Se
vuelve Hernando con Lucindo


HERNANDO:
>¿Conoces algún poeta?


LUCINDO:
¿Para qué?


HERNANDO:
Para enviar


una sátira
en receta


a esta
bruja, o hazle dar


una
hermosa cantaleta. 510


>¡Vive
Dios!...


LUCINDO:
Calla, ignorante.


¡Ah,
mi bien, ah, mi Gerarda!


GERARDA:
¿Llamas?


Se
va GERARDA


LUCINDO:
¿Quitaste delante?


¿Adónde
te vas? Aguarda.


Oye la voz
de tu amante. 515


HERNANDO:
>¡Tu padre!


LUCINDO:
¡Válgame el cielo!


Sale
el CAPITÁN Bernardo


CAPITAN:
Todo hoy ando en busca tuya.


LUCINDO:
Lo que me quieres recelo;


que no es
mucho que lo arguya


de mi
inquietud y desvelo. 520


>Pero
advierte, padre mío,


que querer
una mujer


no es en
mi edad desvarío,


antes
señal de tener


generoso
talle y brío. 525


>Si es
porque no es muy honrada...


14


CAPITAN:
¿Cómo que honrada no es?


Lengua en
escorpión bañada,


¿mereces
besar sus pies,


ni aun
tierra de ellos pisada? 530


LUCINDO:
>Estoy con enojo agora


de mil
celos que me ha dado,


con un
hombre o dos que adora.


CAPITAN:
¿Qué dices de hombre adorado,


y tan
principal señora? 535


>Pero
diráslo por mí,


a quien
debe de adorar.


LUCINDO:
¿Que también te quiere a ti?


CAPITAN:
¿No la merezco agradar?


LUCINDO:
Sí, señor.


CAPITAN:
¿Mascas el sí? 540


LUCINDO:
>Pésame que hables con ella;


que es
mujer que a veinte trata.


CAPITAN:
¡Tu lengua pones en ella,


porque de
celos te mata,


siendo tan
noble doncella! 545


>¡Vive
Dios, que si no fuera


por no
dejar de casarme,


que una
estocada te diera!


LUCINDO:
¿Casarte? Eso sí es matarme.


Padre,
señor, considera... 550


CAPITAN:
>¿Qué debo considerar?


LUCINDO:
Que es una mujer de amores.


CAPITAN:
Dado me ha qué sospechar...


Pero me
pones temores


por
estorbarme el casar. 555


Se
va el CAPITÁN


LUCINDO:
>Rompe esas puertas.


HERNANDO:
Aguarda.


LUCINDO:
Sal aquí, infame Gerarda.


HERNANDO:
Con más tiento; espera un poco.


Sale
GERARDA


GERARDA:
¿Golpes en mi casa, loco?


LUCINDO:
¿Qué respeto me acobarda, 560


>que no
te quito la vida?


GERARDA:
¿Daguita? ¡Oh, qué lindo cuento!


LUCINDO:
¿Tú con mi padre fingida,


has
tratado casamiento?


GERARDA:
La tracilla es escogida. 565


>Si
para volver acá


buscas
embustes, Lucindo,


ése
¿en qué razón está?


LUCINDO:
¿Por qué en mirarte me rindo?


¿Por
qué no te mato ya? 570


>¿No
viste a mi padre aquí?


Pues él
me ha dicho, crüel,


que para
matarme a mí,


15


quieres
casarte con él.


GERARDA:
¿Yo, que en mi vida le vi? 575


>¿Dióte
la industria este necio


para tener
ocasión


de
hablarme?


HERNANDO:
Menos desprecio;


que no es
aquesto invención,


sino
verdad.


GERARDA:
¡No hablar recio! 580


LUCINDO:
>¿Cuándo viste al padre mío?


¿Dónde
te habló?


GERARDA:
¿Qué es aquesto?


¿Hay
más loco desvarío?


LUCINDO:
¿Posible es que has descompuesto


sus canas
con ese brío? 585


GERARDA:
>¿Qué padre es éste? ¿No adviertes


que
entiendo tus invenciones?


LUCINDO:
¡Plegue a Dios tal mal aciertes


en
casarte, ya que pones


mi vida
entre tantas muertes. 590


>Adiós,
madrastra crüel;


que
presto, estando con él,


te pesará
el ver en vano


que te
bese yo la mano,


y que tú
la boca a él. 595


>¡Jesús,
qué mala elección!


GERARDA:
Hernando, ¿es esto de veras,


o vuestras
quimeras son?


HERNANDO:
¡Ojalá fueran quimeras!


GERARDA:
Ya entiendo vuestra intención. 600


>Piquen
por hacerme gusto


en casa de
Estefanía.


LUCINDO:
Mataréte.


GERARDA:
¡Ay Dios, qué susto!


Vase
GERARDA


HERNANDO:
Entróse.


LUCINDO:
¿Cerraste, arpía?


¡Mal
haya amor tan injusto! 605


>Abre
esta puerta, mi bien.


Acecha por
esta llave


si sus
crïadas se ven.


HERNANDO:
¡Qué bien engañarte sabe!


LUCINDO:
Matarme sabe también. 610


Sale
el CAPITÁN


CAPITAN:
>¿Estáste aquí todavía?


LUCINDO:
Pues ¿eso, señor, te espanta?


Si con la
mujer que adoro


en esos
años te casas.


CAPITAN:
Pienso que te has vuelto loco. 615


Dijísteme
mil infamias


de aquel
ángel de Fenisa,


16


hija de
Belisa honrada.


Yo tengo
mujer más noble


que tu
madre.


LUCINDO:
¿De quién hablas? 620


CAPITAN:
De Fenisa.


LUCINDO:
Pues, señor,


Fenisa es
doncella, y basta;


que la que
yo te decía,


es
Gerarda, cortesana,


que vive
en este balcón. 625


CAPITAN:
¿Qué tiene que ver Gerarda


con
Fenisa?


LUCINDO:
Yo, señor,


en aquesta
calle estaba


cuando me
reprehendiste


de que
amaba aquella dama. 630


CAPITAN:
Otro enredo habrás pensado


con
aquella buena cara


de tu
criado.


HERNANDO:
¿Yo enredo?


Siempre
piensas que te engañan;


propia
condición de viejos. 635


CAPITAN:
Niega, Lucindo, que amas


a Fenisa.


LUCINDO:
¿Yo, señor?


CAPITAN:
¿Luego tampoco la cansas


con
papeles y alcahuetas?


Pues en
esto punto acaba 640


de decirme
que anteanoche,


por
aquella reja baja,


enfrente
de tu aposento,


muy tierno
llegaste a hablarla.


LUCINDO:
¿Yo papeles? ¿Yo alcahuetas? 645


¿Yo
por reja ni ventanas?


Hernando,...


CAPITAN:
¡Qué buen testigo!


Falsos
ojos, lengua falsa,


falsa la
cara y la boca,


falso el
pecho y falsa el alma. 650


LUCINDO:
Escúchame.


CAPITAN:
¿Para qué?


LUCINDO:
Escúchame una palabra.


CAPITAN:
¿Qué palabra?


LUCINDO:
Que le digas


que si ha
de ser mi madrastra,


no
comience antes de serlo, 655


pues aun
agora lo tratas,


a hacerme
tan malas obras.


CAPITAN:
Quita, necio.


LUCINDO:
Advierte.


CAPITAN:
¡Guarda!


Vase
el CAPITÁN


17


LUCINDO:
¿Qué es esto, triste de mí?


¿Testimonios
me levanta 660


antes que
su rostro vea?


HERNANDO:
¿No es aquésta aquella dama


que te
miró tiernamente


cuando el
lienzo de las randas?


LUCINDO:
La misma.


HERNANDO:
Pues que me maten 665


si no es
enredo que traza.


Yo leí
cuatro renglones


en sus
ojos, de una carta,


que al
darte el lienzo escribió


a tu
ausente pecho y alma. 670


Dejóle
caer adrede,


si la
vista no me engaña,


y lo que a
tu padre dice


de que la
escribes y cansas,


es decirte
que la escribas, 675


y que por
las rejas bajas


vengas a
hablarla de noche.


LUCINDO:
Cosas me dices extrañas.


HERNANDO:
¿Qué se pierde en que las pruebes?


LUCINDO:
No se pierde, Hernando, nada; 680


que esa
doncella podría,


despicarme
de Gerarda.


Vámosla
a hablar esta noche;


HERNANDO:
Mucho importa enamoralla,


así
por dejar del todo 685


esta
fementida ingrata,


como
porque nos perdemos


si el
viejo otra vez se casa.


Y si se
quiere casar,


¿qué
cosa mas acertada 690


que con
Belisa, su madre.


LUCINDO:
Pues con discreción tan alta


supo
engañar a dos viejos


de edad y
experiencia tanta,


y
enamorada de quien 695


apenas le
vio la cara,


ha dicho
su entendimiento,


y se le ha
entendido el alma,


bien la
podemos llamar


la
discreta enamorada. 700


Se
van


ACTO
SEGUNDO


Salen
DORISTEO y GERARDA


DORISTEO:
>Notable frescura y extraña.


18


GERARDA:
Mucho de sus fuentes gusto.


DORISTEO:
No hay sitio de tanto gusto,


Gerarda
bella, en España.


>¿Haste
holgado de venir? 705


GERARDA:
Basta venir a tu lado.


DORISTEO:
Sentémonos, todo es Prado.


GERARDA:
Así se suele decir.


Salen
LUCINDO y HERNANDO


LUCINDO:
>Dijeron que aquí estarían.


HERNANDO:
A dos veo junto a la alberca. 710


LUCINDO:
Llega y míralos más cerca.


HERNANDO:
Vos sufrid y que ellos rían.


LUCINDO:
>No seas necio. Si no es hora


para
hablar con mi Fenisa,


¿que
importa, pues todo es risa? 715


HERNANDO:
Celos ríen, y amor llora.


>Yo
paso a lo caballero


por
delante; espera aquí.


LUCINDO:
Yo aguardo.


DORISTEO:
¿Qué mira ansí


ese necio
majadero? 720


GERARDA:
>Algo debe de buscar.


HERNANDO:
En la voz la conocí.


LUCINDO:
¿Gerarda?


HERNANDO:
Claro que sí.


LUCINDO:
¡Ay amor!


HERNANDO:
Que triste es penar.


LUCINDO:
>¡Pobre de mí!


HERNANDO:
¿Qué tenemos? 725


¿Date
por ventura el parto?


LUCINDO:
Mientras más de ti me aparto,


más
me acerco.


HERNANDO:
Sin extremos;


>que te
podrá conocer.


LUCINDO:
¿Está en su regazo?


HERNANDO:
¡Y cómo! 730


LUCINDO:
Celos por los ojos tomo,


y el alma
comienza a arder.


>¡Nunca
yo viniera acá!


HERNANDO:
Vámonos de aquí, señor,


¿no
es aquel ángel mejor, 735


que
esperándonos está?


LUCINDO:
>¿Cuál ángel?


HERNANDO:
Fenisa bella.


LUCINDO:
No estoy para hablar agora


con
ángeles.


HERNANDO:
Si te adora,


¿no
será justo querella? 740


LUCINDO:
>Ésa peligro no corre;


que como
es amor primero,


estará
como otra Hero,


19


aguardándome
en la torre;


>pero
ésta que está en los brazos 745


de este
venturoso amante,


si me
descuido un instante,


haráme
el alma pedazos.


>¿Traes
el manto?


HERNANDO:
¿Pues no?


LUCINDO:
Póntele.


HERNANDO:
Gran mal recelo. 750


LUCINDO:
Haz saya del herreruelo.


HERNANDO:
¡Yo mujer! ¡Tu dama yo!


LUCINDO:
>A esos árboles te ve,


y de mujer
te disfraza.


HERNANDO:
Voy; mas temo que esta traza... 755


Ve,
majadero.


HERNANDO:
Yo iré.


Se
va HERNANDO


LUCINDO:
>¡Qué mal se cura amor con invenciones!


¡Qué
vano error sobresanar la herida,


si en las
muertas cenizas escondida,


la viva
lumbre el corazón le pones! 760


Celos,
desdenes, iras, sinrazones


tienen el
alma alguna vez dormida;


mas ¿qué
letargo habrá que no despida


la fuerza
de celosas prevenciones?


¡Oh
celos!, con razón os han llamado 765


mosquitos
del amor, de amor desvelos.


El humo de
su fuego os ha engendrado.


¿Qué
importa que se duerman, oh cielos


de
pesadumbres del amor cansado,


si con sus
voces le despiertan celos? 770


Sale
HERNANDO con un manto puesto y la capa por saya


HERNANDO:
>¿Vengo bien?


LUCINDO:
Vienes tan bien,


que espero
que bien me vaya.


HERNANDO:
¿Qué te parece la saya?


LUCINDO:
Muy bien.


HERNANDO:
¿Y el manto?


LUCINDO:
También.


HERNANDO:
>¿No voy muy apetecible? 775


LUCINDO:
Vamos.


HERNANDO:
¿Llevo malos bajos?


LUCINDO:
Llega.


HERNANDO:
En notables trabajos


me pone tu
amor terrible.


DORISTEO:
>Un galán con cierta dama


hacia
donde estamos viene. 780


GERARDA:
¡Gentil brío y arte tiene!


A fe que
es ropa de fama.


20


LUCINDO:
>Bella doña Estefanía,


¿qué
os parece esta frescura?


HERNANDO:
Fue mucha descompostura Con voz de mujer 785


venir aquí
sin mi tía;


>pero
el mucho amor que os tengo


a más
me puede obligar.


LUCINDO:
De ilusión quiero cantar.


HERNANDO:
Para canciones no vengo. 790


GERARDA:
>(Lucindo es éste. ¡Ay de mí!


Verdad sin
duda sería


que
aquella dama quería


por quien
preguntar le vi.)


HERNANDO:
>Creo que la altera el jarabe. 795


LUCINDO:
Hace bien su operación.


GERARDA:
(¡Qué bien sabe dar pasión!


¡Qué
mal el tomarla sabe!)


>Por
vida de Doristeo,


que un
poco de agua traigáis. 800


DORISTEO:
Y traeré con qué bebáis;


que
regalaros deseo.


>¡Sola
a mi amor! Soy remiso.


GERARDA:
Nada hay que temer aquí.


Se
va DORISTEO


GERARDA:
¡Ah, mi señora!


HERNANDO:
¿Es a mí? 805


GERARDA:
Veros y hablaros preciso.


HERNANDO:
>¡Verme y hablarme! ¿Por qué?


GERARDA:
Porque soy vuestra vecina.


HERNANDO:
¡Jesús, qué extraña mohina!


GERARDA:
¿De esto sólo os enfadé? 810


HERNANDO:
>Hace notable calor;


vamos,
Lucindo, de aquí.


LUCINDO:
Mi bien, enfadarse así


parece
mucho rigor.


>Descubríos
a esa dama, 815


pues Dios
os dio tal belleza,


y esa
hermosa gentileza


tiene en
la corte fama.


>Descubrid
los ojos bellos;


den
envidia y den amor. 820


HERNANDO:
No estoy agora de humor,


ni está
enjuto el llanto en ellos;


>que
los traéis hechos mar


de celos
de esa Gerarda,


que me
dicen que es gallarda. 825


LUCINDO:
¿Gerarda os lo puede dar?


>No sé
de qué los tenéis.


¡Plegue
a Dios que si la quiero,


que para
el mal de que muero


nunca
remedio me deis! 830


>¡Plegue
a Dios que si la estimo,


nunca
merezca estos brazos,


21


ni a mis
amorosos lazos


den
vuestros muros arrimo!


>¡Plegue
a Dios que si la viere, 835


jamás
me vea con vos,


ni nos
casemos los dos!


GERARDA:
(¿Que esto sufra? ¿Que esto espere?) Aparte


HERNANDO:
>Dícenme que vais allá,


y estoy
muy descolorida. 840


LUCINDO:
Pues tomad color, mi vida;


que a vos
os adoro ya.


GERARDA:
>No será, infame, en mis días.


Embiste
GERARDA a HERNANDO


LUCINDO:
¿Cómo ansí te has descompuesto?


HERNANDO:
¡A Estefanía! ¿Qué es esto? 850


GERARDA: Y
a cuarenta Estefanías.


LUCINDO:
>Déjala, Gerarda.


HERNANDO:
¡Ay, cielo!


¡A
una mujer como yo!


GERARDA:
Matarla tengo.


LUCINDO:
Eso no.


Huye.


HERNANDO:
Mi muerte recelo. 855


Vase
HERNANDO huyendo


GERARDA:
>¿Qué mujer es ésta, perro?


LUCINDO:
Una mujer que me adora,


y eso que
tú has hecho agora


ha sido un
notable yerro;


>que es
señora principal, 860


y te ha de
costar la vida.


GERARDA:
¿Puede ser ya más perdida,


que
viéndome en tanto mal?


>Déjame
pasar.


LUCINDO:
Detente;


que a
quien me aborrece a mí, 865


nunca
licencia le di


de
hablarme tan libremente.


GERARDA:
>¿Yo te aborrezco, mi bien?


LUCINDO:
¿Tu bien soy?


GERARDA:
¡Ay, prenda mía!


Cuanto te
dije fingía, 870


y cuanto
hablaba también.


>Aborrezco
a Doristeo;


sólo
te adoro, Lucindo;


de nuevo
el alma te rindo.


LUCINDO:
¡Cielos! ¿Qué es esto que veo? 875


GERARDA:
>En prenda de que tú eres


mi verdad,
vente conmigo.


LUCINDO:
Mucho os alienta el castigo;


como
bestias sois, mujeres.


>Ahora
bien, ya se acabó, 880


yo adoro a
Estefanía.


22


GERARDA:
¿Por qué me dejas, luz mía?


LUCINDO:
Porque tu noche llegó.


GERARDA:
>Ven conmigo hasta mi casa.


LUCINDO:
No hay remedio.


GERARDA:
¡Que esto veo! 885


LUCINDO:
Presto vendrá Doristeo,


que es el
que agora te abrasa.


GERARDA:
>Celos, por tu vida, han sido.


No seas
tirano, ven;


ven,
Lucindo; ven mi bien. 890


LUCINDO:
En efeto, ¿me has querido?


GERARDA:
>Siempre te quise, mis ojos.


Saca
LUCINDO la daga


LUCINDO:
Yo haré que sangre te cueste.


Sale
HERNANDO, ya en su traje


HERNANDO:
¿Qué sacrificio es aquéste?


LUCINDO:
El haberme dado enojos. 895


HERNANDO:
>(Si Lucindo quiere hacer


una
venganza gallarda,


y Gerarda
el golpe aguarda,


el ángel
vengo yo a ser).


>¿Qué
es esto, señor?


LUCINDO:
¡Oh, Hernando! 900


Seas mil
veces bien venido.


HERNANDO:
Dos horas ando perdido,


todo este
Prado buscando;


>que en
casa han echado menos


a esta
dama.


LUCINDO:
Otra sería. 905


HERNANDO:
¿Luego no es Estefanía?


LUCINDO:
Ha habido rayos y truenos.


HERNANDO:
>¿Es Gerarda?


LUCINDO:
¿No lo ves?


HERNANDO:
Déjala, ¡triste de mí!


Que te
ponen culpa a ti. 910


LUCINDO:
Gerarda, hablemos después.


GERARDA:
>Oye.


LUCINDO:
No hay remedio.


GERARDA;
Aguarda.


HERNANDO:
Grande valor has tenido.


LUCINDO:
El saber que soy querido


me ha
despicado, Gerarda. 915


Vanse
LUCINDO y HERNANDO. Sale DORISTEO.


DORISTEO:
>Desgracia ha sido, por Dios,


el no
haber ya tienda abierta.


Quebrada
queda una puerta.


GERARDA:
Muy cansado parecéis vos.


DORISTEO:
>¿Sola estás?


GERARDA:
Sola no más. 920


DORISTEO:
El final de la noche tenemos.


GERARDA:
(Cuando tú me quieres menos,


23


Lucindo,
te quiero más).


Se
van.


QUINTA
ESCENA


Salen
LUCINDO y HERNANDO


LUCINDO:
>¡Bendiga el cielo la traza,


la hora,
el movimiento, el Prado, 925


los celos
y el truco creado!


HERNANDO:
¿Nada dices de la caza


>que
Estefanía ha padecido?


Gerarda
diome señales


de su ira.
Golpes letales. 930


LUCINDO:
Pronto serán olvido.


Sale
FENISA a la ventana


FENISA:
>¡Ah, caballero!


LUCINDO:
¿Quién llama?


FENISA:
Llegad quedo. Una mujer.


HERNANDO:
Fenisa debe de ser,


que habrá
dejado la cama. 935


FENISA:
>Vuestro nombre me decid,


LUCINDO:
Lucindo, señora soy,


que de vos
quejoso estoy


por un
singular ardid.


>¿Sabéis
que del capitán


Bernardo
soy hijo? 940


FENISA:
Sí.


LUCINDO:
¿Sabéis que en mi vida os vi?


¿Cómo
soy vuestro galán?


>¿Yo,
Fenisa, os solicito?


¿Yo
os escribo mil papeles? 945


¿Yo
a estas rejas y vergeles


la casta
defensa os quito?


>¿Yo
os desvelo con paseos


y terceras
os envío?


FENISA: No
os enfaden, señor mío, 950


mis
amorosos rodeos.


>No
halló mi recogimiento


cómo
decir mi pasión;


amor me
dio la invención,


y vos el
atrevimiento. 955


>Vuestro
padre me ha pedido;


mas yo
nací para vos,


si algú
n día quiere Dios


que os
merezca por marido.


>Mal
conocéis lo sutil 960


de una
rendida mujer.


LUCINDO:
Discreta debéis de ser


y de ánimo
varonil.


FENISA:
>Perdóneme vuestro padre;


que de él
me pienso valer, 965


24


para daros
a entender


lo que no
quiere mi madre.


>Cuánto
deciros quisiere,


será
quejarme de vos,


y
verémonos los dos 970


por donde
posible fuere.


>Cuando
os riña, estad atento;


que son
recaudos que os doy.


LUCINDO:
Digo, señora que estoy


en el
mismo pensamiento. 975


FENISA:
>Así sabréis lo que pasa


de esta
puerta adentro vos,


casándonos
a los dos


cuando él
piensa que se casa;


>Que ya
estaremos casados 980


el día
que se descubra.


LUCINDO:
Quiera el amor que se encubra


el fin de
nuestros cuidados.


>Y dad
orden como os vea,


pues no os
falta discreción. 985


FENISA: He
pensado otra invención


para que
el remedio sea;


>y es
que diré a vuestro padre


que os
envíe a que toméis


mi
bendición, y vendréis 990


sin que se
enoje mi madre.


>Pero
tratadme verdad


o
desengañadme aquí.


LUCINDO:
El alma, señora, os di


por fe de
mi voluntad. 995


FENISA:
>Vete, mi amor, que amanece;


no me eche
menos mi madre.


LUCINDO:
Pide licencia a mi padre


para
verte.


HERNANDO:
La luz crece.


LUCINDO:
>Dame alguna prenda tuya 1000


con que me
vaya a acostar.


FENISA: A
mí me quisiera dar.


HERNANDO:
Dile, señor, que concluya.


FENISA
le echa una cinta


FENISA:
>Truécame esa cinta.


LUCINDO:
¿A qué?


FENISA: A
deseos.


HERNANDO:
¡Bueno está! 1005


LUCINDO:
Todos los tienes allá.


FENISA:
Adiós.


Se
va FENISA


LUCINDO:
¿Fuése?


HERNANDO:
Ya se fue.


LUCINDO:
>¡Gran ventura!


HERNANDO:
Di que estás


enamorado.


25


LUCINDO:
¿Pues no?


HERNANDO:
¿Y Gerarda?


LUCINDO:
Ya pasó. 1010


HERNANDO:
¿Cómo?


LUCINDO:
Lo que oyendo estás.


Se
van.


SEXTA
ESCENA


Salen
DORISTEO y GERARDA


DORISTEO:
>¿Para qué es tanto desdén,


sino
decirme verdad?


Hombre
soy, y hombre de bien.


Háblame
con libertad. 1015


¿Quieres
a Lucindo bien?


GERARDA:
>Pensé que no le quería,


y
anoche...


DORISTEO:
Pasa adelante.


GERARDA:
Quiso la desdicha mía


que fuese
un desdén bastante 1020


a encender
nieve tan fría.


>¿No
viste aquella mujer


que se
sentó junto a mí?


DORISTEO:
Lucindo debió de ser


el que la
trujo.


GERARDA:
Es ansí. 1025


DORISTEO:
Eso me basta saber.


GERARDA:
>Estudiado parecía


lo que
Lucindo decía,


y lo que
ella preguntaba;


supe al
fin que se llamaba 1030


esta dama
Estefanía,


>y que
es mujer principal;


que un
criado, a un rayo igual,


vino a
decir que en su casa


la echaron
menos.


DORISTEO:
¡Que pasa 1035


por mí
una desdicha igual!


>Pero
es dicha. ¿Cómo dices


que esa
dama se llamaba?


GERARDA:
¿Hay de qué te escandalices?


DORISTEO:
Pensando en el nombre estaba 1040


de esa
mujer que maldices.


GERARDA:
>Estefanía decía.


DORISTEO:
¿Estefanía?


GERARDA:
Esto pasa.


DORISTEO:
¡Buena venganza sería


si porque
he entrado en tu casa, 1045


diese
Lucindo en la mía!


GERARDA:
>¿Cómo?


DORISTEO:
Una hermana que tengo


Estefanía
se llama.


26


GERARDA:
¡Ella es!


DORISTEO:
¿Cómo detengo


la defensa
de mi fama, 1050


y del
traidor no me vengo?


GERARDA:
>Él la sirve, porque un día


dijo que
se vengaría


de este
agravio.


DORISTEO:
Y lo cumplió;


porque
anoche me contó 1055


que fue al
Prado Estefanía.


>Alto,
mi honor es perdido.


Vete en
buen hora, Gerarda...


GERARDA:
Más que quisiera he sabido.


DORISTEO:
Que si mi deshonra aguarda, 1060


hoy ha de
ser su marido.


GERARDA:
>¡Su marido! Mayor daño


es el que
me viene agora.


DORISTEO:
Pues ¿hay otro desengaño?


GERARDA:
¡Bien vivirá quien le adora, 1065


si le
casas!


DORISTEO:
(¡Caso extraño!)


>Pues
¿puede ser de otra suerte?


GERARDA:
Dame primero la muerte.


DORISTEO:
Vete de aquí.


GERARDA:
¡Nunca hablara!


Sale
GERARDA


DORISTEO:
¡Con mi hermana! ¿Quién pensara 1070


una
venganza tan fuerte?


>Hoy
muere si no se casa.


¡Oh
vil hermana! ¿Esto pasa?


Mas, justa
ley me condena;


que no
anda bien en la ajena 1075


quien ha
de guardar su casa.


Se
va DORISTEO. Salen BELISA, el CAPITÁN y FENISA


FENISA:
>Haced aqueste placer,


para mayor
regocijo;


que vea yo
vuestro hijo,


pues su
madre vengo a ser. 1080


CAPITAN:
>Digo que tenéis razón.


FENISA:
Pues todo queda tan llano,


venga a
besarme la mano


y a tomar
mi bendición.


BELISA:
>Ya sois dueño de esta casa; 1085


venga
vuestro hijo acá.


CAPITAN:
Digo que no tardará;


que ya
sabe lo que pasa.


Sale
LUCINDO


LUCINDO:
>Hoy me mandaste venir.


CAPITAN:
Besa la mano a tu madre. 1090


LUCINDO:
Yo voy.


CAPITAN:
¡Qué presto!...


LUCINDO:
Mi padre...


27


FENISA:
(Ya me comienzo a reír).


LUCINDO:
>...como a madre, que sois mía,


me manda,
¡oh bien soberano!,


que os
bese esa hermosa mano. 1095


CAPITAN:
¡Qué superflua cortesía!


>La
mano basta decir;


¿para
que es decir hermosa?


LUCINDO:
Quiere mi boca dichosa


este
adjetivo añadir. 1100


BELISA:
>Dejadle, no seáis extraño;


bese la
mano a su madre.


LUCINDO:
Señor, siendo vos mi padre,


no resulta
en vuestro daño.


CAPITAN:
>No me llames padre aquí. 1105


LUCINDO:
Llamo madre a una señora


tan moza,
y ¡a vos agora


os pesa
que os llame ansí?


CAPITAN:
>Adonde la edad no sobre,


padre,
dulces letras son. 1110


Mas a un
viejo, no es razón,


no siendo
ermitaño o pobre.


>Acaba,
besa la mano.


FENISA:
(¡Que me veo en tanto bien!)


LUCINDO:
Dadme esa mano, por quien 1115


de mano
esta suerte gano.


Dice
LUCINDO aparte a ella


>Ten,
mi vida, este papel.


Métele
un papel en la mano


FENISA: Ya
le tengo.


LUCINDO: Y
dadme aquí


vuestra
bendición; que en mí


tendréis
un hijo fïel. 1120


FENISA:
>Dios te dé mujer que sea


tal como
la has menester;


en efeto,
venga a ser


como tu
madre desea.


>Dios
te haga, y sí serás, 1125


tan
obediente a mi gusto,


que jamás
me des disgusto,


y que a
nadie quieras más.


CAPITAN:
>¿Qué libro matrimonial


te enseñó
estas bendiciones? 1130


Acaba,
abrevia razones.


FENISA:
(Celos tiene).


LUCINDO:
(¿Hay cosa igual?)


FENISA:
>Una palabra, madre de mis ojos.


Hablan
aparte FENISA con BELISA, y el CAPITÁN con LUCINDO


BELISA:
¿Qué quieres?


FENISA:
¿Ves este papel?


BELISA:
Sí, veo.


FENISA:
Pues es memoria de vestidos míos, 1135


que el
capitán me ha dado; yo querría


28


leerle, y
no quisiera que él lo viese,


porque no
me tuviese por tan loca


que
pensase que estimo en más las galas


que no el
marido; por tu vida, madre 1140


que le
entretengas.


BELISA:
Que me place.


FENISA:
(¡Ay cielo!)


Habla
BELISA al CAPITÁN


BELISA:
Escuchadme a esta parte dos palabras.


Lee
FENISA


FENISA:
"Mi bien, mi padre tiene concertado,


de celos
de que has dicho que te quiero,


enviarme a
Portugal; remedia, amores, 1145


esta
locura, o cuéntame por muerto;


esto
escribí, sabiendo que venía


a besarte
la mano; a Dios te queda


y quiera
Él mismo que gozarte pueda."


Se
acerca a Lucindo.


>Lucindo,
el papel leí. 1150


No me haga
el cielo este mal,


que vayas
a Portugal,


ni que una
hora estés sin mí.


LUCINDO:
>¡Ay Dios! ¡Quién pudiera hablarte!


¡Quién
abrazarte pudiera! 1155


FENISA: Yo
sabré hacer de manera


que me
abraces.


LUCINDO:
¿En qué parte?


FENISA:
>Fingir quiero que caí;



me irás a levantar,


y me
podrás abrazar. 1160


LUCINDO:
Tropieza.


FENISA:
Caigo. ¡Ay de mí!


Cae
FENISA; LUCINDO la abraza para levantarla


CAPITAN:
>¿Qué es aquesto?


LUCINDO:
Tropezó


mi señora
madre aquí,


y yo
levántola ansí.


CAPITAN: Y
levántola ansí yo. 1165


>Salte
de aquí noramala.


LUCINDO:
Pues cayendo, ¿es cortesía?...


BELISA:
¿Haste hecho mal hija mía?


CAPITAN;
Despeja luego la sala.


LUCINDO:
>Yo me iré.


CAPITAN:
Vete al momento. 1170


LUCINDO:
¿Ansí me arrojas?


CAPITAN:
¡Camina!


LUCINDO:
(¡Ay mi Fenisa divina!


¡Ay
divino entendimiento!


>¡Ay
discreción extremada!


Por vos se
puede entender 1175


lo que
puede una mujer


29


discreta y
enamorada).


Se
va LUCINDO


CAPITAN:
No ha de estar en mi casa un punto solo,


ni entrar
en ésta mientras tengo vida.


BELISA:
¡Qué poco amor tenéis a vuestro hijo! 1180


Que os
prometo que es gentil mancebo,


y que lo
miro yo con tales ojos,


que si en
mis mocedades me cogiera,


holgara de
tenerle por marido.


FENISA:
(Asíte la ocasión por el copete). 1185


CAPITAN:
¿Este loco os agrada?


FENISA:
Escucha madre.


Habla
FENISA aparte a su madre


FENISA: El
papel que te dije, no es vestidos,


ni me le
dio Bernardo.


BELISA:
¿Qué me cuentas?


FENISA:
Lucindo me le dio.


BELISA:
Pues ¿qué te escribe?


FENISA:
Una cosa que a risa ha de moverte. 1190


BELISA: No
me tengas suspensa.


FENISA: Al
fin, me dice


que se
quiere casar.


BELISA:
¿Con quién?


FENISA:
Contigo.


BELISA:
¡Conmigo! ¿Qué me cuentas?


FENISA: Lo
que pasa.


Dice que
le pareces en extremo,


y que esa
gravedad, esa cordura 1195


le agrada
más que yo a su padre agrado.


Si
supieras leer, mil cosas vieras;


mas dice
que le pidas que no trate


enviarlo a
Portugal, que antes le mate.


BELISA:
¿Qué es ir a Portugal? Hija, las hijas 1200


cuerdas y
honradas, todo el gusto suyo


ponen en
sólo dársele a sus padres;


ya sabes
que soy moza, y que en efeto


estaré
más honrada con marido.


¡Qué
cortés,! ¡Qué galán!¡Qué
lindo talle! 1205


FENISA: Si
esto pasa, ¿qué hará quien mandar puede?


BELISA:
¿Qué dices?


FENISA:
Que le estorbes la partida.


BELISA:
¡Partida! ¿Qué partida? Haz que esta noche


me venga a
hablar Lucindo de secreto.


FENISA:
Vete, y déjame hablar con mi marido. 1210


Se
va BELISA


CAPITAN:
>Milagro, Fenisa fue


dejarnos
solos Belisa;


y pues que
nadie nos ve,


dame,
gallarda Fenisa,


tus manos.


FENISA:
¡Bien por mi fe! 1215


30


>Mucho
os preciáis de galán.


CAPITAN:
Si celos enojos dan,


dame la
mano de amigos.


FENISA: No
me atrevo sin testigos.


CAPITAN:
Presentes, señora, están 1220


>Celos,
Amor y Deseo.


FENISA:
Con justos celos, señor,


de vuestro
Lucindo os veo.


CAPITAN:
¿Prosigue en tenerte amor?


FENISA: Y
aun me cansa.


CAPITAN:
Yo lo creo. 1225


FENISA:
>Anoche sentí ruido


a la reja,
y dióme un miedo,


que me
privó de sentido.


Levántome
como puedo,


sin luz no
acierto el vestido, 1230


>topo
el manteo en efeto,


salgo a la
reja, y en ella...


¿De
qué estás tan inquieto?


CAPITAN:
Es cólera, esposa bella,


de ese
rapaz indiscreto. 1235


FENISA: >Y
entre la reja y ventana


hallo en
lo hueco un papel.


CAPITAN:
Eso ya es cosa inhumana.


Hoy seré
un león con él.


FENISA:
Ser padre os dará cuartana. 1240


>Sosegaos.


CAPITAN:
No puede ser.


Yo le
tengo de buscar.


Se
va el CAPITÁN


FENISA:
¡Qué bien le he dado a entender


dónde
el papel ha de hallar!


Que le
quiero responder, 1245


>para
que quede advertido


que con mi
madre he trazado


que diga
que es su marido,


para que
quede estorbado


el camino
prevenido. 1250


>Que mi
madre hará por él


que se
impida la tormenta


de esta
partida cruel;


porque si
mi bien se ausenta,


todo se
pierde con él. 1255


Vase
FENISA. Salen LUCINDO y HERNANDO


HERNANDO:
>¿Que todo eso ha pasado?


LUCINDO:
Si me vieras


de
rodillas, Hernando, a mi Fenisa,


que era
imagen bellísima dijeras.


HERNANDO:
No lo dudes, muriérame de risa.


LUCINDO:
Si a Tántalo en el agua consideras, 1260


verás
que ya le tengo por divisa;


31


porque si
aquél ni fruta ni agua toca,


yo vi su
boca y no llegué a su boca.


HERNANDO:
>¿No te bastó la mano?


LUCINDO:
Templó el fuego


arrimando
la nieve de su mano, 1265


porque
salió a la boca el alma luego,


hecha un
volcán de amor, por agua en vano.


¿Qué
me dirás cuando a la boca llego?


HERNANDO;
¿Mordístela?


LUCINDO:
No sé; ¿mármol indiano,


cristal de
roca, quieres que mordiese? 1270


¿No
basta, si es imagen, que la bese?


HERNANDO:
>¡Tu padre!


LUCINDO:
Calla, y déjale que pase.


Sale
el CAPITÁN


CAPITAN:
¿No te avisé que es mi mujer Fenisa?


LUCINDO:
¡Válgame Dios! ¿En qué te ofendo tanto?


CAPITAN:
¿No es nada, si Fenisa me ha contado 1275


que anoche
hiciste en su ventana ruido,


y que
entre el suelo de ella y de la reja


le pusiste
un papel?


LUCINDO:
¿Yo?


CAPITAN:
Tú, villano.


LUCINDO:
Pues di que te le dé; que si mi letra


tuviere
ese papel...


CAPITAN:
Detente un poco; 1280


que si es
ajena, mayor mal sería.


[LUCINDO
habla aparte a HERNANDO]


LUCINDO:
Hernando.


HERNANDO:
¿Señor?


LUCINDO:
¿Oyes?


HERNANDO:
Ya lo entiendo.


Sin duda
que papel quiere escribirte,


y que te
avisa que a buscarle vayas


entre la
reja y la ventana.


CAPITAN:
Escucha, 1285


que llega
alguna gente, y no querría


se dijese
en Madrid mi casamiento.


Sale
DORISTEO y se dirige a Lucindo


DORISTEO:
Una palabra os quisiera.


LUCINDO:
Estoy con mi padre agora.


Habla
LUCINDO a su padre y apártase a hablar con él


que
después habrá lugar 1290


de
responderos a solas.


DORISTEO:
Puse en Gerarda mis ojos.


LUCINDO:
Si es ésa la queja sola,


yo os doy
desde aquí a Gerarda.


DORISTEO:
No es ésa.


LUCINDO:
Pues ¿cómo? ¿Hay otra? 1295


DORISTEO:
Otra tan grande, que creo


32


que a
vuestro amor me anteponga,


habéis
pensado vengaros


quitándome
a mí la honra.


Servido
habéis a mi hermana; 1300


y ella,
mal sabia y bien moza,


fue anoche
con vos al Prado.


LUCINDO:
¡Extraña invención de historia!


Ni conozco
a vuestra hermana,


ni trato
vuestra deshonra. 1305


DORISTEO:
¡Vive Dios, que me engaña!


LUCINDO:
La dama, señor, fue otra,


con quien
me pienso casar;


que porque
aquesta celosa


por el
nombre no supiese 1310


quién
era antes de las bodas,


la puse el
nombre primero


que me
vino a la memoria;


que lo
mismo fuera Inés,


Francisca,
Juana o Antonia. 1315


Esto es la
verdad, por Dios.


DORISTEO:
Pues siendo verdad notoria,


para
satisfacción mía,


aunque
decirlo vos sobra,


holgaré
que me digáis 1320


el nombre
de esa señora.


LUCINDO:
Porque habéis de ver muy presto


que
conmigo se desposa,


Fenisa,
señor, se llama.


Ésta
quiero, ella me adora, 1325


y yo soy
vecino suyo.


Recelo mi
padre toma,


y yo
querría dejarle;


dadme
licencia.


DORISTEO:
Estas cosas


hace el
honor. Perdonad. 1330


Mil años
gocéis la novia.


Se
va LUCINDO.


CAPITAN:
>¿Dónde va aquél?


HERNANDO:
No sé.


CAPITAN:
¿Si es desafío?


HERNANDO:
Hablemos a ese hombre.


CAPITAN:
¡Ah, señor! Yo creo,


si no me
engaña de mi sangre el brío,


que de
reñir tenéis un gran deseo. 1335


Sabed que
aquel hidalgo es hijo mío.


DORISTEO:
A reñir ya no vengo por Morfeo,


mi dolor
se fue como suave brisa


porque su
amor lo entrega a Fenisa.


>Siento
que mi destino se clarea. 1340


CAPITAN:
¿Cómo? ¡Fenisa! Mi furia reclama.


HERNANDO:
¿Fenisa dijo?


DORISTEO
Sí, cómo desea


33


casarse, y
que a ésta sola adora y ama.


CAPITAN:
(Antes su muerte a vuestras plantas vea).


DORISTEO:
¿Mandáisme otra cosa?


CAPITAN:
Que esa dama 1345


tengáis
por mujer mía; que no suya.


DORISTEO:
¡El cobarde mintió! Siento la puya.


>¡Vive
el cielo, que sirve a Estefanía!


Porfiaré
hasta que sea el honor vengado


Se
va DORISTEO


CAPITAN:
¡Que sirva este traidor la esposa mía, 1350


con quien
casarme tengo concertado,


No ha de
quedar aquí ni sólo un día.


De noche
por las rejas han tratado,


y quizá
dijo "esposa" entre los labios.


No se
pueden sufrir tantos agravios. 1355


>Notifícale
luego la partida,


cálzate
botas.


HERNANDO:
¿Cásaste primero?


CAPITAN:
No quiero dar lugar a que lo impida;


que sirva
al rey, y no a Fenisa, quiero.


No ha de
entrar en Madrid más en mi vida. 1360


HERNANDO:
Que templarás aquese enojo espero.


CAPITAN:
Daréte, vive Dios, con la de Juanes.


¡Oh,
qué lindo soy yo para truhanes!


ACTO
TERCERO


Salen
LUCINDO y HERNANDO


LUCINDO:
>¿Que mi padre les contó


que era su
esposa y no mía? 1365


HERNANDO:
¿Que siendo yo Estefanía,


ande con
estos cuentos yo?


LUCINDO:
>El nombre ha dado a entender


que es su
hermana a Doristeo.


HERNANDO:
Tan ciego a tu padre veo, 1370


que te ha
de echar a perder.


>¿Fuiste
a la reja?


LUCINDO:
¿Pues no?


HERNANDO:
Y ¿hallaste el papel?


LUCINDO:
Estaba


donde a mi
padre avisaba,


cuando a
mi padre engañó. 1375


>Halléle
al fin en la reja,


leíle,
y dice que luego


me finja
de amores ciego


de su
madre.


HERNANDO:
¿De la vieja?


LUCINDO:
>De la misma.


34


HERNANDO:
¡Extraño caso! 1380


LUCINDO:
Pues más me ha mandado hacer.


HERNANDO:
¿Y es?


LUCINDO:
Pedirla por mujer.


HERNANDO:
¿Por mujer?


LUCINDO:
Habla más paso;


>que ya
ha de salir al balcón,


y acaso te
puede oír. 1385


HERNANDO:
Sólo pudiera impedir


tu partida
esta invención.


>¡Discreta
mujer!


LUCINDO:
Notable.


HERNANDO:
¿Y piensas con ella hablar?


LUCINDO:
Tú has de estar en mi lugar, 1390


para que
contigo hable.


>Fíngete
Lucindo, y yo,


mientras
hablas a Belisa,


estaré
con mi Fenisa;


que así
el papel me avisó. 1395


HERNANDO:
>¿Qué hablaré?


LUCINDO:
Cosas de amor.


HERNANDO:
Mucho sabe esta doncella;


mil veces
pienso si es ella...


LUCINDO:
¿Quién?


HERNANDO:
La doncella Teodor.


LUCINDO:
>Hoy quiero probar tu seso. 1400


Veamos
cómo requiebras


esta
vieja.


HERNANDO:
Hoy me celebras


por único.


LUCINDO:
Yo confieso


>que
por inferior me nombre


a tu
ingenio, si la engañas. 1405


HERNANDO:
Mis telas son telarañas.


¿Qué
importa ser gentilhombre


>si
faltan galas?


LUCINDO:
Pues bien...


HERNANDO:
Dame esa capa con oro.


LUCINDO:
Diérate, Hernando, un tesoro. 1410


Toma el
sombrero también.


HERNANDO:
>Tú podrás ponerte el mío.


Cambian
de capa y sombrero


LUCINDO: A
fe que quedo galán.


HERNANDO:
¡Ah, Lucindo, cómo dan


los
vestidos talle y brío! 1415


LUCINDO:
>Quedo; al balcón han salido.


Salen
FENISA y BELISA a una reja alta


BELISA:
Dame, Fenisa, lugar;


que quiero
a Lucindo hablar.


FENISA:
¿De qué sabes que ha venido? 1420


BELISA:
>Veo dos hombres parados


35


mirando
nuestro balcón.


FENISA:
Bien conoces, ellos son;


que hacen
señas embozados.


>Voyme,
y Dios te dé ventura...


Mas dame
licencia un poco 1425


de hablar
a Hernando.


BELISA; Es
un loco.


FENISA:
Agrádame su locura,


>y
téngole que decir


un recado
al capitán.


BELISA: Ve
a esotra reja.


Se
va FENISA


HERNANDO:
Ya están 1430


donde nos
pueden oír.


LUCINDO:
>Fenisa se fue de allí.


HERNANDO:
Su madre la despidió.


BELISA:
¿Sois Lucindo?


HERNANDO:
No soy yo, 1435


después
que vivís en mí;


>pero
soy el que os adora


con el
alma que le dais,


pues mi
humildad levantáis


a vuestro
valor, señora. 1440


A
LUCINDO


>¿No
va bueno?


LUCINDO:
¡Pesia tal,


que hablas
con gran discreción!


HERNANDO:
Estoy hecho un Cicerón.


BELISA:
Puesto que parece mal,


>Lucindo,
que una mujer,


que en fin
de Fenisa es madre, 1445


la case
con vuestro padre


y a vos os
venga a querer,


>que en
efeto sois su hijo;


llegado a
que me queráis,


yo
confieso que me dais 1450


un juvenil
regocijo.


>¿Es
posible que os agrado


y que os
parezco tan bien?


Sale
FENISA a otra reja


FENISA:
¡Ce, Lucindo!


LUCINDO:
¿Quién es?


FENISA:
Quien


el alma y
vida te ha dado. 1455


>Llega,
mientras entretiene


a la loca
de mi madre


tu crïado.


HERNANDO:
Si mi padre,


como
viejo, a querer viene


>la
tierna edad de Fenisa, 1460


yo, como
mozo, os adoro


por ese
grave decoro.


36


FENISA:
Muriéndome estoy de risa.


HERNANDO:
>Esas tocas reverendas,


ese
estupendo monjil, 1465


ese pecho
varonil,


testigo de
tantas prendas;


>esa
bien compuesta voz,


ese olor,
de amor espuela,


que es
azúcar y canela 1470


de
aquestas tocas de arroz;


>esos
antojos al lado,


para
encubrir los de enfrente;


ese manto,
en que consiente


ser el
amor manteado; 1475


>en
fin, tocas, pies, frisón,


nariz,
monjil, manto, antojos,


voz,
chapín, son a mis ojos


"selvas
de varia lición."


LUCINDO:
>¿Escuchástelo?


FENISA:
Sospecho 1480


que ha de
entender el engaño.


LUCINDO:
En que yerre está mi daño,


y en que
acierte mi provecho.


>Pero
dime, prenda mía,


¿qué
ha de ser de nuestro amor, 1485


si de ti
con tal rigor


este padre
me desvía?


>No te
descuides, mi bien;


que
apresura mi partida.


FENISA: No
tengas pena, mi vida. 1490


Ni esos
miedos te la den;


>que mi
madre, loca y vana


está
por tu amor de modo


que pondrá
remedio en todo.


LUCINDO:
Sí; mas la boda cercana 1495


>me
amenaza, como ves;


y si él
se llega a casar


¿cómo
podrás remediar


mi
ausencia, y muerte después?


FENISA:
>Si soy tuya, si nací 1500


para ti
sola, y si estoy


cierta que
como yo soy


tuya, tú
lo eres de mí.


>Discreta
y enamorada


me sueles,
Lucindo, hacer; 1505


mas ya
sólo quiero ser


mujer y
determinada.


LUCINDO:
>Si tienes resolución


de que te
saque de aquí,


ánimo
me sobra a mí 1510


para igual
ejecución.


>Esta
noche, gloria mía,


joyas y
vestidos coge,


y aunque
tu madre se enoje,


37


te sacaré
a mediodía; 1515


>que no
temo de mi padre


el mal que
me pueda hacer.


FENISA: Si
voy a ser tu mujer,


máteme
después mi madre.


BELISA:
>¿Que tiene determinado 1520


envïarte
a Portugal?


HERNANDO:
No he visto locura igual


como en la
que el viejo ha dado.


>Dice
que adoro a Fenisa,


que la
sirvo y solicito, 1525


que el
sueño y quietud le quito,


y sigo en
saliendo a misa;


>y de
celos me destierra.


BELISA: Mi
bien, y ¿queréisla vos?


HERNANDO:
¡Yo a Fenisa! ¡Plegue a Dios 1530


que aquí
me trague la tierra.


>Si en
mi vida tuve intento


de amalla
ni pretendella,


ni jamás
hablé con ella


de amor ni
de casamiento! 1535


LUCINDO:
>Muy bien lo puede jurar.


BELISA:
Satisfecha estoy, mi bien.


HERNANDO:
Dejando aquesto también,


LUCINDO:
Gente pasa. Hay que marchar.


HERNANDO:
>(Muy presto escapo.)


BELISA:
¿Quién llama? 1540


HERNANDO:
Hernandillo, mi crïado,


que allá
con Fenisa ha hablado.


BELISA:
¡Lindo pícaro!


HERNANDO:
De fama.


>Díceme
que pasa gente.


Adiós.


BELISA:
Él, mi bien, os guarde. 1545


Vase
BELISA


LUCINDO:
Pues pasa gente y es tarde,


Adiós.


FENISA:
¡Ay mi gloria ausente!


A
HERNANDO


>¡Qué
bien que la has divertido! Se va.


HERNANDO:
¡Famosamente la hablé,


era una
cuestión de fe! 1550


LUCINDO:
De mucha fe, y pronto olvido.


Se
van. Salen DORISTEO y GERARDA


DORISTEO:
>Dijo que el nombre fingía,


y fue a
tiento Estefanía,


porque su
padre en mi daño


me dijo
por desengaño 1555


cómo
a Fenisa servía.


GERARDA:
>El padre acaso pensó


que a
Fenisa amabas...


38


DORISTEO:
¿Yo?


GERARDA: Y
para en paz os poner,


dijo que
era su mujer. 1560


DORISTEO:
No lo entiendo.


GERARDA:
¿Cómo no?


>Si
pensó que la cuestión


era por
Fenisa allí,


¿no
fue sutil invención


hacerla su
mujer?


DORISTEO:
Sí, 1565


tienes,
Gerarda razón;


>pero
mi celoso honor


aún
quiere de esto más prueba.


GERARDA:
También la pide mi amor.


DORISTEO:
Esta sospecha me lleva 1570


de un
temor a otro mayor.


GERARDA:
>¿Quieres que los dos sepamos


si es
verdad que ama a Fenisa?


DORISTEO:
Sí quiero.


GERARDA: A
su casa vamos.


DORISTEO:
¿Cuál ignorancia te avisa 1575


que si le
quiere digamos?


GERARDA:
>¿Digo yo que sea ansí?


DORISTEO:
Pues ¿cómo?


GERARDA:
Yo entraré huyendo


[del que
me viene siguiendo].


DORISTEO:
¿De quién has de huír?


GERARDA:
De ti 1580


que eras
mi esposo, diciendo.


>Sacarás
la daga...


DORISTEO:
¡Bien!


GERARDA:
Pondrános en paz su gente;


quedaréme
allí también,


donde a
Fenisa le cuente 1585


que quiero
a Lucindo bien,


>y que
por él me matabas;


que te
llame, y en secreto


te diga lo
que dudabas.


DORISTEO:
¡Gentil industria! En efeto, 1590


de mujer.


GERARDA:
Mi ingenio alabas.


Se
van GERARDA y DORISTEO


Salen
el CAPITÁN, FENISA, y BELISA


CAPITAN:
>Casado con quien es madre


de mi
bien, como confío


de vos
misma, el hijo mío


vengo yo a
tener por padre; 1595


>y
Fenisa, mi mujer


y vuestra
hija, tendrá


padre en
Lucindo; y dará


a todo el
mundo placer


>la
discreción del trocar 1600


39


las edades
por los gustos.


BELISA:
Dado me habéis mil disgustos


en
pretenderle ausentar.


FENISA:
>¿Fue celos, por vida mía,


del
destierro la ocasión? 1605


CAPITAN;
Celos de su vida son;


que una
cierta Estefanía


>le
trae de manera ciego,


que le ha
querido matar


cierto
tipo de este lugar, 1610


y le mata
si no llego.


BELISA:
>Pues ¿quiere a alguna mujer?


FENISA:
(¿Qué es lo que escucho? ¡Ay de mí!)


CAPITAN:
Así entonces lo entendí;


mentira
debe de ser. 1615


>No me
acordé que le amáis.


Perdonad;
que por él voy.


Vase
el CAPITÁN


BELISA:
Confusa, Fenisa, estoy.


FENISA: Mi
pensamiento imitáis.


BELISA:
>Si tiene alguna mujer, 1620


¡buen
lance habemos echado!


FENISA: (A
ti poco te ha burlado,


si burla
te quiso hacer,


>pero a
mí, que me engañó


fingiendo
amarme de veras...) 1625


BELISA:
¿Qué dices?


FENISA:
Que no creyeras


lo que
este viejo contó.


BELISA:
>Gente se nos entra acá.


FENISA;
Dejóse abierta la puerta.


BELISA:
¡Bien hará lo que concierta, 1630


si otra
mujer tiene ya!


Sale
GERARDA, huyendo de DORISTEO


GERARDA:
¡Favor, señores! Socorredme presto;


que me
mata este bárbaro tirano.


DORISTEO:
¿Quién te ha de dar favor, infame adúltera?


GERARDA:
¡Yo adúltera, señor!


BELISA:
Tened la mano. 1635


DORISTEO:
Si no mirara esa presencia noble,


el corazón
le hubiera atravesado.


FENISA:
Algún demonio revestido en celos


os debe de
mover la lengua y manos.


BELISA: No
habéis de estar aquí, por vida mía. 1640


Venid; que
os quiero hablar en mi aposento;


descansaréis
de vuestro mal conmigo.


DORISTEO:
Yo os quiero obedecer, y refe rirle,


aunque
traiga mi infamia a la memoria.


BELISA:
Pues con mi hija quedará esta dama. 1645


Vanse
BELISA y DORISTEO


40


FENISA: De
gran peligro os ha librado el cielo.


GERARDA:
¡Ay, señora!, que estoy temblando toda.


¿Dónde
me podré ir?


FENISA: No
tengáis miedo.


Contadme
vuestro mal.


GERARDA:
Sí haré, si puedo.


>Yo
soy, gallarda señora, 1650


una mujer
desdichada;


aunque
esto ya lo sabéis,


pues lo
veis en mi desgracia.


Casáronme
a mi disgusto;


en fin,
sobre estar casada 1655


de la
manera que digo,


carga el
peso de esta infamia.


Vime, sin
gusto con él,


mil veces
determinada


para
quitarme la vida. 1660


FENISA: No
digáis tal.


GERARDA:
Esto pasa.


FENISA:
Pues, por desdicha ninguna


¿dice
una mujer cristiana


que se ha
de quitar la vida?


GERARDA:
Señora, experiencia os falta. 1665


No sabéis
lo que es tener


en la mesa
y en la cama


un enemigo
de día,


y de noche
una fantasma.


Mas mi
desesperación 1670


fue en
esto medio templada


con la
vista de un mancebo,


soldado y
sol dado al alma.


Pagóme
la voluntad,


y con
obras y palabras 1675


marchamos
diez y seis meses,


llevándose
Amor las armas.


Mas como
en marchando Amor


toca la
Envidia las cajas,


oyó
el bando mi marido 1680


y los
tiros a su fama.


Comenzó
a tener sospechas;


puso un
espantajo en casa.


Busqué
medios por vecinos,


hubo
puertas y ventanas, 1685


porque
cuando quieren dos,


fácilmente
se baraja.


Mas para
abreviar, señora,


con mi
amor y mi esperanza,


no ha
faltado quien me ha dicho 1690


que el ver
mi marido en arma


hizo a
Lucindo mudar,


que así
el alférez se llama,


el alma y
el pensamiento


adonde
agora se casa 1695


41


con una
Fenisa, dicen,


a quien de
discreta alaban.


¿Conocéis
en esta calle


esta dama,
hermosa dama?


¿Sabéis
quién es por ve ntura 1700


la que mis
desdichas causa?


FENISA:
>Yo soy Fenisa, ¡ay de mí!,


engañada
de ese ingrato,


que no
sabiendo su trato,


mucho del
alma le di. 1705


>Yo soy
con quien de secreto


su
casamiento trató,


porque no
pensaba yo


tanto mal
en tal sujeto.


>Pero
pues a tiempo estoy, 1710


y mi honor
salvo, creed


que
agradezco la merced,


y que de
mano le doy.


>Hoy
con su padre me caso,


por sólo
hacerle pesar; 1715


que le
tengo de abrasar


con el
fuego en que me abraso.


>Y pues
que vos le queréis,


gozadle
por largos años.


GERARDA:
¿Que vos me hacéis tantos daños, 1720


y que vos
muerto me habéis?


>¿Que
vos os llamáis Fenisa?


FENISA:
Estad segura que ya


Lucindo
vuestro será.


GERARDA:
Mi desengaño os avisa. 1725


>Es el
hombre más traidor,


más
mudable y lisonjero


que ha
visto el mundo.


FENISA: No
quiero


más
desengaños, Amor.


>Adiós,
gustos atrevidos. 1730


¿Vuestro
nombre?


GERARDA:
Estefanía.


FENISA:
Bien su padre me decía.


No eran
sus celos fingidos.


GERARDA:
>Mirad que os ha de quitar


el honor.


FENISA:
Perded el miedo. 1735


GERARDA:
Ya, señora, que me puedo


de mi
marido librar,


>¿hay
puerta falsa?


FENISA: Sí
habrá,


si por
Lucindo salís.


GERARDA:
¡Qué bien, señora, decís! 1740


Adiós.


FENISA:
Presto; que os verá.


Vase
GERARDA y entra LUCINDO por otro lado.


42


LUCINDO:
>Con la determinación,


bella
Fenisa, de ser


en tan
dichosa ocasión


tu esposo,
y tú mi mujer, 1745


que
nombres seguros son,


>he
tenido atrevimiento


de llegar
a tu aposento,


y dejo un
coche en la calle,


que de ese
gallardo talle 1750


viene a
ser alojamiento.


>¿Qué
te suspendes? ¿Qué miras?


FENISA:
¿No quieres que me suspenda?


¿Qué
dices? ¿Burlas? ¿Deliras?


¿Con
quién hablas?


LUCINDO:
Dulce prenda 1755


del alma,
¿a qué blanco tiras?


>¿Hay
alguién con quien cumplir?


¿No
es hora ya de salir,


como
anoche concerté?


FENISA:
¿Con quién el concierto fue?


Eso me
vuelve a decir. 1760


LUCINDO:
>¿No me hablaste anoche?


FENISA:
Sí.


LUCINDO:
Lo que concertamos di.


FENISA:
Que te cases con mi madre,


pues yo lo
estoy con tu padre. 1765


LUCINDO:
¿Con tu madre? Eso fingí.


FENISA:
>Ya no puede ser fingido.


Testigos
hay que has tratado


ser de mi
madre marido.


LUCINDO:
¿Luego tú me has engañado? 1770


El engaño
tuyo ha sido.


FENISA:
>Si mi madre no te agrada,


más
señora, más honrada


que tu
dama Estefanía,


vete a
buscarla, y porfía; 1775


que es
dulce la fruta hurtada.


>Mas
guarda; que su marido


te busca.


LUCINDO:
En lo que has hablado,


celosa te
he conocido.


Sin duda
te han engañado 1780


con ese
nombre fingido.


>Mira
que te han engañado,


porque
Hernando disfrazado


ha sido la
Es tefanía.


FENISA:
Conozco tu alevosía; 1785


tarde,
Lucindo, has llegado,


>y no
me hagas perder


el
respeto; que has de ser


antes de
un hora mi padre;


que al
marido de mi madre 1790


debo por
padre tener.


43


LUCINDO:
>¿Qué dices?


FENISA: Lo
que has oído.


LUCINDO;
¿Tienes seso?


FENISA: El
que te falta.


LUCINDO: O
tú o yo le hemos perdido.


FENISA:
Eso sí, da voces, salta; 1795


que ya
vendrá mi marido.


LUCINDO:
>¿Ves cómo vine por ti,


y que como
hombre cumplí


lo que
anoche concerté?


¿Ves
cómo mujer te hallé, 1800


y no mujer
para mí?


>Goza a
mi padre, que es padre,


y es mejor
que yo en efeto,


puesto que
menos te cuadre;


que yo
seré tan discreto, 1805


que la
mujer trueque en madre;


>que
pues mi padre me envía


a
Portugal, porque tal


delito en
quererte hacía,


me pasaré
a Portugal 1810


por la
libertad, que es mía.


Vase
LUCINDO


FENISA:
>¡Ay, Dios!, detente señor,


quedaté
aquí, ten valor.


Sale
HERNANDO


HERNANDO:
¿No vio Lucindo aquí,


según
me dijo, por ti? 1815


FENISA:
Está casado mi amor.


>Lucindo
ama a Estefanía


HERNANDO:
¿Hasta acá llega el enredo


con lo mal
que yo vestía?


FENISA:
¿Qué enredo?


HERNANDO:
Decirte puedo 1820


que fui yo
esa dama un día.


FENISA:
>¿Tú esa dama?


HERNANDO;
Disfrazado


con un
manto, estuve al lado


de cierta
dama. En efeto


di celos,
y esto secreto, 1825


no sepa
que lo he contado.


>Que mi
señor la quería


antes que
os viese; y después


os juro,
señora mía,


que un
tigre a sus ojos es, 1830


aunque se
cansa y porfía;


>que
anda perdida y celosa.


FENISA:
Sin duda me han engañado.


HERNANDO:
Yo sé que no hay otra cosa


que le dé
en Madrid cuidado 1835


sino vos,
Fenisa hermosa.


>Mas
¿qué le diré?


44


FENISA: No
sé;


que viene
mi madre aquí.


Huye.


HERNANDO:
Por allí me iré.


Vase
HERNANDO. Sale BELISA


BELISA:
Ya, Fenisa, despedí 1840


aquel
hombre.


FENISA; ¿Y
cómo fue?


BELISA:
>No sé si podré, de risa,


contarte
lo que ha pasado.


FENISA; De
todo, madre, me avisa.


BELISA: De
verte se ha enamorado. 1845


FENISA:
¿Tan presto?


BELISA:
Escucha, Fenisa;


>que te
quiere por mujer.


FENISA:
¿Siendo casado?


BELISA: Es
enredo


que esta
mujer quiso hacer.


FENISA:
Que son celos tengo miedo. 1850


BELISA:
Celos debieron de ser.


>Contóme
que concertaron


que se
hiciese su marido,


porque los
dos sospecharon,


él
que su hermana ha servido, 1855


y ella que
aquí le engañaron...


FENISA:
>¿A quién?


BELISA: A
Lucindo.


FENISA:
¡Bien!


¿Que
de Lucindo son celos?


BELISA: Y
a mí me los dan también.


FENISA:
Pusieron en paz los celos 1860


su verdad
y mi desdén.


>Madre,
no estés divertida.


Después
que esta cautelosa


mujer,
falsa y atrevida,


vino sin
vida, celosa, 1865


para
quitarnos la vida,


>ha
estado Lucindo aquí


y me ha
dicho que te adora.


BELISA:
¿Es cierto?


FENISA:
Esto pasa ansí.


Pero
díceme, señora, 1870


que
hablando a su padre en ti


>le
halla muy desabrido


en que sea
tu marido,


y que es
forzoso en efeto


el casaros
de secreto. 1875


BELISA:
Siempre lo tuve entendido.


>No
quisiera el capitán


que su
hijo se casara,


porque
murmurar podrán


que el
viejo goza esa cara, 1880


y que a
Lucindo me dan.


45


>Pues
mi marido ha de ser.


FENISA: Él
dice que en tu aposento


te quiere
esta noche ver.


BELISA:
¿Qué sientes de eso?


FENISA:
¿Qué siento? 1885


¡Que
allí serás su mujer!


BELISA:
>Voy a perfumarlo todo


y que esté
con grande aseo.


FENISA:
Hazlo, madre, de ese modo.


Vase
BELISA


¡Qué
bien mis bodas rodeo, 1890


y el nuevo
engaño acomodo!


Sale
el CAPITÁN


CAPITAN:
>¿Es mi Fenisa?


FENISA:
Soy quien te desea.


FENISA: Yo
estoy, señor, también desengañada


de que no
era Lucindo el que venía


de noche a
mi ventana.


CAPITAN:
¿Qué me cuentas? 1895


FENISA:
Hoy supe que era un cierto amigo suyo;


y así,
quiero que vayas a buscarle,


y le diga
que ronde aquesta noche


la puerta
de esta casa con Hernando;


porque
anoche a las diez, por la ventana 1900


del huerto
entró el amigo que te digo,


y a la
puerta llamó de mi aposento.


Levantéme,
pensando que mi madre


venía
a visitarme, y si no cierro,


no dudes
que sucede una desgracia.


CAPITAN:
¡Hay maldad semejante! ¡Vive el cielo, 1905


que he de
ser yo quien ronde!


FENISA:
No, mis ojos;


que en ese
tiempo habéis de estar conmigo.


CAPITAN:
¿Adónde?


FENISA: En
mi aposento, de secreto.


CAPITAN:
Dadme esas manos.


FENISA:
Advertid que quiero 1910


que
vengáis muy galán y rebozado.


CAPITAN:
Quien para tanta gloria se previene,


no dudéis
que vendrá galán del todo.


FENISA:
Hablad a vuestro hijo.


CAPITAN:
El cielo os guarde.


Se
van FENISA y el CAPITÁN. Salen LUCINDO y


HERNANDO


LUCINDO:
>Volví el coche, y los amigos 1915


se
volvieron a su casa.


HERNANDO:
Pues ella toda se abrasa,


y estos
ojos son testigos...


LUCINDO:
>¿Cómo?


HERNANDO:
De celos crüeles.


46


LUCINDO:
Pues ¿de quién?


HERNANDO:
De Estefanía. 1920


LUCINDO:
¡Que esto dure todavía!


No me
aflijas, como sueles;


>que
todo nace de amor.


HERNANDO:
¡Tu padre!


LUCINDO:
No importa nada.


Sale
el CAPITÁN


CAPITAN:
Bien aprestas la jornada. 1925


LUCINDO:
Mañana me voy, señor.


CAPITAN:
>¡Bueno es eso! ¡Estás casado


con
Belisa, y vaste luego!


LUCINDO:
Eso ha sido burla y juego.


CAPITAN:
Yo sé que tomas estado; 1930


>pero
que sea o no sea,


ya te
quedarás aquí.


LUCINDO:
¿Por qué?


CAPITAN:
Porque ya entendí


quién
a Fenisa desea,


>y aún
es grande amigo tuyo. 1935


LUCINDO:
También te habrán engañado.


CAPITAN:
Ya Fenisa me ha contado


que fue
todo engaño suyo.


>Dice
que anoche pasó


por la
pared de la huerta 1940


cierta
persona incïerta,


y a su
aposento llegó;


>llamó,
salió a abrir, y viendo


el engaño,
cerró.


LUCINDO:
Extraño


hubiera
sido el engaño. 1945


CAPITAN:
Dio voces, y fuése huyendo.


>Hame
dicho que te diga


rondes
esta noche allí.


¿Haráslo
ansí?


LUCINDO:
Señor, sí;


mandármelo
tú me obliga. 1950


CAPITAN;
>Pues yo vengo muy de prisa.


Ármate,
y guárdete Dios.


Se
va el CAPITÁN


LUCINDO:
Hoy nos casamos los dos.


HERNANDO:
¿Cómo?


LUCINDO:
Ya entiendo a Fenisa.


>Quiere
que entre a su aposento 1955


por el
huerto.


HERNANDO:
Dices bien;


y que ella
estará también


allí
con el mismo intento.


>Mas
los celos la han picado;


hoy se
cumplen tus deseos. 1960


LUCINDO:
¡Por qué notables rodeos


47


a mi
remedio he llegado!


Se
van.


Sale
DORISTEO


DORISTEO:
>(¡Corrido estoy, vive Dios!


Hoy yo he
mirado a Fenisa


y mi amor
ya tiene prisa.) 1965


Salen
LUCINDO y HERNANDO y trepan por la pared.


HERNANDO.
Tened cuidado.


DORISTEO:
¿Esos dos?


>Muchas
mujeres habrá.


Pues más
gente viene ya;


que aún
no está llena la casa.


Sale
GERARDA, en hábito de hombre


LUCINDO:
Hoy mía Fenisa será. 1970


GERARDA:
>(Por ver si aquel mi enemigo


viene a
rondar por aquí,


salgo de
mi casa ansí,


con mi
amor y sin testigo.


>No
creo que me he engañado; 1975


¡Que
veo! Lucindo será


el que en
esta esquina está.


¡A
qué buen tiempo he llegado!)


>¿Eres
tú, crüel?


DORISTEO:
¿Quién va?


GERARDA:
Yo soy, Lucindo.


DORISTEO:
¿Quién?


GERARDA:
Yo. 1980


DORISTEO:
¿Mi Gerarda?


GERARDA:
Tuya, no;


de
Doristeo soy ya.


DORISTEO:
>Yo soy ese Doristeo.


GERARDA:
¡Tú! Pues ¿qué buscas aquí?


DORISTEO:
A ti te busco.


GERARDA:
¡Tú a mí! 1985


DORISTEO:
Por un asunto muy feo.


>Tú
por Lucindo venías,


y yo por
Fenisa llego.


GERARDA:
Mi amor peligra.


DORISTEO:
Eso luego.


Hoy
habemos sido espías. 1990


>Mas
mira ¡qué cosa aquésta!


Dos
hombres tienen allá.


GERARDA:
¿Dos hombres?


DORISTEO:
Y aun treinta habrá.


GERARDA:
¡A fe que es Fenisa honesta!


>Llama
con una invención, 1995


para que
quién son sepamos.


DORISTEO:
Fuego, que hay fuego digamos.


GERARDA: Y
no con poca razón.


48


>¡Fuego,
fuego!


DORISTEO:
¡Fuego, fuego!


Salen
BELISA, y luego, FENISA y LUCINDO


BELISA:
¡Fuego en mi casa! ¡Ah, crïados! 2000


DORISTEO:
¡Fuego!


BELISA:
¡Ah, vecinos honrados!


¡Fenisa,
levanta luego!


FENISA:
>¡Fuego, madre!


DORISTEO:
Que se abrasa


la casa.


LUCINDO:
Luces de presto.


Sale
el CAPITÁN, HERNANDO y los demás


CAPITAN:
¿Fuego en la casa?


BELISA:
¿Qué es esto? 2005


LUCINDO:
¿Fuego en casa?


FENISA:
¿Fuego en casa?


HERNANDO:
>¿Dónde, señor, está el fuego?


GERARDA:
Entre vosotros está;


pero nadie
lo verá,


estando el
honor tan ciego. 2010


>¿Dentro
de una casa honrada


de una
mujer como vos,


hay dos
hombres?


DORISTEO:
¿Cómo dos?


Y más.


HERNANDO:
¡Hermosa empanada!


BELISA:
>Yo con mi marido estoy. 2015


CAPITAN: Y
yo estoy con mi mujer.


BELISA:
Otro pensé yo tener.


CAPITAN;
De otra que aborrezco soy.


BELISA:
>¿Cómo es aquesto, Fenisa?


FENISA:
Con Lucindo me he casado. 2020


BELISA:
Pues ¿cómo me has engañado?


Mas ya lo
dice tu risa.


CAPITAN:
>Di, Lucindo, ¿a un padre noble


los buenos
hijos engañan?


LUCINDO:
Señor, yo adoro a Fenisa, 2025


y ella,
como ves, me paga.


Cuanto
contigo trató


son
enredos que buscaba


para
casarse conmigo.


Los que
presentes se hallan 2030


aunque mis
contrarios sean,


juzguen,
señor, nuestra causa.


¿No
es mejor que el padre mío,


con esta
señora honrada,


que es
madre de mi mujer, 2035


se case,
pues que se igualan


en méritos
y en edad,


y que como
nuestras almas,


49


los dos
juntemos los pechos?


Habla, y
perdona Gerarda. 2040


GERARDA:
Aunque celosa venía,


la razón,
Lucindo, es tanta,


digo que
tu padre sea


de Belisa,
y que esta dama


te goce,
amén, muchos años. 2045


DORISTEO:
La sentencia está bien dada,


y yo la
confirmo.


HERNADO: Y
yo.


LUCINDO:
Dame esa mano.


FENISA: Y
el alma.


CAPITAN:
Dadme vos también la vuestra.


BELISA:
Dais honra y remedio a entrambas. 2050


HERNANDO:
(Para tan viejo rocín


cualquier
silla le basta).


GERARDA:
¿Me acompañaréis señor?


DORISTEO:
Os llevaré a vuestra casa.


CAPITAN:
Hernando, avisa en la mía 2055


que allá
cenan estas damas.


HERNANDO:
Para en uno sois, por Dios.


LUCINDO:
Si es para muchos la farsa,


mi amor lo
diga, y dé fin


la
discreta enamorada. 2060





FIN DE
LA COMEDIA









































































viernes 5 de septiembre de 2008

¡Nos mudamos!

Ya llevaba tiempo pensando en ellos y al fin me he decidido a hacerlo. Me está llevando algún trabajo pero lo esencial ya está hecho: he ido empujando La Grúa poco a poco -que la cabeza sirva para mochar por lo menos- hasta Wordpress. A partir de ahora la nueva dirección de La Grúa de Piedra es:


Allí os espero. Cambiad la dirección en la carpeta de favoritos, apuntadla en la agenda, avisad a las autoridades, tranquilizad a las masas, haced lo posible para que no cunda el pánico.
Cuento con vosotros.

Me he llevado al nuevo barrio todas las entradas de la vieja Grúa (bueno, confío en ello, porque a algunas que no se dejaban exportar por las buenas las he exportado yo por las malas de una en una), así que espero que no se haya perdido nada, pero si alguien echa algo de menos que me avise. 
Ahora estoy organizando las entradas en categorías, y como no sé hacerlo de otra forma que entrada por entrada lo iré haciendo poco a poco. El formato que he escogido en Worpress me parece bastante adecuado, en la línea del que ya tenía en Blogger: con predominio del texto y favoreciendo la legibilidad pero con un cierto apoyo visual que lo haga agradable. De todas formas iré probando otros formatos a ver qué tal.
En fin, me perdonaréis las indecisiones y torpezas de los días que vienen, hasta que me acostumbre del todo a la nueva plataforma. Por lo demás, La Grúa sigue con sus contenidos de siempre y con nuevos relatos, poemas, nuevos bríos... (a mí es que los principios de curso me ponen). He conservado el nombre del blog y he rescatado una cabecera que fue portada durante un tiempo, todo ello para no despistar.

Y ya que hablamos de ponerse, voy a aprovechar para ponerme sentimental:

Ya os lo he dicho alguna vez, pero vosotros -con firma o sin ella, con vuestras críticas o vuestros elogios, con vuestra participación o vuestra simple lectura- sois lo mejor del blog.

Muchísimas gracias a todos.


El sueño. Juan Yanes

El espejo falso. René Magritte

Algunos cuentos de Juan Yanes contienen mundos, y eso es precisamente lo mejor que se puede decir de un cuento. Si un cuento es un resumen del Universo en pocas palabras, entonces su autor ha disparado la flecha y ha acertado en el centro de la diana. Valga este ejemplo:

Me desperté en un lugar del sueño que no era el lugar desde el que soñaba. Yo sabía que estaba despierto dentro de un sueño y que por lo tanto debía dormirme otra vez e intentar buscar la salida, el camino de retorno. Quería dormirme y buscaba, pero no encontraba la forma de salir. Poco a poco me fui dando cuenta de que aquel sueño era la muerte. Me había muerto en el transcurso del sueño originario. Este sueño, el de la muerte no tenía posibilidad alguna de escapatoria. Ahora, cada vez que despierto, despierto en un lugar diferente de ese sueño sin límites.

Pero además Juan Yanes es el responsable de Máquina de coser palabras, un blog fabuloso en el que se puede encontrar la antología más completa de microrrelatos, hiperbreves, minicuentos o como los queráis llamar. Los profesores tienen allí a su disposición una verdadera mina de textos para trabajar en clase, y los felices y despreocupados lectores cuya única intención sea la de disfrutar con la lectura también tienen asegurado el vicio para un buen rato.

jueves 4 de septiembre de 2008

La araña. Miriam Estrada Medina

Turistas bajo la araña de Louis Bourgeois. Fotografía de Ángel Ruiz de Azua

Con el cuento que publicamos a continuación ganó la poetisa cubana Miriam Estrada Medina el concurso internacional de minicuentos El Dinosaurio:

Cuando la araña descubrió que tejer no era su vocación, decidió vender el hilo. Compraría los insectos y, aun así, tendría como ganancia todo el tiempo del mundo para disfrutarlos.

Se puede leer la noticia entera aquí.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Poison. Robert Nye

Laberinto. Krotova Svetlana

Sé de un veneno dulce y rápido
Como el dardo de Cupido:
Una sola gota puede ser suficiente
Para frenar al corazón.
Ni la belladona, ni el acónito, ni el opio,
Ni sales de plomo
Consiguen lo que esta poción
Dentro de la cabeza.
Nada se ha comprobado contra su poder
Morimos demasiado pronto
Amor, pero no hay antídoto
Contra la luna.

Traducción de Imanol Gómez

martes 2 de septiembre de 2008

City paradise. Gaëlle Denis

A través del blog Contando estrelas encuentro este vídeo, y aquí lo traigo por su narratividad no convencional y su ambiente fantástico, que me han llamado la atención:

lunes 1 de septiembre de 2008

Espejismos. Miguel Ibáñez

Estudio de paisaje marino con una nube de lluvia. John Constable


En la mañana cálida de agosto
la luz y la neblina trazan islas
de perfil impreciso sobre el mar.
Desde la playa vemos otras playas,
vislumbramos las costas, las bahías,
las tierras no pisadas, la espesura
de los bosques de nubes, y añoramos
los paisajes que no hemos conocido.
Cuando el sol desmorona el espejismo
ya es demasiado tarde: ya tenemos
herida la memoria para siempre,
¿pues quién, después de haber visto el milagro
de la fugacidad y la belleza
podrá volverse atrás, vivir, morir
como si nada hubiera presenciado?

domingo 31 de agosto de 2008

También la Iglesia estuvo allí. Ángel Camino Lamelas

Crucifixión blanca. Marc Chagall

La Alianza Evangélica Española ha protestado por el funeral católico que se va a oficiar por las víctimas del accidente de aviación. Supongo que tienen razón: en un estado laico no debería haber religiones oficiales, o si acaso todas deberían tener un reconocimiento oficial. Pero sea como sea yo prefiero traer aquí testimonios como el del padre Ángel Camino Lamelas, agustino, que hoy escribe este artículo en El Diario Montañés.

Se podrá disentir de la teología católica en algún punto o en muchos, se puede no estar de acuerdo con su concepto de funeral por los muertos, con el Purgatorio, con lo que se quiera, pero a ver quién se atreve a decir que Dios no estuvo también allí, con este cura y con los familiares de las víctimas:

Todos los veranos acudo a Santander. Es una cita más que obligada por raíces, por familia y por todo el entorno natural. Varias veces me he asomado a las páginas de este periódico para transmitir mis vivencias, la mayoría de ellas muy alegres. Hoy lo hago de nuevo pero por un motivo bien distinto. El accidente aéreo del pasado 20 de agosto en Barajas-Madrid con 154 fallecidos y una veintena de heridos lo he vivido en primera persona como respuesta a la petición de ayuda que hizo el Arzobispado de Madrid a los sacerdotes. Yo era uno de ellos pues como agustino me encuentro de Párroco en Santa Ana y la Esperanza del Barrio de Moratalaz. Igual que en el 11-M acudí de inmediato como tantas otras personas y organismos de todos conocidos. También los sacerdotes. Después de seis días al lado de las familias de las víctimas me parece oportuno compartir con otros muchos la experiencia vivida y así conocer otra cara más oculta.
Prefiero hacerlo desde la cercanía y la sucesión natural de los días. Me hice presente los dos primeros, 20 y 21, en el IFEMA y los cuatro siguientes, 22, 23, 24 y 25 en el Hotel Auditórium.

El 21 celebramos la Eucaristía a las 11,30 de la mañana en una sala de IFEMA. La presidió Don César Franco, Obispo Auxiliar de Madrid y Don Francisco Cases, Obispo de Canarias con unos 20 sacerdotes. El Sr. Cardenal Don Antonio Maria Rouco Varela nos llamó minutos antes de la celebración desde Alemania para asegurarnos su unidad más estrecha. Participaron unos 150 familiares de las víctimas. Don César transmitió un mensaje muy profundo de esperanza cristiana junto con los sentimientos que el mismo Jesús tuvo frente a la muerte de sus amigos y otras descritas en el Evangelio. Ya me sorprendió allí mismo, a menos de 24 horas, la entereza, resignación y fortaleza cristiana de muchos de los presentes.

Justo cuando terminó la Misa, y no pudiéndose celebrar otra por motivos de organización, llegó una familia de 15 miembros que habían perdido a cinco (la hija, el yerno y los 3 nietos). Querían tener "el consuelo de Dios" en palabras textuales de la madre; el contacto con "algo sagrado". Me hice cargo de esta familia, buscamos un lugar y tuvimos una celebración de la Palabra con lecturas de la Biblia, oraciones y peticiones. Quedaron muy reconfortados. A esta familia les reencontré después de cuatro días con la "satisfacción" de haber identificado a los cinco. ¿Qué lección!: tuvieron tiempo para llamar desde el avión que les trasladaba a Canarias con sus difuntos para agradecer nuestra cercanía y cuanto habíamos rezado por ellos en esos días.

El 22 ya fui directamente al Hotel Auditórium. El largo pasillo estaba repleto de familiares. Imposible saludar a todos. He avanzado lentamente saludando a cada grupo familiar, en general numeroso, y sentándome con ellos el tiempo que fuera necesario aún en detrimento del resto. Este ha sido un capítulo precioso donde yo mismo he sido el primer edificado. No pretendo relatar todos los casos. Sí algunos brevemente. Un padre de familia me dice: "tengo 3 hijos; dos varones en Madrid y la chica de 34 años en Canarias. Cuando he salido de Canarias hacia Madrid no sabía cómo estaba mi hija, si viva o muerta. Puedo decirle P. Ángel que las dos horas del viaje las he hecho en la más profunda unión con Dios, pidiendo que si es su Voluntad la encontrara viva; ni siquiera me di cuenta de la persona que iba a mi lado. Nada más llegar a Barajas me comunican que me hija había partido definitivamente. Se la he ofrecido al Señor. Es muy doloroso pero por algo Dios permite las cosas". Con un apretón de manos nos hemos despedido hasta el invierno; se quiere trasladar a Madrid y verme a la Parroquia. Creo que han identificado a su hija. No volví a encontrarme con él.

Un matrimonio me comenta "queremos recordar a nuestro hijo como el hombre para los demás. Vivía pendiente de todos, especialmente de los más pobres. A finales de junio nos dice: madre cuando puedas ponme una manta en la cama. Había cogido la suya para dársela a unos inmigrantes llegados al pueblo en la más absoluta pobreza". La madre se desahoga hablando de su hijo. Cuando vuelvo al día siguiente la encuentro en el pasillo y exclama delante de todos "¿el Padre Ángel!" y me da un abrazo. Se acerca la hija y me dice "no sabe cuánto le ha ayudado a mi madre la conversación que tuvo con usted ayer; estaba deseando verle de nuevo y pensó que ya no vendría". Hemos prolongado nuestro encuentro un buen rato.

Sentados en un grupo, una madre que había perdido al hijo, la nuera y la nieta me dice, "Padre: Dios es injusto, se ha portado muy mal, nos ha olvidado". No me ha parecido oportuno darle una respuesta en ese momento; sólo la he escuchado en profundo silencio haciendo mío su dolor. La conversación ha continuado. A los pocos minutos retoma la palabra la madre y me dice: "Padre, no se crea todo lo que he dicho antes. Soy creyente. Perdone. Creo en Dios. Me cuesta mucho aceptarlo y por tercera vez "creo en Dios".

No todos eran creyentes pero ninguno ha rechazado el saludo. A varios con un apretón de manos les decía "la Iglesia en España reza por vosotros". Algunos estaban como aturdidos pero acogían esos gestos y palabras con sorpresa y agradecimiento.

Con varias familias simplemente me he sentado y les he escuchado sus relatos; en algunos casos ha sido acompañar en silencio sus inconsolables lágrimas. La impotencia humana era superada con la lógica de la oración y visión cristiana de la vida. Luego cuántas historias personales e incluso confidenciales. Había tiempo para todo.

Pasados tres días he encontrado a la familia del primer día. ¿Cuánto lo han agradecido! De los cuatro han identificado a la madre. Queda el esposo y los dos hijos. Me dice el padre: "les incineramos en Madrid. Si puede acompáñenos en ese momento". Sin lugar a dudas.

He visto mucho dolor pero no desesperación. He visto a las familias muy unidas. Casi todas las familias formaban una piña: esposos, padres, abuelos, suegros, hermanos, cuñados, tíos, primos, amigos... Se ve que en España el valor de la familia todavía es algo sagrado.

Estos días muchas familias me han dado un verdadero ejemplo. Siempre que pase por ese punto lo recordaré como un lugar donde Dios ha estado presente. Ha sido muy emocionante. Ha sido llevar a las familias la presencia de Jesús. Jesús que se acercaba a los enfermos. Jesús en vida no curó todos los enfermos ni resucitó a todos los muertos pero Jesús estaba al lado del dolor.

Luego llegando a la Parroquia y, celebrando la Eucaristía de mañana y tarde, comentaba la experiencia diaria a los parroquianos y rezábamos juntos con mucha fe por todos los afectados. Esta oración se sigue repitiendo todos los días hasta que se identifique la última víctima porque hay mucho dolor en las familias y les queremos apoyar con la oración. La red de oraciones creadas en Madrid y en toda España es una realidad. Cuando he despedido a una familia entrañable por su entereza, me parecían actualísimas y como referidas a ellas las lecturas del día. Decía San Pablo a los Tesalonicenses:

"Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente y vuestro amor sigue aumentando".

"Nos mostramos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las luchas que sostenéis".

¿Casualidad? En absoluto. Sí; podemos estar orgullosos de estos hermanos nuestros. Un Guardia Civil me llegó a comentar: "Padre cuánta gente buena hay aquí". Le contesté: ¿ya lo creo! Yo lo había experimentado; el bien existe y no hace ruido; algunos son héroes. Descansen en paz las víctimas. Recobren la salud los heridos. Los familiares experimenten el consuelo que solo Dios puede dar y quede grabado el testimonio elocuente y ejemplar que nos han ofrecido. Esto sí que ha sido una lección.

Ángel Camino Lamelas es agustino, prior y párroco de la Parroquia de Santa Ana y la Esperanza (Moratalaz-Madrid)